Los factores de riesgo predisponentes

El primer post dedicado a los factores de riesgo. Empezamos con aquellas situaciones que pueden generar las condiciones para que aparezcan los trastornos. ¿Quieres saber más? ¡Entra y descubre-lo!

Después de la introducción a los factores de riesgo, nos centramos de lleno en el primero de estos factores: los predisponentes

Entendemos por factores predisponentes todas aquellas actividades, características y situaciones que pueden generar futuras problemáticas físicas y/o psicológicas que afectan a la salud individual de una persona. Se trata de un factor condicionante que influye tanto en el tipo como en la cantidad de recursos a los que un individuo puede recurrir para enfrentarse al estrés. Puede ser de naturaleza biológica, psicológica o sociocultural.

Tal y como ya dijimos en Introducción a los factores de riesgo, los clasificamos en personales y contextuales. En esta lista se agrupan e argumentan brevemente algunos de los factores predisponentes más comunes y relevantes de cara a la aparición de trastornos mentales.

  1. PERSONALES
  • Vulnerabilidad genética: lo hemos comentado en otros artículos de nuestro blog, como en la Teoría de la Vulnerabilidad o en La biología y la psicología se unen: la Epigenetica. La vulnerabilidad genética es aquella posibilidad de padecer un problema biológico debido a algún error en el código genético y, lógicamente, proviene de la herencia genética de nuestros padres y no se puede modificar.
  • Complicaciones preperinatales: problemas en el desarrollo del feto y su correcto crecimiento.
  • Inteligencia baja: ya sea por algún problema genético (algún síndrome), por problemas pre perinatal, por falta de estimulación intelectual a lo largo de su etapa de crecimiento o por algún accidente físico (traumatismo craneoencefálico, problemas de circulación sanguino, etc.) que dificulta/impide un bon funcionamiento del cerebro, lo cierto es que una inteligencia baja genera problemas de adaptación, aprendizaje e interacción social-cultural, generando estrés, separación del grupo,…
  • Temperamento difícil: tener un carácter agrio, agresivo, violento no se tiene que considerar algo extremadamente negativo en sí solo, pero al unirse a otros factores como el consumo de drogas o la criminalidad hacen que el temperamento difícil pueda ser un factor de riesgo predisponente a tener en cuenta.
  • Baja autoestima: uno de los factores predisponentes con más influencia en el crecimiento personal y la autodeterminación. Una baja autoestima impide a la persona creer en sí misma, apostar y luchar por aquello que quiere e incluso a guardar-se su opinión en un tema relevante por miedo al rechazo incluso cuándo su idea podría haber sido la mejor opción.
  • Locus de control externo: el locus de control es el modo que tenemos de entender lo que nos ocurre en nuestro día a día; es la percepción que tenemos de nosotros mismos y de los actos que realizamos. Un locus de control externo implica que la persona siente y piensa que lo que ocurre a su alrededor es debido al azar, la suerte o a fuerzas externas superpoderosas ajenas a él/ella (Dios, la influencia de los astros, el karma, flujo de energías, etc.). Estas creencias, llevadas al extremo, pueden ser factores de riego predisponentes porque la persona llega a la conclusión de que nada depende de sí misma y que no tiene que hacer nada más que seguir el destino que le dictan estas fuerzas; no se esfuerza, no entrena, no estudia, no trabaja, ….

El abuso verbal, físico o sexual por parte de los cuidadores hacia sus hijos es uno de mayores los factores predisponentes en la aparición de trastornos mentales.

  1. CONTEXTUALES
  • Dificultades en el vínculo: cuándo hablamos de dificultades en el vínculo nos referimos a problemáticas de relación madre/padre – hijo recién nacido. No se ha creado un buen vínculo paternofilial por el motivo que sea.
  •  Falta de estimulación intelectual: des de pequeño la persona no ha recibido la atención ambiental que necesitaba; por ejemplo, no ha podido ir a la escuela y toda su formación vital ha sido encerrada en su casa.
  • Problemas psicológicos en los padres/cuidadores o en los hermanos: que las personas que han hecho de cuidadoras des de la más tierna infancia hayan sufrido problemas psicológicos graves es un factor predisponente de alto riesgo, porque implica la aparición de otros factores presentes en esta lista como las dificultades de vínculo, las separaciones o las desventajas sociales. Cuando una persona no está sana… ¿cómo puede cuidar de otra sin que aparezcan complicaciones?
  • Abuso de alcohol/drogas, criminalidad y violencia: de seguro que este factor se entiende perfectamente; si la persona es drogodependiente, participa en trabajos y entornos ilegales o presenta episodios de violencia se encuentra en situaciones de grave riesgo físico y psicológico.
  • Abuso verbal, físico o sexual: se trata de un riego enorme y a menudo es la base de problemas de adaptación, de aprendizaje, relación social, autoestima baja,… Los tres abusos pueden dejar secuelas graves de por vida pero lógicamente el abuso verbal es más leve que el abuso físico, que a su vez es menos severo que el abuso sexual. Aún con todo, estos abusos conllevan dificultades enormes para la persona que los ha padecido y suelen correlacionar con otros factores de la lista como el abuso de drogas o cuidadores con problemas psicológicos.
  • Desventajas sociales: este ha sido uno de los factores predisponentes más común en estos últimos años por culpa de la crisis. Tener problemas económicos y dificultades sociales respeto a un grupo de desarrollo y a una sociedad puede conllevar aislamiento social, derribamiento emocional, la aparición de conductas anormales, refugiar-se en el abuso de alguna droga…. La no satisfacción de las necesidades básicas (comida, descanso, seguridad) es un factor predisponentes a tener en cuenta.
  • Duelo temprano/separaciones: la muerte de uno (o los dos) cuidadores principales de un infante o una separación física traumática (como en caso de una guerra o algún desastre natural) es un factor predisponente a tener en cuenta, especialmente cuando le pasa a un niño/a con una edad inferior a los 16-18 años.
  • Crianza en instituciones: ser criado en un orfanato o algún centro de atención, con entornos irregulares e inflexibles, sin estar vinculado a familiares y siempre bajo el yugo de las estrictas normas de estos centros no es la mejor forma de crecer en nuestra sociedad. La crianza en instituciones puede ser un factor predisponente especialmente por las experiencias que se viven en estos centros, especialmente por las relaciones entre iguales (burlas, exclusión, castigos físicos, sin relaciones de amistad,…).

A nivel psicológico, para luchar contra los factores predisponentes se hace intervención primaria o de prevención. La intervención primaria es otro tema de gran complejidad que hablaremos en otro post, pero a modo de resumen seria todo el trabajo social y psicológico que se hace para evitar la aparición de estos factores antes de que se puedan generar, especialmente en las de tipo contextual (lógico, si no se dan las condiciones ambientales de que aparezcan este tipo de riegos, la persona nunca los llegará a sentir y a desarrollar).

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Introducción a los factores de riesgos

Estamos ante uno de los temas con mayor impacto en la psicología clínica. De hecho, es tan profundo que vamos a dividirlo en categorías para poder explicar-los como es debido. ¿Te animas a ver qué es? ¡Entra y descubre-lo!

Al empezar a redactar este post me di cuenta de que sería un texto más largo de lo habitual… tan largo, de hecho, que muy posiblemente hubiese resultado aburrido. El problema está en que trataremos de un tema recurrente y aplicable a todo el futuro material de psicología del blog, de modo que me interesa que los conceptos estén bien explicados y redactados para poderlos referenciar más adelante como información bibliográfica. Es por este motivo que he optado por el tema del que me gustaría hablar en 4 post distintos:

  • El primero post es este, que actúa a modo de introducción para definir algunos conceptos clave y para preparar el terreno para tratar los factores tal y como se merecen.
  • El segundo tratará de los factores predisponentes: qué son, en qué se caracterizan y en qué modo podemos tratarlos des de la psicología.
  • El tercero hablará de los factores detonantes, haciendo especial referencia al impacto que generan en las personas que los padecen y de qué modo podemos minimizar sus efectos.
  • Finalmente, en el cuarto post se definirán los factores de mantenimiento, que son los que más preocupan a la psicología y dónde se suelen centrar los esfuerzos de la terapia.

Estos factores suelen estar presentes en cualquier situación de dificultad física y/o psicológica y sus definiciones y explicaciones son cruciales para poder entender la psicopatología y los trastornos mentales (es por este motivo que aún no me he podido centrar en los temas de la salud mental, ya que sin la base teórica adecuada resulta prácticamente imposible comprender los motivos que llevan a las personas a cometer actos extraños o bizarros).

Al hablar de la Teoría de la Vulnerabilidad sacamos a tema los factores predisponentes, los factores detonantes y los factores de mantenimiento… pero ¿qué son estos factores? ¿En qué consisten? ¿De qué modo pueden afectar a la psique humana?

Pues bien, todos estos factores se englobarían dentro de los factores de riesgo. Entendemos por factores de riesgo todas aquellas circunstancias o situaciones que aumentan las probabilidades de una persona pueda contraer una enfermedad o cualquier otro problema de salud.

Los factores de riesgo pueden afectar a la salud, ya sea a nivel físico o mental.
Nosotros nos centramos en los psicológicos.

Eso quiere decir que los factores de riesgo implican que las personas afectadas por dicho factor/es puedan presentar un número de problemáticas sanitarias mayor al de las personas sin estas características. Dicho de otro modo, si tener un problema sanitario (ya sea físico o mental) fuera como ganar un premio a la lotería, los factores de riesgo serian papeletas con opciones al lote ganador.

Evidentemente, eso no quiere decir que cualquier persona con factores de riesgo ya tengan automáticamente un futuro de trastornos o enfermedades; siguiendo con la analogía, puedes tener las papeletas con opciones a premio pero no por eso ganar el premio gordo: puede que las papeletas no tengan el orden de número correcto, que solo te toque un premio menor o incluso que optes por no jugar a la lotería y lanzar tus boletos a la basura.

Estos factores se clasifican en personales y contextuales en función de su origen. Los factores de riesgo personales son aquellas características que dependen únicamente del propio sujeto, de carácter individual e intransferible, y suelen guardar relación con su personalidad. Por su parte, los factores contextuales son aquellos que dependen del entorno y de las experiencias vitales del sujeto, así como su relación con las otras personas y el trato que ha dado/recibido de ellos. A menudo encontramos que la persona con problemáticas presenta distintos factores de riesgos, tanto personales como contextuales, y no es extraño que estos estén relacionados uno con los otros; por ejemplo, una inteligencia baja (factor de riesgo personal) que suele estar relacionado con la falta de estimulación intelectual (factor de riesgo contextual).

Aun con todas sus semejanzas, los factores de riesgos predisponentes, detonantes y de mantenimiento presentan tantas diferencias significativas entre ellos en el modo en que pueden afectar a la salud que deben ser tratados aparte y trabajados a distintos niveles en términos psicológicos.

Saludos y hasta la próxima

Jaume Jubany

La relación entre los pensamientos, las emociones y el comportamiento

Corazon vs cerebro…
¿seguro que esto funciona así? ¿Quieres conocer la verdadera relación entre lo que piensas, lo que sientes y lo que haces? ¡Entra y descubre-lo!

Este post hablará de la relación que hay entre los pensamientos, las conductas y las emociones, de cómo son parte de un todo y de qué modo interaccionan en nuestra mente.

Considero que en nuestro afán de categorización tendemos a separar una cosa de la otra, enfatizando las pocas diferencias que hay entre ellos a la vez que ignoramos la clara relación existente. ¿Cuántas veces has escuchado “no lo hagas –digo el cerebro…ve a por ella –digo el corazón” o  el clásico “es que lo que pienso y lo que siento no son lo mismo”? Cuando nos sentimos así es porque se produce una disonancia cognitiva.

La disonancia cognitiva es un concepto muy amplio, que trataré con más profundidad dentro de algunos post. A modo de resumen, la entenderíamos como una sensación desagradable causada por sostener dos ideas contradictorias al mismo tiempo; hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones que percibe una persona (nada que ver con una lucha entre órganos dónde el corazón siempre sale victorioso).

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Hay la creencia popular de que el cerebro y el corazón se identifican con la razón y la emoción… nada más lejos de la realidad: todo esta en nuestras cabezas

Los pensamientos, las emociones y el comportamiento son partes de un todo y si están separadas unas de la otras es porque nos gusta diferenciar-las entre ellas. Es cierto que tenemos diferentes estructuras corticales especializadas en unos procesos u otros; por ejemplo, la amígdala es la que genera las emociones mientras que el lóbulo pre frontal es el responsable de nuestros pensamientos voluntarios (ver el post estructuras cerebrales para más detalles) pero lo cierto es que todos estos procesos tienen un origen, una continuación y una finalización cognitiva en nuestro cerebro, de modo que nos encontramos en que toda acción consciente e inconsciente de nuestras acciones pasan siempre por nuestro cerebro.

Las emociones, la conducta y el pensamiento están interrelacionado entre sí: las emociones generan pensamientos que, a su vez, terminan generando conductas de respuesta. Simultáneamente, nuestras propias conductas o las conductas ajenas dan pie a nuevos pensamientos de acción, provocando reacciones emocionales distintas. Por su parte, cualquier pensamiento se crea des de nuestra experiencia y convivencia con nuestro entorno (es decir, des de nuestras conductas), vinculado emociones a esos recuerdos y reflexiones.

Las emociones, pensamientos y conductas son tres vértices de un mismo triangulo

Así pues, las emociones pueden ser más primarias, instintivas y fuertes, pero si tenemos conciencia de ellas es, principalmente, gracias al hecho que se han transformado en pensamiento y podemos reflexionar y razonar sobre ellas.

Por su parte, resulta casi imposible encontrar alguna conducta que no tenga una base emotiva como motor no solo de generarla, sino además de mantener y adaptar-la a las condiciones del entorno. Comer, dormir, jugar, hablar, relacionar-se, trabajar,… siempre lo hacemos pensado en algo y teniendo una emoción en mente. “Trabajo de psicólogo porque me siento realizado”, “no como pescado porque me da asco”, “no quiero subir a esta atracción porque me da miedo”, etc. Para cada comportamiento hay una base emocional… ya sea motivación, desagrado o un objetivo concreto.

En conclusión: las emociones, pensamientos y conductas son tres vértices de un mismo triangulo en el que no pueden existir unas sin los procesos de las otras. Ser conscientes que este hecho ayuda enormemente a organizar y programar terapias psicológicas, así como de validar los métodos intervenidos que trabajas los mismos problemas des de ángulos distintos.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

La teoría de la vulnerabilidad

Estamos ante una de las teorías más importantes de la psicología moderna. Nos abre un montón de posibilidades que nos ayuda a comprender mejor como funcionan los trastornos mentales… y estas a un click de saber-lo. ¡Entra y descubre-lo!

Os presento una de las bases teóricas más importantes de la psicología moderna: la teoría de la vulnerabilidad. Se basa en la idea de que cualquier persona puede sufrir o terminar sufriendo un trastorno psicológico si se dan las condiciones genéticas y ambientales adecuadas para que surjan. A su vez, si nunca se terminan dando estas condiciones o no se dan en la frecuencia/duración lo suficientemente fuertes, la persona jamás llegará a desarrollar ningún tipo de problemática.

Según este postulado, toda persona tiene un margen de resiliencia, que es la capacidad que tienen los seres vivos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas tanto a nivel físico como psicológico ante un escenario de riesgo, estrés o daño. La resiliencia es una característica individual y subjetiva, que depende de la experiencia, carácter personal de cada individuo y de su situación ambiental del momento.

El riesgo a desarrollar un trastorno psicológico no depende únicamente a la resiliencia; también está sujeto a los factores predisponentes, factores desencadenantes y factores de mantenimiento. Estos factores presentan tantos matices y variables que voy a redactarlos en el próximo post del blog para tratarlos a parte.

A modo de resumen, diríamos que si la situación de riesgo es breve o poco intensa no llegará a superar el margen de resiliencia, de modo que la persona terminará gestionando de forma adecuada la dificultad y no se desarrollará ninguna problemática psicológica. Por contraparte, si la situación de riesgo es intensa o se cronifica al largo de los años, el problema llegará a superar la resiliencia. Al llegar a este punto la persona se verá superada, abrumada por la dificultad, perdiendo su capacidad de reacción y viéndose incapaz de gestionarlo.

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Este esquema seria un ejemplo de desarrollo del trastorno de la esquizofrenia según el modelo de la vulnerabilidad

Es en este contexto dónde pueden aparecer los primeros síntomas como el agotamiento, el estrés, los mareos, las cefaleas,… y, en un último momento, que todos estos síntomas desemboquen en la aparición de un trastorno psicológico más grave, como una depresión mayor.

¿Esto significa que cualquier persona puede desarrollar cualquier trastorno psicológico? Sí y no; todos tenemos el riego potencial de terminar con una enfermedad psicológica… no obstante, cada persona tiene preestablecida una u otra patología en correlación a la herencia de su código genético. Es decir, las personas que tienen familiares directos que han padecido o padecen un trastorno específico tienden a desarrollar la misma patología que sus familiares (una persona con un padre/madre que haya sufrido una depresión mayor tendrá predisposición a padecer una depresión mayor en vez de otra patología grave, como una esquizofrenia).

¿A donde quiero llegar con todo esto? ¡A pensar en positivo! Si el desarrollo de trastornos mentales está sujeto a las variables y condiciones ambientales quiere decir que nosotros también somos participantes activos de estos entornos: el modo en que tratamos a la gente, nuestras interpretaciones de lo que nos pasa, las acciones que hacemos en nuestro día a día… todo suma y todo importa. Tenemos en nuestras manos la capacidad de escoger que decimos, que hacemos y como lo hacemos, así que el desarrollo y mantenimiento de ciertas patologías también dependen de nosotros.

Estrategias psicológicas de prevención contra el burnout a nivel personal

El burnout cada día es más frecuente; por esto, vamos a hablar de algunas estrategias que lo ayudan a prevenir. Si quieres conocer más elementos de este tema ¡Entra y descubre-lo!

Hoy en día las condiciones de trabajo a menudo no son las óptimas y suele haber mucha presión laboral, con contratos basura, muchas labores que se tiene que hacen entre unos pocos empleados, poco tiempo para cada faena, horarios caóticos, sueldos insuficiente…

Ante este panorama empresarial, la gente está continuamente expuesta a situaciones de estrés donde el trabajo nunca se termina y es difícil tener el reconocimiento de haber hecho un buen encargo por parte de tus superiores. Este ambiente estresante se hace más grande a medida que pasan los días… hasta que se entra en una espiral de cansancio y agotamiento físico y mental: a esto se le llama burnout.

El burnout es un tema que ha dado mucho de qué hablar, con numerosa bibliografía e investigación acerca de sus efectos y prevención y la verdad es que da para muchos post dentro del blog, pero no es de lo que queremos hablar en este texto. Aquí trataremos de algunas estrategias psicológicas que se pueden hacer a nivel individual, sin terapia especializada y des del esfuerzo personal para la confrontación y gestión emocional del estrés laboral.

El burnout puede tener graves consecuencias para la salud. Es por eso que hay que cuidarse.

Hay que entender la siguiente lista de estrategias como pautas e ideas de prevención y autocuidado contra el burnout a nivel personal, no cómo a una auténtica terapia a seguir.

1) No sobrecargarse de tareas y menos si no forman parte de las tareas habituales. Pasito a pasito se hace el camino: hay que saber priorizar las tareas y encararlas una por una.

 2) Utilizar los canales de comunicación que haya en la institución: hay que hablar de la situación de burnout con alguien del departamento de recursos humanos, correo interno, sistema de sugerencias, para informar de las preocupaciones que nos inquietan. También se puede hablar con personas de confianza que tengan influencia y puedan solucionar la situación de angustia. Ante un caso de problemas emocionales, lo peor que puedes hacer es guardártelo para ti mismo/a, de modo que siempre que se pueda hay que hablarlo con alguien para intentar poner soluciones nuevas.

3) Averiguar si otras personas han pasado por la misma situación y preguntarles cómo lo solucionaron. La experiencia de otros empleados puede ser muy útil, ya sea para aprender nuevos métodos de trabajo más rápidos o para evitar futuros contratiempos.

4) Aprender a gestionar las emociones: este punto es, al menos para mí, el más importante para el equilibrio psicológico y el crecimiento personal. Identificar cómo te sientes, saber que te ha llevado a este estado y replantearte sí realmente el estado emocional en el que te encuentras es lo que necesitas en ese momento para solucionar el problema.

5) En momentos de presión hay que saber pedir ayuda: es imposible saberlo todo e incluso cuando cuentas con años de experiencia en un mismo sitio aparecen labores nuevas que desconocemos su funcionamiento. Algunas personas se queman cuando se les exige asumir tareas para las que no se está preparado… y es algo completamente normal. Lo recomendable es delegar esas tareas o, si no se puede, tomarse un respiro para evaluar la situación y pensar cual es el mejor camino a seguir para resolver la situación.

6) Conocer-se a uno mismo: saber los recursos personales, habilidades y materiales de que dispones a tu alcance para poder adaptarse a los cambios que generan las necesidades de tu trabajo. La falta de recursos unida a una sensación personal de incapacidad para resolver los conflictos les lleva al estrés y a los problemas psicológicos, como angustia, depresión o desmotivación.

El bienestar en el trabajo y la satisfacción laboral dependen, en gran medida, del entorno donde se esté trabajando y algunas situaciones serán insalvables…pero lo que hay que tener claro es que el síndrome Burnout tiene que ver con la respuesta personal ante la vida y el trabajo.

No podemos modificar el panorama social que tenemos a nuestro gusto. Tampoco podemos cambiar toda la estructura empresarial de nuestro lugar de trabajo. Y no, esperar a que tu jefe salga del trabajo con un bate tampoco es una solución acertada. No obstante,  la reacción que tengamos ante nuestras situaciones laborales puede ser decisiva para superarlos o no. Por lo tanto, la actitud que tenemos todos nosotros es crucial para prevenir el burnout y de ser más felices en nuestros puestos de trabajo.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

La plasticidad cerebral

El motivo por el que aprendemos, por el que maduramos, por el que progresamos: la plasticidad cerebral. ¿Quieres conocer más sobre este tema? ¡Entra y descubre-lo!

El cerebro es un órgano increíble. En anteriores post hemos hablado de su estructura biológica y también de su funcionamiento a nivel de automatización. En este trataremos a una de sus características orgánicas más importantes: la plasticidad cerebral.

Nos referimos a la  plasticidad cerebral como aquella  capacidad del sistema nervioso para cambiar su estructura y su funcionamiento a lo largo de su vida, como reacción a la diversidad del entorno. También es entendida como la capacidad de las células nerviosas para regenerarse anatómica y funcionalmente como consecuencia de estimulaciones ambientales.

Dicho en otras palabras, la plasticidad es la habilidad que tiene el cerebro a modificar parte de su capacidad y funcionamiento según las necesidades del entorno, permitiendo a todo el sistema nervioso del cuerpo que se adapte a las necesidades bilógicas de cada sujeto y contexto.

La plasticidad cerebral es la responsable de que ningún cerebro sea igual a otro, de que cada persona reaccione de forma distinta ante una misma situación y de que cada individuo tenga sus propios conocimientos y habilidades. Por si fuera poco, esta capacidad tiene momentos puntuales de desarrollo dónde durante determinadas etapas permite la adquisición de aprendizajes complejos.

Al entrenar nuestro cerebro conseguimos que sea más resistente, rápido y más fuerte  

Por ejemplo, se sabe que hay un periodo de edad en la infancia situado entre los 8-9 meses y los 14-16 meses que es el momento clave en el desarrollo de los seres humanos para aprender a hablar la lengua materna. Antes de este periodo, el cerebro no tiene la suficiencia madurez como para asimilar toda la información; por otra parte, si no ha habido la estimulación ambiental necesaria durante intervalo el cerebro pierde gran parte de su capacidad de aprendizaje de los códigos comunicativos y de las normas estructurales propias del lenguaje, dando pie a futuros adultos que a duras penas serán capaces de hablar.

En conclusión, el cerebro adapta, en parte, su estructura y enlaces neuronales a los estímulos ambientales. Es por eso que las personas que viven más experiencias, que hacen deporte activamente, que han estudiado más cosas o han aprendido de distintos campos del conocimiento tienen redes neuronales más extensas, más ramificadas y más densas. Eso incrementa las habilidades mentales cómo la inteligencia, la memoria o los procesos ejecutivos, además de que previene de trastornos neurodegenerativos tales como las demencias, las amnesias por la edad o trastornos psicomotores como el Parkinson.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

El inconsciente

El inconsciente es un de los elementos más conocidos de la psicología. Es por esto que no podía faltar en nuestro blog. ¿Quieres saber más? ¡Entra y descubre-lo!

Aprovecho que he hablado del cerebro, su funcionamiento y sus partes en el post anterior para hablar sobre un concepto sobre el que la gente suele hablar mucho sin conocer su verdadero funcionamiento: el inconsciente.

El inconsciente es un concepto creado e ideado por S. Freud  pero la forma en que argumentó su existencia y cómo funciona, aunque fueran una revolución en su momento, no estaba ausente de unos cuantos errores importantes.

Antes de empezar debemos aclarar que hay dos modos distintos de entender qué es el inconsciente des de la psicología: el inconsciente (o subconsciente) psicoanalista, que sigue las ideas propuestas por Freud, y el inconsciente del enfoque cognitivo-conductual. En este post trataremos el segundo enfoque que es el demostrado de forma empírica y, por lo tanto, el más científico.

Gracias los avances tecnológico, el uso de las técnicas de neuroimagen y las pruebas de evaluación de la neuropsicología hemos aprendido más acerca de los processos que realiza la mente, dando  a  de entender nueva forma de cómo el cerebro funciona de forma automática sin que nosotros lo controlemos de forma consciente.

A menudo la gente se piensa que el inconsciente es una parte del cerebro como cualquiera de las otras estructuras del encéfalo, que es el encargado de hacer procesos psicológicos sin requerimiento de nuestro control voluntario… como si fuera una mezcla entre de emociones primarias e instintos básicos que salen a floten cuando perdemos el control. Nada más lejos de la realidad.

El inconsciente es un constructo verbal, una palabra que en psicología usamos para englobar todas aquellas estructuras cerebrales que funcionan sin que nosotros tengamos un acceso deliberado de nuestra consciencia y control. Por definición, el inconsciente se entendería como todas aquellas estructuras cerebrales corticales y subcorticales a excepción del lóbulo frontal, algunas áreas del lenguaje y de la memoria. Dicho en breve: entre el 70% y el 85 % de nuestro cerebro funciona de forma automática y sin nuestro control subjetivo, de modo que la enorme mayoría de nuestro cerebro funciona de forma inconsciente.

Gran parte de nuestro cerebro funciona sin que nosotros tengamos consciencia de ello 

La creación de emociones, las percepciones sensoriales que recibimos a diario tales como las imágenes, los sonidos o el tacto, el almacenamiento de memoria y recuerdos, la creación/renovación de la neuronas, la integración de información de nuestro entorno, … son solo unos pocos ejemplos de procesos cognitivos y psicológicos que hacemos de forma inconsciente. Se hacen de modos simultáneos pero des de distintas áreas del cerebro, de modo que el inconsciente no es un punto del cerebro… es una gran red neuronal que conecta estructuras corticales que trabajan coordinadamente entre ellas de modo automático. Sin consciencia. Sin intención voluntaria de nosotros mismos.

Esto es bueno, porque nos permite adaptar-nos mejor al entorno en que vivimos. ¿Cómo podríamos dormir si la respiración no fuera controlada de modo inconsciente? ¿Os imagináis ordenar a vuestro corazón que siga latiendo? Es una suerte que la enorme mayoría de nuestros principales procesos mentales sean inconscientes porque nos facilita significativamente nuestras vidas.

El psicoanálisis no equivale a psicología

¡La psicología no es sólo el psicoanálisis! Este es uno de los mitos más repetidos sobre esta profesión y en este post lo vamos a desmentir. ¡Entra y descubre-lo!

A nivel cultural y social, solemos asociar que la psicología es el psicoanálisis. De hecho, esta confusión es tan común que me gustaría hablar de lo siguiente: el psicoanálisis no equivale a psicología, es solo uno de sus muchos enfoques. Muy a menudo hemos oído frases del estilo “no me psicoanalices” o “¿y en esta consulta no hay sofá o diván?”. En la mayoría de salas de consulta no hay divanes, sacaos esta idea de la cabeza.

“En la mayoría de consultas no hay divanes”

A menudo (y gracias a los medios de comunicación) solemos relacionar que toda la psicología está ligada al psicoanálisis, que todo se resume a los trabajos de S. Freud y que el trabajo de los psicólogos sólo consiste en pasar pruebas rarísimas y en tomar apuntes. Y aunque comprendo que se haya hecho esta relación, la realidad no es esta.

De hecho, en la psicología clínica, hay múltiples modos de trabajar y tenemos a nuestra disposición distintos enfoques / escuelas psicológicas sobre las que apoyar nuestras investigaciones y trabajos. A modo de resumen, los principales enfoques clínicos son:

  • El Psicoanálisis: se considera el fundador del enfoque clínico y ha sido uno de los más usados al largo de los tiempos. Es el más conocido a nivel social y su trabajo se basa en la terapia individual, mediante pruebas y técnicas propias de su enfoque.
  •  El Humanista: es un enfoque que se basa en los recursos y herramientas de las propias personas que tienen el problema para buscar una solución. Se suele entender más como a un modo de tratar a los pacientes que a una terapia en sí misma, pero eso no le quita que tenga algunas técnicas terapéuticas muy efectivas.
  • Gestalt: la Gestalt es una escuela de la psicología que trabaja con las percepciones y el presente, basando gran parte de su trabajo en el modo en como tratamos y entendemos la información que hay a nuestros alrededor y en nuestras experiencias diarias.
  • Sistémica o familiar: enfoque que se basa en el estudio de las relaciones familiares como sistema único y vivo, entiende que un individuo siempre es la suma de sus interacciones con sus relaciones sociales. Es el principal enfoque en terapia familiar, de pareja e terapia de grupo junto con el enfoque cognitivo – conductual.
  • Conductual: fue el enfoque paradigmático durante gran parte del siglo XX y sus descubrimientos son tales que se usan en publicidad y neuromarketing. Su estudio se basa enteramente en la conducta y en el estímulo – respuesta – consecuencia y el aprendizaje. ¿Os suena el famoso perro de Pavlov? Fue y sigue siendo uno de los grandes de la psicología clínica.
  • Cognitivo: el conductual tuvo un éxito increíble pero dejaba fuera de su ámbito de estudio partes tan importantes del estudio del saber psicológico como la memoria, las sensaciones, las percepciones, los sentimientos o las emociones. En respuesta a este desliz, apareció el enfoque cognitivo y se encargó de ir estudiando todas estas facetas.
  • Cognitivo-Conductual: el enfoque cognitivo-conductual es el enfoque paradigmático de la actualidad, el principal modo de trabajar, estudiar y hacer psicología en el mundo científico actual. ¡Sí, este, y no el psicoanálisis! Ha combinado las mejores aportaciones teóricas y prácticas de ambos estudios (el conductual y el cognitivo) y esté es su resultado final.

Hay mas enfoques y modos de trabajar en la psicología, pero he resumido los principales que yo conozco por utilidad y frecuencia en las terapias. ¿Cuál es la mejor de ellas? En mi opinión personal, una combinación de todas ellas: escoger aquella técnica o enfoque que sea más adecuado para esa persona o ese problema.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

 

Enlaces de referencia:

http://definicion.de/psicoanalisis/
http://reeduca.com/enfoques-humanistas-psicologia.aspx
http://www.institutgestalt.com/html2/index.asp
http://psicodinamico.es/wp-content/?p=639
http://www.cetecova.com/index.php/terapia/que-es-la-terapia-cognitivo-conductual
http://www.sepsiq.org/file/Royal/LA%20TERAPIA%20COGNITIVO-CONDUCTUAL.pdf