¿Adicción a las redes sociales?

Des de hace ya algún tiempo estamos viviendo un autentico “boom” de las redes sociales y de las tecnología de la información y de la comunicación (llamadas de modo simplificado como las TIC). Plataformas como Facebook, Twitter, Instagram o Youtube son consumidas de forma masiva a diario y han conseguido que la moneda virtual sea el like; fuente de reconocimiento social, influencia y, por qué no, de autoestima para el usuario que los recibe.

Plataformas como Facebook, Twitter, Instagram o Youtube
son consumidas de forma masiva a diario

Su crecimiento y consolidación como medio de comunicación ya es una verdad que afecta a la mayor parte de la población: según el estudio realizado por la Fundación Pfizer (2009), el 98% de los jóvenes españoles de 11 a 20 años es usuario de Internet. De ese porcentaje, siete de cada 10 afirman acceder a la red por un tiempo diario de, al menos, 1,5 horas, pero sólo una minoría (en torno al 3% o al 6%) hace un uso abusivo de Internet. Es, por tanto, una realidad obvia el alto grado de uso de las nuevas tecnologías entre los adolescentes y jóvenes (Johansson y Götestam, 2004; Muñoz- Rivas, Navarro y Ortega, 2003). ¿A qué se debe este éxito?

¿Dedicamos demasiado tiempo a estas  plataformas? ¿Hasta qué punto estamos dependiendo de ellas? ¿Podemos estar hablando de una adición a las redes sociales? Este es, queridos lectores de CienciaPoliticamenteIncorrecta, el tema que trataremos en esa ocasión.

Hay hechos que resultan innegables: las TIC están llamadas a facilitarnos la vida y han venido para quedar-se. Su uso es cuasi inevitable y, de hecho, si estas leyendo este post es precisamente porque estás haciendo uso de ellas. Las TIC simplifican considerablemente nuestros quehaceres cotidianos y el atractivo de Internet se caracteriza por la respuesta rápida, las recompensas inmediatas, la interactividad y las múltiples ventanas con diferentes actividades. El uso es positivo, siempre que no se dejen de lado el resto de las actividades propias de una vida normal (estudiar, hacer deporte, ir al cine, salir con los amigos o relacionarse con la familia). Otra cosa es cuando el abuso de la tecnología provoca aislamiento, induce ansiedad, afecta a la autoestima y le hace perder al sujeto su capacidad de control. 

Es innegable: las TIC simplifican considerablemente nuestros quehaceres cotidianos

Antes de seguir, debemos aclarar en qué consisten las adicciones y de qué modo funcionan: lo que caracteriza a una adicción es la pérdida de control y la dependencia. Cualquier inclinación desmedida hacia alguna actividad puede desembocar en una adicción, exista o no una sustancia química de por medio. La adicción es una afición patológica que genera dependencia y resta libertad al ser humano al estrechar su campo de conciencia y restringir la amplitud de sus intereses. De hecho, existen hábitos de conducta aparentemente inofensivos que, en determinadas circunstancias, pueden convertirse en adictivos e interferir gravemente en la vida cotidiana de las personas afectadas, a nivel familiar, escolar, social o de salud (Echeburúa y Corral, 1994).

Entonces, entendiendo que las adiciones no dependen necesariamente de un consumo a una substancia concreta y que los adictos lo son, precisamente, por perder control y dependencia en sus vidas cotidianas… ¿qué pasa cuando una persona presenta una dependencia a las redes sociales? Fácil; padece una ciberadicción.

La ciberadicción se establece cuando el niño deja de verse con sus amigos y se instala frente a la pantalla con sus videojuegos, el adolescente presta más atención a su Iphone que a su novia, el joven no rinde en los estudios porque revisa obsesivamente su correo electrónico o el adulto no es capaz de separar-se del móvil esperando a ver el resultado final de una apuesta deportiva. En todos estos casos hay una clara interferencia negativa en la vida cotidiana (Estallo, 2001).

La ciberadicción se establece cuando se prefiere el uso de una TIC antes que cualquier otra actividad propia de la edad, como quedar con los amigos para hablar o jugar

El adicto sopesa los beneficios de la gratificación inmediata, pero no repara en las posibles consecuencias negativas a largo plazo. Por ello, el abuso de las redes sociales virtuales puede facilitar el aislamiento, el bajo rendimiento, el desinterés por otros temas, los trastornos de conducta y quebranto económico (los videojuegos, las apuestas online, la compra compulsiva por Internet), así como el sedentarismo y la obesidad. Además, al tener un uso tan continuo de la comunicación por las redes sociales, pueden terminar presentado dificultados en sus habilidades de relación social en la vida real, vergüenza desmedida, comportamientos poco adaptativos, fobia social, etc.

Por lo general, es un suceso muy negativo (fracaso escolar, trastornos de conducta, mentiras reiteradas, aislamiento social, problemas económicos, presión familiar)  suele ser el detonante que induce a la ciberadicción y que, ante el empeoramiento de la situación, es el paciente mismo quien busca ayuda y se moviliza para que le consulten por el problema (Echeburúa, 2001; Echeburúa, Amor y Cenea, 1998).

¡Ahora llega tu turno! ¿En verdad crees que hay una adición a las redes sociales? ¿Las TIC son realmente tan buenas o tan malas? ¿Hacia dónde crees que evolucionará este modo de comunicación? No dudes en participar, preguntar cualquier cosa y en dejar tu comentario.

Y cómo no podía ser menos, hoy estrenamos redes sociales; si te gustan nuestros contenidos podéis seguirnos en Twitter y Instagram

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

Materiales consultados:

  • Enrique Echeburúa; Paz de Corral (2012). Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto, Universidad del País Vasco; Revista Española sobre Drodependencia. Link de referencia: http://www.redalyc.org/html/2891/289122889001/
  • Becoña, E. (2009). Factores de riesgo y de protección en la adicción a las nuevas tecnologías. En E. Echeburúa, F.J. Labrador y E. Becoña (eds.), Adicción a las nuevas tecnologías en adolescentes y jóvenes (pp. 77-97). Madrid: Pirámide
  • Johansson, A. y Götestam, K.G. (2004). Internet addiction: characteristics of a questionnaire and prevalence in Norwegian youth (12-18 years). Scandinavian Journal of Psychology, 45, 223-229.
  • Franco Monte (2017) La necesidad de llenar un vacío interior nos ha obsesionado con “likear” y ser “likeados”. Cultura Colectiva. Link de referencia: https://culturacolectiva.com/tecnologia/la-obsesion-por-los-likes/
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