Los sistemas propioceptivo y vestibular

¿Recuerdas ese día, en el colegio y de pequeño, cuando tu profesor/a te conto que las personas tenemos 5 sentidos? Pues bien, está mal. Es como cuando te dicen que los reyes magos son reales y de pronto… ¡Puf! Pues era mentida, son los padres. Bien, con los sistemas sensoriales pasa lo mismo. A los sentidos del olfato, el gusto, la visión, el oído y el tacto hay que sumarles los sentidos vestibular y propioceptivo. Es decir, tenemos un total de 7 sentidos (no 5) y estos dos últimos son tan o más importantes que los 5 primeros, ya que sin ellos nuestra adaptación al entorno puede verse seriamente comprometida.

Comprender la mente y la psicología implica, innegablemente, aceptar que nuestro cerebro es un órgano biológico que percibe los estímulos de su entorno a través de los sentidos. Y es precisamente por esto que no se pueden dejar de lado dos sentidos tan importantes como lo son el vestibular y el propioceptivo. Como los 5 primeros sistemas sensoriales son sobradamente conocidos por todos, queridos lectores de CienciaPoliticamenteIncorrecta, en esta ocasión nos centraremos en hablar de estos dos últimos.

El sistema propioceptivo nos informa sobre la posición de nuestro cuerpo, es decir, si una persona coloca sus brazos por detrás de la espalda y cierra las manos, no hace falta que se vea para saber cómo tiene colocadas las manos. Sabemos la posición de nuestro cuerpo gracias a la información que mandan las articulaciones y los músculos al cerebro. Además, nos permite percibir los movimientos de todo el cuerpo, la posición de éste o de sus partes, la velocidad y la dirección del movimiento y percibir la fuerza generada por nuestros músculos. Cuando alguien tiene problemas en el procesamiento de las sensaciones propioceptivas mostrará poca fluidez en sus movimientos, debido a la escasa percepción que tiene de su propio cuerpo.

La propiocepción nos da información sobre nuestro propio cuerpo
principalmente des de la tensión muscular y ángulos de las articulaciones

El sistema vestibular es el encargado de recibir los estímulos que provocan los movimientos de la cabeza y la fuerza de la gravedad. Es decir, nos da información sobre el movimiento, nos ayuda a realizar actividades de una manera coordinada, a mantener el equilibrio y a ajustar nuestros ojos mientras nos movemos. Gracias a él, sabemos dónde se encuentra nuestro cuerpo en relación al resto de objetos del espacio. Por ejemplo, cuando una persona se encuentra bajando las escaleras, es el sistema vestibular el que se encarga principalmente de que esta acción se realice con éxito.

Este sistema constituye, pues, una de las tres exoentradas y se puede aislar su contribución al mantenimiento de la postura ortostática y dinámica a través de las mediciones mencionadas. Su participación en la dinámica postural y equilibradora se produce, principalmente, a través de tres reflejos: el reflejo vestíbulo-ocular, el reflejo vestíbulo-espinal y el reflejo optocinético, que analizamos en nuestra última publicación (Lázaro y otros, 2006).

 

El sistema vestibular, que se encuentra próximo al sistema auditivo interno,
nos permite percibir nuestro propio movimiento y la velocidad

Estos dos sistemas no son fáciles ni de comprender ni de localizar (no es como en el caso de la vista, que sabemos que se centra en los ojos). Es por este motivo que los profesores solo nos enseñan los cinco primeros sentidos (no es que todos los profesores sean malos… solo algunos); a las edades que se suelen explicar, los sentidos vestibulares y propioceptivos representan conceptos demasiado complejos para que podamos comprenderlos correctamente y es preferible dejarlos para más adelante.

Por internet os encontrareis lista larguísimas de distintos sentidos (hay gente que llega a encontrar hasta un total de 26 sentidos distintos), explicando que si despedazamos y separamos completamente todas las capacidades sensoriales de nuestro cuerpo podemos encontrar muchos sentidos. Esta separación, aunque común, se trata de un error; en realidad, podemos agrupar todos estos estímulos en les 7 grandes sistemas sensoriales que ya hemos comentado. ¡Y es importante, ya que los sentidos trabajan conjuntamente!

Las experiencias sensoriales incluyen tocar, moverse, controlar el cuerpo, ver, oír y elevarse contra la gravedad. Pero no son experiencias aisladas, porque los sentidos trabajan juntos. Cada sensorio interacciona con los otros para componer un cuadro completo de quiénes somos, dónde estamos y qué hay a nuestro alrededor. A través de estas sensaciones, el cerebro produce una composición completa y organiza la información sensorial para nuestro propio uso. En muchos de nosotros, esta proceso se sucede de manera automática, inconsciente, sin esfuerzo. En algunos, este proceso es ineficaz y demanda esfuerzo y atención con pocas garantías de éxito… y es cuando debemos hacer un trabajo de integración sensorial.

Cuando esto ocurre, las metas que nos proponemos no se alcanzan de manera fácil. La integración sensorial provee una información crucial para ser utilizada después, cuando los aprendizajes y las conductas sean más complejas. Pero esto ya lo trataremos con más profundad en otro post centrado en el tema.

¡Ahora llega tu turno! ¿Cómo crees que nos afectan las alteraciones de nuestros sentidos? ¿Conoces otra teoría que hable de las necesidades humanas más allá de esta? No dudes en participar, preguntar cualquier cosa y en dejar tu comentario.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

 

Materiales consultados

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