Novas y supernovas

Una supernova tiene tal nombre ya que, en la antigüedad, se veía una estrella “nueva” donde antes no había ninguna (nova). El prefijo super- se usa para designar una nova muy brillante, aunque esto suele denotar también un proceso diferente.

 

Supernova SN1994D, del tipo Ia. Se aprecia en la esquina inferior izquierda, ocurrió en el exterior de la galaxia NGC 4526.

 

Una nova suele producirse cuando, en un sistema binario de estrellas (dos estrellas orbitando la una a la otra, y bastante juntas) hay absorción de masa de una a la otra. Una de ellas es una enana blanca, y la otra una estrella de la secuencia principal por ejemplo. Eventualmente la estrella de la secuencia principal puede pasar a ser una gigante roja y aumentar su volumen, por lo que la superficie de ésta estará más lejana al núcleo de la estrella y será más susceptible a ser atraída por la estrella compañera. La enana blanca acumula Hidrógeno que atrae de la estrella vecina, y se acumula en su superficie, que tiene una temperatura suficiente para llevar a cabo la fusión nuclear. Así pues, una nova es una “mancha” de Hidrógeno en la superficie de una enana blanca, que “explota”.

El anterior proceso es mucho menos violento que el de una supernova. Hay distintos tipos de supernova, el desenlace de la mayoría es fatal (acaba en la destrucción de la estrella como tal). Las supernovas de tipo Ia son similares a las novas descritas en el párrafo anterior. Una enana blanca, de nuevo en un sistema binario, absorbe tanta masa de la compañera y a una velocidad enorme que se ve recubierta de los elementos de dicha estrella. Llega un punto en el que la enana blanca tiene tanta masa, que puede fusionar al acto todo su núcleo (lo que antes era la propia estrella). Este proceso ocurre de forma instantánea, colapsándose primero dicho núcleo y luego las capas más exteriores, liberando una cantidad de energía que la humanidad no podría consumir en miles de millones de años, en apenas unos segundos.

 

Concepción artística de una supernova.

 

Para comprender aproximadamente de qué números estamos hablando, hace falta saber que se elaboró una nueva medida para hablar de la energía que se produce en una supernova, el foe. El consumo aproximado de todo el planeta en el año 2005 fue de 5×10^20 J, o lo que es lo mismo, un 5 seguido de veinte ceros (en Julios). Un foe equivale a 1×10^44 J, y una supernova puede emitir varias veces esa cifra. Puede parecer que no es tanta la diferencia, pero las apariencias engañan. Veinticuatro ceros, que es lo que separarían estas dos cifras, equivalen a un cuatrillón, o sea, un millón de un millón de un millón de un millón de veces. Se estima que el universo tiene 13,700 millones de años de antigüedad, vamos a escribir los años de energía (en base al año 2005) que nos proporcionaría una supernova, y a compararlo con el tiempo que lleva existiendo nuestro universo: 13,700,000,000 años (edad del universo); 1,000,000,000,000,000,000,000,000 años (años de consumo como el 2005). Así pues podemos ver que tendríamos suficiente energía para consumir durante trillones de “universos”.

Por supuesto estas cantidades son inimaginables, pero uno puede hacerse a la idea al menos, de lo enorme de las cifras en las que se mueven varios fenómenos del cosmos. O en su defecto, de las ridículas cantidades que maneja el ser humano referente a ellos mismos.

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