Los factores de riesgo en la adicción de las TIC

En el pasado post ¿Adición a las redes sociales? nos planteábamos la situación actual que tenemos respeto a las TIC, sus pros y contras, además de hablar de qué modo nos afecta una ciberadicción. Pero… ¿Cuándo empezamos a tener esta dependencia? ¿Cuáles son las características que favorecen el abuso a Internet y a las redes sociales? En este post, queridos lectores de CienciaPoliticamenteIncorrecta, hablaremos de sus principales factores de riesgo y de las señales de alarma que nos advierten de un consumo abusivo de las TIC. ¡Empecemos!

El primer factor de riesgo está vinculado a la edad de los usuarios: a un nivel demográfico, los adolescentes constituyen un grupo de riesgo porque tienden a buscar sensaciones nuevas y son los que más se conectan a Internet, además de estar más familiarizados con las nuevas tecnologías. Sin embargo, hay personas más vulnerables que otras a las adicciones. De hecho, la disponibilidad ambiental de las nuevas tecnologías en las sociedades desarrolladas es muy amplia y, sin embargo, sólo un reducido número de personas muestran problemas de adicción (Becoña, 2009; Echeburúa y Fernández-Montalvo, 2006; Labrador y Villadangos, 2009).

Como segundo factor de riesgo, encontramos las características de personalidad o estados emocionales que aumentan la vulnerabilidad psicológica a las adicciones: la impulsividad; la disforia (estado anormal del ánimo que se vivencia subjetivamente como desagradable y que se caracteriza por oscilaciones frecuentes del humor); la intolerancia a los estímulos placenteros, tanto físicos (dolores, insomnio o fatiga) como psíquicos (disgustos, preocupaciones o responsabilidades); y la búsqueda exagerada de emociones fuertes son componentes que ayudan a la ciberadicción, ya sea como modo de escapar de la realidad, como un modo de evadirse o simplemente como diversión.

Este factor de riesgo es común con otras adicciones, solo que en esta ocasión se vincula al uso y abuso de las TIC. Hay veces, sin embargo, en que en la adicción subyace un problema de personalidad -timidez excesiva, baja autoestima o rechazo de la imagen corporal, por ejemplo- o un estilo de afrontamiento inadecuado ante las dificultades cotidianas. A su vez, los problemas psiquiátricos previos (depresión, TDAH, fobia social u hostilidad) aumentan el riesgo de engancharse a Internet (Estévez, Bayón, De la Cruz y Fernández-Liria, 2009; García del Castillo, Terol, Nieto, Lledó, Sánchez, Martín-Aragón, et al., 2008; Yang, Choe, Balty y Lee, 2005).

El tercer y último factor de riesgo está relacionado con la situación personal que vive el individuo: se trata de personas que muestran una insatisfacción personal con su vida o que carecen de un afecto consistente y que intentan llenar esa carencia con drogas o alcohol o con conductas sin sustancias (compras, juego, Internet o móviles). En estos casos Internet o los aparatos de última generación actúan como una prótesis tecnológica. Estás personas corren un gran riesgo de hacerse adicto si cuentan con un hábito de recompensas inmediatas, tienen el objeto de la adicción a mano, se sienten presionado por el grupo y están sometidos a circunstancias de estrés (fracaso escolar, frustraciones afectivas o competitividad) o de vacío existencial (aislamiento social o falta de objetivos). De este modo, más que de perfil de adicto a las nuevas tecnologías, hay que hablar de persona propensa a sufrir adicciones.

Las personas que ya tienen un perfil de adicción a otras substancias tienen mayor riesgo de caer en la ciberadicción

Ahora ya conocemos los factores de riesgo. ¿Qué hacemos si tenemos algunos de estos factores? ¿Cómo podemos evitar esta clase de situaciones? ¿En qué debemos fijarnos para saber que corremos el riesgo de padecer una ciberadicción? Pues que nos tenemos que fijar en las señales de alarma.

Las principales señales de alarma que denotan una dependencia a las TIC o a las redes sociales y que pueden ser un reflejo de la conversión de una afición en una adicción son las siguientes (Young, 1998):

  1. Privarse de sueño (<5 horas) para estar conectado a la red, a la que se dedica unos tiempos de conexión anormalmente altos.
  2. Descuidar otras actividades importantes, como el contacto con la familia, las relaciones sociales, el estudio o el cuidado de la salud.
  3. Recibir quejas en relación con el uso de la red de alguien cercano, como los padres o los hermanos.
  4. Pensar en la red constantemente, incluso cuando no se está conectado a ella y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta muy lenta.
  5. Intentar limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, y perder la noción del tiempo.
  6. Mentir sobre el tiempo real que se está conectado o jugando a un videojuego.
  7. Aislarse socialmente, mostrarse irritable y bajar el rendimiento en los estudios.
  8. Sentir una euforia y activación anómalas cuando se está delante del ordenador.

De este modo, conectarse al ordenador nada más llegar a casa, meterse en Internet nada más levantarse y ser lo último que se hace antes de acostarse, así como reducir el tiempo de las tareas cotidianas, tales como comer, dormir, estudiar o charlar con la familia, configuran el perfil de un adicto a Internet. Más que el número de horas conectado a la red, lo determinante es el grado de interferencia en la vida cotidiana (Davis, 2001).

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Pensar constantemente en la red es una de las señales de alarma a la ciberadicción

Como ya habíamos comentado, , la dependencia a Internet o a las redes sociales está ya instalada cuando hay un uso excesivo asociado a una pérdida de control, aparecen síntomas de abstinencia (ansiedad, depresión, irritabilidad) ante la imposibilidad temporal de acceder a la Red, se establece la tolerancia (es decir, la necesidad creciente de aumentar el tiempo de conexión a Internet para sentirse satisfecho) y se producen repercusiones negativas en la vida cotidiana.

En estos casos engancharse a una pantalla supone una focalización atencional, reduce la actividad física, impide diversificar el tiempo un flujo de transrealidad que recuerda la experiencia de las drogas (Greenfield, 2009; Griffiths, 2000).

¡Ahora llega tu turno! ¿Has detectado alguna de estas señales de alarma en ti mismo/a? ¿O en alguien cercano? ¿Estás de acuerdo con los factores de riesgo presentados en este post? No dudes en participar, preguntar cualquier cosa y en dejar tu comentario.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

Materiales consultados:

  • Enrique Echeburúa; Paz de Corral (2012). Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto, Universidad del País Vasco; Revista Española sobre Drodependencia. Link de referencia: http://www.redalyc.org/html/2891/289122889001/
  • Becoña, E. (2009). Factores de riesgo y de protección en la adicción a las nuevas tecnologías. En E. Echeburúa, F.J. Labrador y E. Becoña (eds.), Adicción a las nuevas tecnologías en adolescentes y jóvenes (pp. 77-97). Madrid: Pirámide
  • Johansson, A. y Götestam, K.G. (2004). Internet addiction: characteristics of a questionnaire and prevalence in Norwegian youth (12-18 years). Scandinavian Journal of Psychology, 45, 223-229.
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