La plasticidad cerebral

El cerebro es un órgano increíble. En anteriores post hemos hablado de su estructura biológica y también de su funcionamiento a nivel de automatización. En este trataremos a una de sus características orgánicas más importantes: la plasticidad cerebral.

Nos referimos a la  plasticidad cerebral como aquella  capacidad del sistema nervioso para cambiar su estructura y su funcionamiento a lo largo de su vida, como reacción a la diversidad del entorno. También es entendida como la capacidad de las células nerviosas para regenerarse anatómica y funcionalmente como consecuencia de estimulaciones ambientales.

Dicho en otras palabras, la plasticidad es la habilidad que tiene el cerebro a modificar parte de su capacidad y funcionamiento según las necesidades del entorno, permitiendo a todo el sistema nervioso del cuerpo que se adapte a las necesidades bilógicas de cada sujeto y contexto.

La plasticidad cerebral es la responsable de que ningún cerebro sea igual a otro, de que cada persona reaccione de forma distinta ante una misma situación y de que cada individuo tenga sus propios conocimientos y habilidades. Por si fuera poco, esta capacidad tiene momentos puntuales de desarrollo dónde durante determinadas etapas permite la adquisición de aprendizajes complejos.

Al entrenar nuestro cerebro conseguimos que sea más resistente, rápido y más fuerte  

Por ejemplo, se sabe que hay un periodo de edad en la infancia situado entre los 8-9 meses y los 14-16 meses que es el momento clave en el desarrollo de los seres humanos para aprender a hablar la lengua materna. Antes de este periodo, el cerebro no tiene la suficiencia madurez como para asimilar toda la información; por otra parte, si no ha habido la estimulación ambiental necesaria durante intervalo el cerebro pierde gran parte de su capacidad de aprendizaje de los códigos comunicativos y de las normas estructurales propias del lenguaje, dando pie a futuros adultos que a duras penas serán capaces de hablar.

En conclusión, el cerebro adapta, en parte, su estructura y enlaces neuronales a los estímulos ambientales. Es por eso que las personas que viven más experiencias, que hacen deporte activamente, que han estudiado más cosas o han aprendido de distintos campos del conocimiento tienen redes neuronales más extensas, más ramificadas y más densas. Eso incrementa las habilidades mentales cómo la inteligencia, la memoria o los procesos ejecutivos, además de que previene de trastornos neurodegenerativos tales como las demencias, las amnesias por la edad o trastornos psicomotores como el Parkinson.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

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