Prevención y tratamiento de la ciberadicción

Con este post llegamos al final de esta pequeña trilogía sobre el uso y abuso de las TIC; nos centramos en la prevención y el tratamiento de la ciberadicción ¡Entra y descubre-lo!

Con este post llegamos al final de esta pequeña trilogía sobre el uso y abuso de las TIC; nos centramos en la prevención y el tratamiento de la ciberadicción.

1.Prevención y anticipación a la ciberadicción

Tal y como hemos expuesto en otros post, la prevención siempre es preferible a una intervención ya que resulta más fácil reconducir y superar una dificultad antes de que se vuelva un auténtico problema. Si se han detectado algunos de los factores de riesgo propios de la ciberadicción, lo ideal sería implementar algunas de las pautas que presentamos a continuación.

Para que resulten eficaces, debemos comprender que el uso de las TIC y de las redes sociales impone a los adolescentes y adultos una responsabilidad de doble dirección: los jóvenes pueden adiestrar a los padres en el uso de las nuevas tecnologías, de su lenguaje y sus posibilidades; los padres, a su vez, deben enseñar a los jóvenes a usarlas en su justa medida.

Los padres y educadores deben ayudar a los adolescentes a desarrollar la habilidad de la comunicación cara a cara, lo que, entre otras cosas, supone (Ramón-Cortés, 2010):

  1. Limitar el uso de aparatos y pactar las horas de uso del ordenador.
  2. Fomentar la relación con otras personas.
  3. Potenciar aficiones tales como la lectura, el cine y otras actividades culturales.
  4. Estimular el deporte y las actividades en equipo.
  5. Desarrollar actividades grupales, como las vinculadas al voluntariado.
  6. Estimular la comunicación y el diálogo en la propia familia.

Una buena pauta de prevención a la adicción a las TIC es la limitación del tiempo de conexión a la red en la infancia y la adolescencia

Otros factores serian la limitación del tiempo de conexión a la red en la infancia y adolescencia (no más de 1,5-2 horas diarias, con la excepción de los fines de semana), así como la ubicación de los ordenadores en lugares comunes (el salón, por ejemplo) y el control de los contenidos, constituyen estrategias adicionales de interés (Mayorgas, 2009).

2. Tratamiento psicológico

Cuando la prevención no ha sido posible o no ha resultado eficaz y ya estamos ante una situación de adicción a las TIC, es necesario recorrer a una intervención terapéutica. Des de CienciaPoliticamenteIncorrecta te recomendamos que busques ayuda profesional especializada con este tipo de problemática; con esto queremos decir que las aportaciones de este post no son una terapia en sí mismas si no un conjunto de referencias que pueden ayudar a entender mejor este trastorno y unos pocos recursos para que faciliten una aproximación a un verdadero tratamiento psicológico.

Lo característico de la adicción a Internet es que ocupa una parte central de la vida de la persona que la utiliza. Al margen de la vulnerabilidad psicológica previa (problemas psicopatológicos, tales como la depresión, la fobia social u otros problemas de tipo impulsivo-compulsivo), el abuso de las redes sociales puede provocar una pérdida de habilidades en el intercambio personal (la comunicación personal se aprende practicando), desembocar en una especie de analfabetismo relacional y facilitar la construcción de relaciones sociales ficticias.

El objetivo terapéutico en las adicciones sin drogas es el reaprendizaje de la conducta de una forma controlada. Concluida la intervención terapéutica inicial, los programas de prevención de recaídas, en los que se prepara al sujeto para afrontar las situaciones críticas y para abordar la vida cotidiana de una forma distinta, pueden reducir significativamente el número de recaídas.

Este post no es una intervención terapéutica: si te has dado cuenta de que tienes un problema de adicción debes ir a buscar ayuda professional

Por lo que se refiere al tratamiento, las vías de intervención postuladas son muy similares en todos los casos. A corto plazo, el tratamiento inicial de choque se centra, en una primera fase, en el aprendizaje de respuestas de afrontamiento adecuadas ante las situaciones de riesgo (control de estímulos); y en una segunda fase, en la exposición programada a las situaciones de riesgo (exposición a los estímulos y situaciones relacionados con la conducta adictiva).

Así, por ejemplo, el control de estímulos -un primer paso siempre necesario durante las primeras semanas de tratamiento- se refiere al mantenimiento de una abstinencia total respecto al objeto de la adicción (redes sociales virtuales o juegos interactivos). Y un segundo paso, en una fase posterior, consiste en la exposición gradual y controlada a los estímulos de riesgo. De este modo, un ex adicto a Internet puede, inicialmente bajo el control de otra persona y después a solas, conectarse a la red, estar un tiempo limitado (1 hora, por ejemplo) y llevar a cabo actividades predeterminadas (atender el correo sólo una vez al día a una hora concreta, navegar por unas páginas fijadas de antemano o entrar en una red social), sin quitar horas al sueño y eliminando los pensamientos referidos a la red cuando no se está conectado a ella. Sólo cuando se ha llegado a esta fase decrece la intranquilidad subjetiva y el sujeto adquiere confianza en su capacidad de autocontrol ante las diversas situaciones cotidianas.

Por último, una vez reasumido el control de la conducta, se requiere actuar sobre la prevención de recaídas, lo que implica identificar las situaciones de riesgo, aprender respuestas adecuadas para su afrontamiento y modificar las distorsiones cognitivas sobre la capacidad de control del sujeto. Asimismo hay que actuar sobre los problemas específicos de la persona, planificar el tiempo libre e introducir cambios en el estilo de vida.

Si una persona se mantiene alejada de la adicción durante un período prolongado (1 o 2 años), la probabilidad de recaída disminuye considerablemente. A medida que aumenta temporalmente el control de la conducta y que se es capaz de hacer frente con éxito a las diversas situaciones presentadas en la vida cotidiana, el sujeto experimenta una percepción de control, que aumenta la expectativa de éxito en el futuro (Echeburúa, 1999).

Sin embargo, los problemas respecto al tratamiento de la adicción a Internet distan de estar resueltos en la actualidad. Muchos de los sujetos aquejados con este tipo de trastornos se niegan a reconocer el problema; otros muchos no buscan ayuda terapéutica; otras la solicitan, pero abandonan la terapia al cabo de una o dos sesiones; otros muchos, tras el tratamiento, acaban por recaer; y otros, por último, abandonan los hábitos adictivos por sí mismos, sin ayuda terapéutica.

¡Ahora llega tu turno! ¿Conoces a alguien que pueda necesitar de alguna intervención? ¿Qué opinas sobre las medidas propuestas en este post? No dudes en participar, preguntar cualquier cosa y en dejar tu comentario.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

 

Materiales consultados:

  • Enrique Echeburúa; Paz de Corral (2012). Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto, Universidad del País Vasco; Revista Española sobre Drodependencia. Link de referencia: http://www.redalyc.org/html/2891/289122889001/
  • Becoña, E. (2009). Factores de riesgo y de protección en la adicción a las nuevas tecnologías. En E. Echeburúa, F.J. Labrador y E. Becoña (eds.), Adicción a las nuevas tecnologías en adolescentes y jóvenes (pp. 77-97). Madrid: Pirámide
  • Johansson, A. y Götestam, K.G. (2004). Internet addiction: characteristics of a questionnaire and prevalence in Norwegian youth (12-18 years). Scandinavian Journal of Psychology, 45, 223-229.

 

Los factores de riesgo en la adicción de las TIC

Cuándo empezamos a tener esta dependencia? ¿Cuáles son las características que favorecen el abuso a Internet y a las redes sociales? ¡Entra y descubre-lo!

En el pasado post ¿Adición a las redes sociales? nos planteábamos la situación actual que tenemos respeto a las TIC, sus pros y contras, además de hablar de qué modo nos afecta una ciberadicción. Pero… ¿Cuándo empezamos a tener esta dependencia? ¿Cuáles son las características que favorecen el abuso a Internet y a las redes sociales? En este post, queridos lectores de CienciaPoliticamenteIncorrecta, hablaremos de sus principales factores de riesgo y de las señales de alarma que nos advierten de un consumo abusivo de las TIC. ¡Empecemos!

El primer factor de riesgo está vinculado a la edad de los usuarios: a un nivel demográfico, los adolescentes constituyen un grupo de riesgo porque tienden a buscar sensaciones nuevas y son los que más se conectan a Internet, además de estar más familiarizados con las nuevas tecnologías. Sin embargo, hay personas más vulnerables que otras a las adicciones. De hecho, la disponibilidad ambiental de las nuevas tecnologías en las sociedades desarrolladas es muy amplia y, sin embargo, sólo un reducido número de personas muestran problemas de adicción (Becoña, 2009; Echeburúa y Fernández-Montalvo, 2006; Labrador y Villadangos, 2009).

Como segundo factor de riesgo, encontramos las características de personalidad o estados emocionales que aumentan la vulnerabilidad psicológica a las adicciones: la impulsividad; la disforia (estado anormal del ánimo que se vivencia subjetivamente como desagradable y que se caracteriza por oscilaciones frecuentes del humor); la intolerancia a los estímulos placenteros, tanto físicos (dolores, insomnio o fatiga) como psíquicos (disgustos, preocupaciones o responsabilidades); y la búsqueda exagerada de emociones fuertes son componentes que ayudan a la ciberadicción, ya sea como modo de escapar de la realidad, como un modo de evadirse o simplemente como diversión.

Este factor de riesgo es común con otras adicciones, solo que en esta ocasión se vincula al uso y abuso de las TIC. Hay veces, sin embargo, en que en la adicción subyace un problema de personalidad -timidez excesiva, baja autoestima o rechazo de la imagen corporal, por ejemplo- o un estilo de afrontamiento inadecuado ante las dificultades cotidianas. A su vez, los problemas psiquiátricos previos (depresión, TDAH, fobia social u hostilidad) aumentan el riesgo de engancharse a Internet (Estévez, Bayón, De la Cruz y Fernández-Liria, 2009; García del Castillo, Terol, Nieto, Lledó, Sánchez, Martín-Aragón, et al., 2008; Yang, Choe, Balty y Lee, 2005).

El tercer y último factor de riesgo está relacionado con la situación personal que vive el individuo: se trata de personas que muestran una insatisfacción personal con su vida o que carecen de un afecto consistente y que intentan llenar esa carencia con drogas o alcohol o con conductas sin sustancias (compras, juego, Internet o móviles). En estos casos Internet o los aparatos de última generación actúan como una prótesis tecnológica. Estás personas corren un gran riesgo de hacerse adicto si cuentan con un hábito de recompensas inmediatas, tienen el objeto de la adicción a mano, se sienten presionado por el grupo y están sometidos a circunstancias de estrés (fracaso escolar, frustraciones afectivas o competitividad) o de vacío existencial (aislamiento social o falta de objetivos). De este modo, más que de perfil de adicto a las nuevas tecnologías, hay que hablar de persona propensa a sufrir adicciones.

Las personas que ya tienen un perfil de adicción a otras substancias tienen mayor riesgo de caer en la ciberadicción

Ahora ya conocemos los factores de riesgo. ¿Qué hacemos si tenemos algunos de estos factores? ¿Cómo podemos evitar esta clase de situaciones? ¿En qué debemos fijarnos para saber que corremos el riesgo de padecer una ciberadicción? Pues que nos tenemos que fijar en las señales de alarma.

Las principales señales de alarma que denotan una dependencia a las TIC o a las redes sociales y que pueden ser un reflejo de la conversión de una afición en una adicción son las siguientes (Young, 1998):

  1. Privarse de sueño (<5 horas) para estar conectado a la red, a la que se dedica unos tiempos de conexión anormalmente altos.
  2. Descuidar otras actividades importantes, como el contacto con la familia, las relaciones sociales, el estudio o el cuidado de la salud.
  3. Recibir quejas en relación con el uso de la red de alguien cercano, como los padres o los hermanos.
  4. Pensar en la red constantemente, incluso cuando no se está conectado a ella y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta muy lenta.
  5. Intentar limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, y perder la noción del tiempo.
  6. Mentir sobre el tiempo real que se está conectado o jugando a un videojuego.
  7. Aislarse socialmente, mostrarse irritable y bajar el rendimiento en los estudios.
  8. Sentir una euforia y activación anómalas cuando se está delante del ordenador.

De este modo, conectarse al ordenador nada más llegar a casa, meterse en Internet nada más levantarse y ser lo último que se hace antes de acostarse, así como reducir el tiempo de las tareas cotidianas, tales como comer, dormir, estudiar o charlar con la familia, configuran el perfil de un adicto a Internet. Más que el número de horas conectado a la red, lo determinante es el grado de interferencia en la vida cotidiana (Davis, 2001).

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Pensar constantemente en la red es una de las señales de alarma a la ciberadicción

Como ya habíamos comentado, , la dependencia a Internet o a las redes sociales está ya instalada cuando hay un uso excesivo asociado a una pérdida de control, aparecen síntomas de abstinencia (ansiedad, depresión, irritabilidad) ante la imposibilidad temporal de acceder a la Red, se establece la tolerancia (es decir, la necesidad creciente de aumentar el tiempo de conexión a Internet para sentirse satisfecho) y se producen repercusiones negativas en la vida cotidiana.

En estos casos engancharse a una pantalla supone una focalización atencional, reduce la actividad física, impide diversificar el tiempo un flujo de transrealidad que recuerda la experiencia de las drogas (Greenfield, 2009; Griffiths, 2000).

¡Ahora llega tu turno! ¿Has detectado alguna de estas señales de alarma en ti mismo/a? ¿O en alguien cercano? ¿Estás de acuerdo con los factores de riesgo presentados en este post? No dudes en participar, preguntar cualquier cosa y en dejar tu comentario.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

Materiales consultados:

  • Enrique Echeburúa; Paz de Corral (2012). Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto, Universidad del País Vasco; Revista Española sobre Drodependencia. Link de referencia: http://www.redalyc.org/html/2891/289122889001/
  • Becoña, E. (2009). Factores de riesgo y de protección en la adicción a las nuevas tecnologías. En E. Echeburúa, F.J. Labrador y E. Becoña (eds.), Adicción a las nuevas tecnologías en adolescentes y jóvenes (pp. 77-97). Madrid: Pirámide
  • Johansson, A. y Götestam, K.G. (2004). Internet addiction: characteristics of a questionnaire and prevalence in Norwegian youth (12-18 years). Scandinavian Journal of Psychology, 45, 223-229.