Los psicólogos no analizamos

No importa donde esté, lo que estuviera haciendo en ese momento o el tipo de persona con la que hablaba: siempre que les digo que soy psicólogo su rostro cambia de gesto y sueltan la frase“no me psicoanalices” con una sonrisa entre los labios.

Sé que se trata de una situación en modo de broma, sin ninguna malicia, y comprendo que haya esta visión cultural acerca de nuestra profesión. La verdad sea dicha, los propios psicólogos solemos alimentar esta idea con nuestros discursos y métodos de trabajo… pero lo cierto es que los psicólogos no analizamos. Y voy a contaros el porqué.

Los únicos psicólogos que psicoanalizan (si es que lo hacen) son los profesionales de la rama del psicoanálisis, que en el post El psicoanalisi no equivale a psicología ya especifique que son un pequeño grupo dentro de toda la psicología y cuándo lo hacen se basan enteramente en la interpretación de sus pruebas evaluativas.

El resto de psicólogos no analizamos: observamos. Observar implica estar atento al lenguaje verbal y no verbal de la persona, ver su estado de ánimo para intentar comprender qué es lo que nos está tratando de decir y los motivos que le llevan a contarnos estos datos mientras mostramos interés y respeto por lo que nos cuenta la persona (en psicología, esta metodología recibe el nombre de escucha activa). En cambio, analizar conlleva a ir un paso más allá, estableciendo relaciones de causa-efecto sobre lo que nos cuenta, implicando una carga de juicio moral por parte de la persona que hace el análisis y, lo que es peor, reuniendo la información para provecho personal en vez de querer usarla para ayudar a la persona.

 

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El análisis psicológico y la observación psicológica son dos cosas muy distintas

Para clarificar la diferencia entre observar y analizar voy a poner un ejemplo muy común en nuestra sociedad: los/las marujas. Las personas marujas observan lo que quieren, analizan la información como más les conviene y el uso que suelen hacer de esta información queda muy lejos de tener objetivos altruistas hacia sus prójimos.

Son un perfecto ejemplo de lo que nunca, jamás y bajo ningún concepto debemos hacer los psicólogos en nuestras prácticas profesionales. Reúnen la información desde terceras personas y rumores, no se molestan en contrastar estos datos y cuentan sus propias conclusiones a todo el mundo sin preocuparse de las consecuencias que estas acciones pueden implicar para la persona en cuestión.

Los psicólogos podemos analizar datos, evaluaciones o pruebas estadísticas pero nunca debemos analizar a personas. Tenemos el código deontológico especificándonos que en ningún momento debemos juzgar a las personas por lo que nos cuentan, que no usemos su información para nuestro propio uso personal y, sin pruebas empíricas previas, nunca debemos establecer pautas causa-efecto más allá del razonamiento puramente teórico. Cualquier práctica profesional que hiciera esto pondría en peligro la confidencialidad de su paciente, además de realizar una mala praxis científica y vulnerar el código ético de la escuela de psicólogos.

Espero que con este texto haya conseguido cambiar, aunque sea levemente, la visión general que envuelve nuestra profesión. Trabajamos con personas que están sufriendo, con dificultades y en situaciones personales duras… ¿Realmente es necesario analizarlas? En mi opinión, lo que es necesario es recoger los datos que necesitamos mediante la observación para poder ayudar adecuadamente a estas personas.

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