¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?

Esta es una cuestión que es fácil de sacar a debate, ya que muy a menudo es un tema que suele generar interés y resulta relativamente fácil construir una opinión propia acerca de esta pregunta.

En este dilema es casi ancestral, y que llega a remontar hasta en los tiempos de Aristóteles (284 – 322 a.C) o Plutarco (46 – 126 d. C), puede diferenciar dos posturas claramente diferenciadas, a saber, la opción A “el huevos fue primero que la gallina” o opción B “la gallina fue primera que el huevo”.

¿Huevo o Gallina?

Vamos a pensar un poco sobre los argumentos de una y otra opción:

La opción A se basa en el hecho indudable de que única y exclusivamente el huevo es el origen de todo, ya que solo existirá la gallina como tal una vez este huevo eclosione, crezca y termine siendo gallina. La madre del huevo no puede ser una gallina; el huevo es el inicio de un todo y es gracias a sus características individuales, personales e innatas, que son distintas a las de su madre, (que no es una gallina como tal y la conocemos hoy en día) las que permitirán que la gallina exista a través del nacimiento del huevo. Dicho de otro modo: es a través del huevo que nace el concepto de gallina.

La opción B, por su lado, defiende que el huevo siempre sale de algo previo (que en este caso es la gallina) de modo que sí dicha gallina nunca hubiera existido, el huevo nunca debería haber sido capaz de formarse. Siguiendo un razonamiento cercano al de la biología y la evolución, una “protogallina” (la especie antecesor a las gallinas) que está sujeta a las condiciones de la selección natural del entorno, es capaz de generar un huevo que a su vez tendrá pequeñas variaciones genéticas respeto a su madre por tal de adaptarse a su medio. Y así, con el tiempo y a lo largo de varias generaciones de “protogallinas” cada vez más adaptadas a ese entorno específico llega un momento en el que una “protogallina” nace con tantas variaciones genéticas respeto a su antecesora original que ya no se parecen en nada la una con la otra: acaba de surgir una nueva especie y este nuevo individuo recibe el nombre de gallina. En definitiva, si no existe la gallina… ¿Quién va a poner el huevo?

Pero bueno, esto es un post de psicología; en realidad no nos importa qué respuesta es la válida. Sea cual sea el argumento que más te convenga y, por lo tanto, la respuesta que consideres la adecuada no nos concierne, porqué en el fondo este dilema es una falacia, una “vicio vicioso” que no llega a ninguna parte y que lo que nos está preguntado realmente es ¿Qué modo de pensamiento tienes tu, el determinista o el construccionista?

¿Qué determina una partida de póker, las cartas que te han tocado o tu habilidad como jugador? ¿Cuándo te pasan cosas, estas suceden porque tú o otra persona habéis escogido que pase o ocurre por la gracia divina o por el destino? ¿Una persona tiene una enfermedad mental o es un enfermo mental? Porque dependiendo de tu respuesta, tu razonamiento y modo de entender la vida se decanta por el sistema determinista o el construccionista.

Mi posición, como comprenderéis, coincide en que lo primero fue gallina y el motivo es bien simple: el ser construccionista da margen de maniobra para la mejora y el crecimiento personal. Si nacemos determinados por alguna cosa, como en el caso del huevo, no queda espacio para que nuestras acciones puedan servir de nada… y eso incluye, lógicamente, el trabajo que se hace con la terapia psicológica.

Independientemente de cómo nazcas el entorno nos condiciona enormemente, des de nuestros aprendizajes hasta nuestra propia supervivencia. Incluso naciendo “determinado” por la genética (como algunos trastornos genéticos) siempre podemos mejorar nuestras aptitudes y habilidades gracias al esfuerzo y la práctica.

Es por todo esto que la postura es clara: una mentalidad abierta a un locus interno nos permite progresar, de modo que una visión construccionista siempre abre más opciones que una determinista.

Un Locus Interno nos ayuda a crecer nuestra autoestima y competencias

Así que ya sabéis… puede que nazcamos de un huevo, pero nuestras vivencias y experiencias serán las que realmente nos ayuden a ser la gallina que deseamos llegar a ser.

Saludos y hasta la próxima

Jaume Jubany

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