La muerte en nuestra sociedad

El sexo y la muerte han sido y son temas tabú en numerosas sociedades des de hace mucho tiempo: la temida pregunta “de donde vienen los niños” o la historia de la cigüeña son ejemplo emblemáticos de lo difícil que resulta hablar de estos temas. Y, aunque últimamente la sexualidad ha ido perdiendo estatus de tema prohibido, sigue habiendo un gran miedo a tratar de la muerte, especialmente a los más pequeños de la casa.

¿Por qué hablar de un tema como ese en un post de ciencia? Muy simple: si la muerte no se vive de forma natural y sin tabúes, se generar disonancias cognitivas que puede terminar por generar alguna problemática psicológica.

Tanto el de duelo como el duelo patológico son dos procesos mentales básicos en psicología y demasiado a menudo nos encontramos con problemas derivados de una mala lectura de estas situaciones vitales.

De todos modos, este post es una reflexión personal acerca del modo en que tratamos la muerte en nuestra sociedad, no uno sobre las patologías mentales relacionadas con el duelo. Mi intención es hacer pensar al lector si lo que describo en este texto es cierto, si le he ayudado a ver la realidad de una forma un poco distinta y si se ve capaz de hablar de la muerte sin miedos ni tabúes.

Empecemos por lo básico: ¿qué es la muerte? Por definición, es un efecto terminal que resulta de la extinción del proceso homeostático en un ser vivo. Dicho así no se entendiendo nada, ¿verdad? Lo importante de esta definición es que a nosotros no nos preocupa la muerte como tema general… más bien nos inquieta el fallecimiento de nuestros seres queridos o el nuestro propio.

Muchas especies no tienen consciencia de sí mismos de modo que no saben que están vivos y, por lo tanto, ignoran que algún día morirán. En este sentido, nuestra especie tiene la suerte/desgracia de saber que su propia existencia tendrá un final y este mismo conocimiento nos impulsa a levantarnos cada día de la cama, a hacer cosas… porque sabes que  llegará un  momento en el que no podrás hacerlo.

Vivimos en una sociedad dónde se tiene miedo a la muerte: no en el sentido genérico (no nos quedamos encerrados en casa por temor a que nos pase algo) sino más bien en una negación hacía ella. Se persigue una juventud eterna, dónde siempre somos fuertes, vigorosos y se niega la muerte, incluso a nuestros seres queridos.

La muerte es vista como algo lúgubre y aterrador, como si ignorándola pudiésemos escapar de ella

Esta situación es irónica ya que hasta ahora nunca habíamos visto una cantidad tan enorme de muerte, violencia y destrucción. Basta con abrir el televisor y mirar que ponen en su programación: ya sea por las noticias, las series o por películas, nuestra sociedad se ha vuelto una enorme consumidora de asesinatos y de gente muriéndose (y ni siquiera hablaremos de Internet, ya que podríamos dedicar varias páginas a su contenido violento).

Por una parte vemos muchas muertes, hasta el punto de haber desarrollado cierta desensibilizad hacia este tema (admitámoslo, vemos la crueldad de la guerra y el terrorismo mientras comemos y ni siquiera nos inquietamos), pero por el otro lado vivimos en un estado continuo de negación hacia la muerte. No es únicamente que la gente no hable de la muerte sino que se vive como si no existiera. Las personas siempre tenemos que estar sanas, guapas, fuertes y jóvenes. Los famosos se someten a innumerables operaciones estéticas para burlar la edad, es de mala educación  preguntar por la edad de otra persona, ser abuelo está mal visto,…

Se protege a los niños pequeños de la muerte de un familiar diciendo “el abuelo se ha quedado dormido”, “se ha ido a un sitio donde es muy feliz” porque tenemos integrado dentro de nuestra cultura que estar muerto es algo malo, que se tiene que evitar y fingir que no existe.

¿Cuantas veces has querido hablar de la muerte con una persona cercana y no lo has hecho porque “daba corte”? ¿No se te hace muy difícil intentar ayudar a un amigo que ha perdido a un ser querido, simplemente porque no sabes ni cómo abrir el tema?

Os invito a pensar en todo esto. Le tenemos miedo a la muerte y por eso la negamos… pero creo que es por desconocimiento, porque no sabemos que hay “más allá” (o si hay algo) y, sobretodo, tenemos miedo al dolor, a la perdida.

Todo esto es completamente natural y normal. Precisamente por esto deberíamos ser capaces de tratar la muerte con naturalidad y tranquilidad, hablar de ella con respeto pero sin miedos que bloquean una buena charla, ayudarnos unos a los otros como en cualquier otra situación. Aceptar que envejecemos y que esto es bueno, entender que forma parte de nuestras vidas y que negarla no evitará nada.

Espero que esta reflexión haya ayudado en cambiar, aunque sea un poco, el modo de ver y entender este tema; sin miedo se vive más feliz y esto es lo que realmente importa.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

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