La farmacocinética y las vías de administración

Como ya dijimos en Introducción a la psicofarmacología, recetar y dar medicación nunca resulta tan sencillo como aparenta. Como veremos a continuación, tener en cuenta la farmacocinética, las vías de administración y la distribución del fármaco resulta algo básico para garantizar los efectos positivos de una terapia basada en los medicamentos.

La farmacocinética es el modo como el organismo trata a un fármaco, así como la parte de la farmacología que estudia los procesos de absorción, distribución y biotransformación:

– La absorción es el proceso por el que un fármaco llega a la sangre (la sangre es el medio de transporte para llegar al encéfalo).
– La distribución es, como su nombre indica, el transporte y reparto por cuerpo del psicofármaco.
– La biotransformación es la metabolización y excreción de los fármacos y de sus metabolitos; el metabolismo del fármaco (donde llega y como efecto) y su excreción. También es relevante saber si los metabolitos son activos o pasivos (depende la vida del fármaco).

Por su parte, las vías de administración se suelen clasificar por:

Vía oral: el fármaco se ha de disolver el estómago antes de pasar a la sangre. Depende de unos factores locales (mecánicos del aparato) y características del fármaco.
Vía intramuscular: “Inyección el culo”, Algunos fármacos (con sus características) tienen una absorción y distribución más alta. Más peligrosa por los efectos secundarios.
Vía intravenosa: pasa lo mismo que el muscular, pero más rápido tanto en lo positivo como el negativo.
• Otros: por ejemplo, la vía rectal.

Y, finalmente, tenemos en cuenta la distribución del fármaco, que Se relaciona con su capacidad de disolverse libre en la sangre o de unirse a las proteínas circulantes en el plasma, que es el canal de transporte de la sangre. Principalmente solemos distinguir entre dos tipos de fármaco:

– El fármaco libre
– El fármaco circulante (unido a las proteínas)

Sólo es activo el fármaco libre, que actúa sobre el sustrato. El fármaco libre llega al receptor y, por ello, aumentar la dosis no aumenta su eficacia. Por ejemplo, si hay 10 receptores, el organismo solo será capaz de absorber 10 fármacos… de modo que si nos tomamos 20 fármacos de los que solo disponemos 10 receptores empezaran a aparecer los efectos secundarios, porque ¡los receptores ya están saturados! Y No pueden recibir más: No se puede captar más dosis aunque duplicásemos el fármaco, pero los efectos secundarios SI que se duplican (por eso hay la típica norma de “una pastilla cada 8 horas”)

El volumen de distribución, que es una medida del volumen del organismo en el que se nos dice cuánto fármaco se puede disolver y que depende de características del sujeto (por ejemplo, el peso, la edad, la talla, el sexo -por temas hormonales-, etc.) y la biotransformación, que define el proceso de metabolización y excreción (eliminación) de un fármaco, acaban determinando cantidad de tiempo que se tarda en eliminar el fármaco de un organismo vivo.

Muchos fármacos se eliminan por el hígado o los riñones, pero una pequeña proporción también se expulsan del cuerpo a partir de la saliva, el sudor, la leche materna, las lágrimas… dada la importancia del hígado y el riñón en la biotransformación de los fármacos, es obvio que en casos de alteración de la función apática o renal repercutirá en la biotransformación del fármaco del que se deberá ajustado la dosis (de cara a los efectos secundarios).

Esta es la corba de los efectos de los psicofarmacos

Es por este motivo que resulta difícil dar determinados medicamentos a aquellas personas con problemas en estos órganos: los fármacos no solamente serian inútiles (el cuerpo no los podría absorber adecuadamente), sino que además estaríamos forzando precisamente a las partes del organismo que estamos tratando de ayudar.

Todos estos detalles altamente importantes y, para verlos de un modo más clarificador, vamos a usar un ejemplo: tenemos, ante nosotros, una persona en la fase aguda de su trastorno de esquizofrenia. Ante una situación así, lo prioritario es estabilizar su estado anímico y garantizar su propia seguridad física y la de las personas de su entorno… por lo tanto, el mejor modo de conseguir esto es subministrar-le un psicofármaco psicótico. Pero claro, al estar en su fase aguda, debemos dar-le una dosis más bien alta ¿Qué es mejor, la vía oral o la intravenosa?  ¿Si nos pasamos de dosis qué podría llegar a pasar?

La medicación y los fármacos son una herramienta de incalculable valor, que nos ayuda a conseguir una vida más simple y saludable, pero precisamente por su impacto es necesario que consigamos controlar al máximo sus efectos (tanto positivos como negativos).

Saludos y hasta la próxima

Jaume Jubany

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