Más de lo mismo, o cuando la solución es el problema

¿Nunca os ha pasado que intentáis hacer una cosa pero nunca la hacéis como es debido? ¿Nunca habéis intentado resolver un problema haciendo siempre lo mismo esperando a que hubiera un resultado distinto a lo que pasa siempre?

Normalmente, cuando se nos plantan delante una serie de problemáticas o conflictos solemos actuar como ya lo habíamos hecho en anteriores situaciones para resolver-lo… y, generalmente, nos funciona. De hecho, hay muchas situaciones cuotidianas en las que “más de lo mismo” puede ser precisamente la solución del problema: “¿vas suspender el examen y tienes que ir a recuperación? Estudia más “,” ¿Tienes más hambre? Come otro plato”,” ¿No tienes suficiente dinero para ir de viaje? Haz horas extras”, y así podríamos seguir con una larga lista.

El tema sobre el que este texto intenta hacer reflexionar es acerca de aquellas situaciones, temas e incluso momentos en los que la solución no reside en hacer más de lo mismo; es más, seguir con esta política no sólo no soluciona el problema, sino que lo agrava.

De seguro que, en el día a día, te has obsesionado en una idea, lo has intentado una y otra vez y… ¿para qué? No sólo no has alcanzado el objetivo, sino que además has acabado harto, cansado, frustrado. Si esto también afectaba a otra persona, acabas enfadándote con ella o incluso termina considerándote un pesado. En la psicología, este hecho nos llega a consulta cuándo ya se ha transformado en un conflicto abierto y directo, donde el malestar está presente en todos los miembros de la familia y, generalmente, las personas están bastante quemadas de la problemática. Y este hecho ha llegado al extremo precisamente porque han utilizado la estrategia “más de lo mismo” una y otra vez, sin ser capaces de cambiar de método.

Haciendo siempre lo mismo tendemos a repetir siempre los mismos errores

Ponemos por caso el típico ejemplo del niño problemático, que hace la rabieta y los padres responden castigandolo a la habitación. Esta situación no sólo no resuelve el problema, sino que todavía genera más rabia al niño e incrementa los gritos y las exigencias. Los padres responden a este aumento de la rabia con un castigo aún más severo, como privando al niño de ver la televisión después de cenar. El niño ya se ha enfadado hasta los límites, tirando cosas por el suelo y diciendo palabras groseras o golpenado la pared. Aquí es donde los padres también se enfadan y obligan al niño a parar con un tono de voz muy alto o incluso algún coscorrón para que “deje de hacer el burro”. Y, después de eso, el niño sigue enfadado, los padres se sienten culpables y el niño ni ha terminado en la habitación ni se ha quedado sin televisión… ¿qué ha pasado aquí? ¿Qué es lo que ha fallado? Simple: haciendo más de lo mismo, la solución se ha vuelto un problema.

En este caso en concreto, los padres saben por experiencia que el castigo es una herramienta útil en la hora de regular el comportamiento de su hijo, por lo que han seguido esta lógica en cada momento en que el niño hacía justo lo contrario de lo que se le pedía. Esto ha generado una escalada de acciones y emociones negativas, de modo que el sistema familiar se ha ido radicalizando: por parte del niño, hemos empezado con una rabieta y acabó tirando y rompiendo cosas por el suelo. Por parte de los padres, han pasado de castigarlo un rato en la habitación en llegar a pegar y gritar al niño… es decir, la rabieta del niño se resuleve con más castigo no ha hecho de solución, ha provocado nuevos problemas.

¿Cómo resolver esta situación? Hay varias alternativas: los padres podrían calmar la rabieta del niño haciéndole un poco de caso, podrían haberle preguntado qué pasaba o qué necesitaba, podrían haber empezado a jugar con él para distraerlo de lo que quería o incluso, dependen de la edad, se podrían haber sentado con él y hablar de lo que le pasa para llegar a una solución nueva. De alternativas, siempre hay muchas… pero muy a menudo vamos con “piloto automático” y reaccionamos sin pensar a partir de nuestros propios esquemas mentales.

Espero que este pequeño texto os haya permitido pensar y reflexionar un poco acerca del modo en que soléis enfocar y resolver los problemas, hasta que punto repetimos acciones y patrones de comportamiento intentando solucionar una situación para terminar empeorándola aún más. Ser conscientes de ello es el primer paso para cambiar y empezar soluciones nuevas: ¡que no nos pase cómo en la imagen de arriba! Si siempre haces lo mismo, sólo obtendrás lo que ya tienes. Si deseas algo nuevo, hay que hacer cosas distintas.

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