¿Realmente usamos solamente un 10% de nuestra mente?

Lo vemos en películas,
series, en la literatura,
en el mundo del cómic.
¿Hay algo de verdad en esta afirmación? ¿Realmente usamos solamente un 10% de nuestra mente? ¡Entra y descubre-lo!

Des de hace unos años se ha puesto de moda lo de medir el uso “real” que hacemos de nuestro cerebro. Hemos llegado a un punto en el que nos señalan, de forma constante, que solamente usamos alrededor de un 10% de nuestra capacidad cerebral y que, con entrenamiento o con drogas químicas de alto rendimiento, podríamos expandir nuestra inteligencia hasta horizontes más lejanos (“si somos así de listos usando solamente un 10% de nuestras capacidades… ¿hasta dónde podríamos llegar si llegásemos a usar un 50%?).

A raíz de esta propaganda mediática, que podemos observar desde videojuegos y cómics (como los de Brain Training) hasta en telenovelas y cine (como el caso de Lucy), hemos empezado a creer en estos dato y lo hemos ido integrando como una verdad inalterable: realmente solo usamos un 10% de nuestro cerebro y, a medida que vamos progresando y aprendiendo en esta vida, este % va aumentando.

Nada más lejos de la realidad. ¡Siempre usamos el 100% de nuestro cerebro! Y en este post vamos a argumentar el por qué.

Antes que nada, debemos dejar claro qué es la mente. Tal y como ya habíamos comentado en el cerebro y sus lóbulos, nuestra mente es mucho más que lo que tenemos dentro del cráneo. Las ramificaciones neuronales que salen por nuestra columna vertebral y que se extienden a lo largo y ancho de nuestro cuerpo también cuentan como parte de nuestra mente (este hecho se puede observar fácilmente ante casos como los del dolor fantasma o en algunas paraplejias), así como nuestro cerebelo, el bulbo raquítico, las neuronas intramusculares, etc. En resumen: nuestra mente y nuestra inteligencia no es ni depende únicamente de nuestro cerebro.

Segundo, nuestra mente e inteligencia funcionan tanto a nivel consciente como a nivel Inconsciente. Que nosotros no estemos usando voluntariamente algunas áreas de nuestro cerebro o de nuestra mente no implica que no lo estemos utilizando. ¿Qué quizás en este mismo instante estas dándole la orden al corazón para que siga latiendo? ¿Cuándo es la última vez que diste la orden a tus pulmones para que volvieran a respirar?

Ahora mismo, mientras estas leyendo esto, hay activadas las áreas de la comprensión verbal escrita, el área de memoria por el vocabulario y los recuerdo que estas asociando a este texto y también el área de visión ocular que te está permitiendo leer estas palabras… y todo esto lo hace de forma automática, sin que tu des una orden explícita para hacerlo. Y mientras lo hace, estamos usando el 100% de las capacidades que tiene nuestro cuerpo para poder realizar dicha tarea.

Y finalmente, el tercer argumento, que a nuestro juicio es el más importante.

Todas las estructuras neuronales y sus conexiones (y, por generalización, nuestra mente) son muy costosas de mantener a nivel energético. Para seguir en funcionamiento y para garantizar su buen uso, las neuronas consumen enormes cantidades de glucosa; de hecho,  se calcula que alrededor del 40% de lo que comemos diariamente es usado, a modo de combustible, por todas las neuronas del cuerpo.

El cuerpo prioriza qué neuronas son las que más energía necesitan y cuales deben quedar en un segundo plano, de modo que aquellas conexiones neuronales que son usadas en menor frecuencia progresivamente van recibiendo menos energía hasta que llega un día en el que estas neuronas pierden su conexión con las otras, de forma que se pierde la información que tenían almacenadas.

¿Nunca olvidáis las cosas?  ¿Cuántas veces habéis estudiado para un examen en el que os sabíais perfectamente todo el temario y al cabo de dos días no os acordabais ni de la mitad? Ahora mismo, mientras lees este post… ¿cuántas cosas llegas a recordar de lo que comiste ayer? ¿No te ha pasado nunca que después de estar unos meses o años sin practicar un deporte, de repente te has vuelto un autentico patoso cuando antes se te daba bien? Todo esto nos ocurre precisamente porque el cuerpo economiza las neuronas que necesitamos y “elimina” aquellas que ya no usamos.

A nuestro cerebro le pasa lo mismo que a Vin Diesel: si dejamos de entrenarlo, pierde fuerza y se vuelve blando

Al igual que un musculo que cuando más entrenas, más fuerte se vuelve, el cerebro mejora a medida que lo hacemos practicar pero, al mismo tiempo, si lo dejas de entrenar y no lo usas pierde tonicidad y vigor… al cerebro le pasa exactamente lo mismo; cuanto más lo usamos, mejor conexión interneuronal tenemos y, por lo tanto, menor es su eliminación de neuronas inútiles. Pero esto no implica un mayor uso en %, ya independientemente de si lo haces bien o mal, estas utilizando constantemente el 100% de su capacidad.

Con el tiempo, dejamos de recordar determinados conocimientos o perdemos destrezas y habilidades que antes ya teníamos por el simple hecho de haber dejado de hacer dichas actividades, ya que el cuerpo economiza y solamente invierte recursos energéticos en aquello que realmente le ayuda a adaptarse a su entorno. Es imposible que no estemos usando el 100% de nuestra mente, ya que nuestro cuerpo eliminaría, por desuso, aquellas partes que no estuviésemos usando.

En resumen: siempre usamos el 100% de nuestra mente. Independientemente de nuestros conocimientos, de si somos más listos que otros, de si se hace un uso consciente o no… nuestro cuerpo siempre está a tope, dándolo todo para garantizar nuestra buena adaptación y supervivencia al  entorno.

Y vosotros, queridos lectores, os podríais estar preguntado ¿pero si todo el mundo usa siempre el 100% de su inteligencia, porque hay tantas diferencias de intelecto entre unas y otras personas? ¡Ah! Esto ya es material para otro post (si estáis interesados, comentadlo en la caja de comentarios), pero ya os avanzo que tiene relación con la epigenética.

La relación entre los pensamientos, las emociones y el comportamiento

Corazon vs cerebro…
¿seguro que esto funciona así? ¿Quieres conocer la verdadera relación entre lo que piensas, lo que sientes y lo que haces? ¡Entra y descubre-lo!

Este post hablará de la relación que hay entre los pensamientos, las conductas y las emociones, de cómo son parte de un todo y de qué modo interaccionan en nuestra mente.

Considero que en nuestro afán de categorización tendemos a separar una cosa de la otra, enfatizando las pocas diferencias que hay entre ellos a la vez que ignoramos la clara relación existente. ¿Cuántas veces has escuchado “no lo hagas –digo el cerebro…ve a por ella –digo el corazón” o  el clásico “es que lo que pienso y lo que siento no son lo mismo”? Cuando nos sentimos así es porque se produce una disonancia cognitiva.

La disonancia cognitiva es un concepto muy amplio, que trataré con más profundidad dentro de algunos post. A modo de resumen, la entenderíamos como una sensación desagradable causada por sostener dos ideas contradictorias al mismo tiempo; hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones que percibe una persona (nada que ver con una lucha entre órganos dónde el corazón siempre sale victorioso).

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Hay la creencia popular de que el cerebro y el corazón se identifican con la razón y la emoción… nada más lejos de la realidad: todo esta en nuestras cabezas

Los pensamientos, las emociones y el comportamiento son partes de un todo y si están separadas unas de la otras es porque nos gusta diferenciar-las entre ellas. Es cierto que tenemos diferentes estructuras corticales especializadas en unos procesos u otros; por ejemplo, la amígdala es la que genera las emociones mientras que el lóbulo pre frontal es el responsable de nuestros pensamientos voluntarios (ver el post estructuras cerebrales para más detalles) pero lo cierto es que todos estos procesos tienen un origen, una continuación y una finalización cognitiva en nuestro cerebro, de modo que nos encontramos en que toda acción consciente e inconsciente de nuestras acciones pasan siempre por nuestro cerebro.

Las emociones, la conducta y el pensamiento están interrelacionado entre sí: las emociones generan pensamientos que, a su vez, terminan generando conductas de respuesta. Simultáneamente, nuestras propias conductas o las conductas ajenas dan pie a nuevos pensamientos de acción, provocando reacciones emocionales distintas. Por su parte, cualquier pensamiento se crea des de nuestra experiencia y convivencia con nuestro entorno (es decir, des de nuestras conductas), vinculado emociones a esos recuerdos y reflexiones.

Las emociones, pensamientos y conductas son tres vértices de un mismo triangulo

Así pues, las emociones pueden ser más primarias, instintivas y fuertes, pero si tenemos conciencia de ellas es, principalmente, gracias al hecho que se han transformado en pensamiento y podemos reflexionar y razonar sobre ellas.

Por su parte, resulta casi imposible encontrar alguna conducta que no tenga una base emotiva como motor no solo de generarla, sino además de mantener y adaptar-la a las condiciones del entorno. Comer, dormir, jugar, hablar, relacionar-se, trabajar,… siempre lo hacemos pensado en algo y teniendo una emoción en mente. “Trabajo de psicólogo porque me siento realizado”, “no como pescado porque me da asco”, “no quiero subir a esta atracción porque me da miedo”, etc. Para cada comportamiento hay una base emocional… ya sea motivación, desagrado o un objetivo concreto.

En conclusión: las emociones, pensamientos y conductas son tres vértices de un mismo triangulo en el que no pueden existir unas sin los procesos de las otras. Ser conscientes que este hecho ayuda enormemente a organizar y programar terapias psicológicas, así como de validar los métodos intervenidos que trabajas los mismos problemas des de ángulos distintos.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

La plasticidad cerebral

El motivo por el que aprendemos, por el que maduramos, por el que progresamos: la plasticidad cerebral. ¿Quieres conocer más sobre este tema? ¡Entra y descubre-lo!

El cerebro es un órgano increíble. En anteriores post hemos hablado de su estructura biológica y también de su funcionamiento a nivel de automatización. En este trataremos a una de sus características orgánicas más importantes: la plasticidad cerebral.

Nos referimos a la  plasticidad cerebral como aquella  capacidad del sistema nervioso para cambiar su estructura y su funcionamiento a lo largo de su vida, como reacción a la diversidad del entorno. También es entendida como la capacidad de las células nerviosas para regenerarse anatómica y funcionalmente como consecuencia de estimulaciones ambientales.

Dicho en otras palabras, la plasticidad es la habilidad que tiene el cerebro a modificar parte de su capacidad y funcionamiento según las necesidades del entorno, permitiendo a todo el sistema nervioso del cuerpo que se adapte a las necesidades bilógicas de cada sujeto y contexto.

La plasticidad cerebral es la responsable de que ningún cerebro sea igual a otro, de que cada persona reaccione de forma distinta ante una misma situación y de que cada individuo tenga sus propios conocimientos y habilidades. Por si fuera poco, esta capacidad tiene momentos puntuales de desarrollo dónde durante determinadas etapas permite la adquisición de aprendizajes complejos.

Al entrenar nuestro cerebro conseguimos que sea más resistente, rápido y más fuerte  

Por ejemplo, se sabe que hay un periodo de edad en la infancia situado entre los 8-9 meses y los 14-16 meses que es el momento clave en el desarrollo de los seres humanos para aprender a hablar la lengua materna. Antes de este periodo, el cerebro no tiene la suficiencia madurez como para asimilar toda la información; por otra parte, si no ha habido la estimulación ambiental necesaria durante intervalo el cerebro pierde gran parte de su capacidad de aprendizaje de los códigos comunicativos y de las normas estructurales propias del lenguaje, dando pie a futuros adultos que a duras penas serán capaces de hablar.

En conclusión, el cerebro adapta, en parte, su estructura y enlaces neuronales a los estímulos ambientales. Es por eso que las personas que viven más experiencias, que hacen deporte activamente, que han estudiado más cosas o han aprendido de distintos campos del conocimiento tienen redes neuronales más extensas, más ramificadas y más densas. Eso incrementa las habilidades mentales cómo la inteligencia, la memoria o los procesos ejecutivos, además de que previene de trastornos neurodegenerativos tales como las demencias, las amnesias por la edad o trastornos psicomotores como el Parkinson.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

El inconsciente

El inconsciente es un de los elementos más conocidos de la psicología. Es por esto que no podía faltar en nuestro blog. ¿Quieres saber más? ¡Entra y descubre-lo!

Aprovecho que he hablado del cerebro, su funcionamiento y sus partes en el post anterior para hablar sobre un concepto sobre el que la gente suele hablar mucho sin conocer su verdadero funcionamiento: el inconsciente.

El inconsciente es un concepto creado e ideado por S. Freud  pero la forma en que argumentó su existencia y cómo funciona, aunque fueran una revolución en su momento, no estaba ausente de unos cuantos errores importantes.

Antes de empezar debemos aclarar que hay dos modos distintos de entender qué es el inconsciente des de la psicología: el inconsciente (o subconsciente) psicoanalista, que sigue las ideas propuestas por Freud, y el inconsciente del enfoque cognitivo-conductual. En este post trataremos el segundo enfoque que es el demostrado de forma empírica y, por lo tanto, el más científico.

Gracias los avances tecnológico, el uso de las técnicas de neuroimagen y las pruebas de evaluación de la neuropsicología hemos aprendido más acerca de los processos que realiza la mente, dando  a  de entender nueva forma de cómo el cerebro funciona de forma automática sin que nosotros lo controlemos de forma consciente.

A menudo la gente se piensa que el inconsciente es una parte del cerebro como cualquiera de las otras estructuras del encéfalo, que es el encargado de hacer procesos psicológicos sin requerimiento de nuestro control voluntario… como si fuera una mezcla entre de emociones primarias e instintos básicos que salen a floten cuando perdemos el control. Nada más lejos de la realidad.

El inconsciente es un constructo verbal, una palabra que en psicología usamos para englobar todas aquellas estructuras cerebrales que funcionan sin que nosotros tengamos un acceso deliberado de nuestra consciencia y control. Por definición, el inconsciente se entendería como todas aquellas estructuras cerebrales corticales y subcorticales a excepción del lóbulo frontal, algunas áreas del lenguaje y de la memoria. Dicho en breve: entre el 70% y el 85 % de nuestro cerebro funciona de forma automática y sin nuestro control subjetivo, de modo que la enorme mayoría de nuestro cerebro funciona de forma inconsciente.

Gran parte de nuestro cerebro funciona sin que nosotros tengamos consciencia de ello 

La creación de emociones, las percepciones sensoriales que recibimos a diario tales como las imágenes, los sonidos o el tacto, el almacenamiento de memoria y recuerdos, la creación/renovación de la neuronas, la integración de información de nuestro entorno, … son solo unos pocos ejemplos de procesos cognitivos y psicológicos que hacemos de forma inconsciente. Se hacen de modos simultáneos pero des de distintas áreas del cerebro, de modo que el inconsciente no es un punto del cerebro… es una gran red neuronal que conecta estructuras corticales que trabajan coordinadamente entre ellas de modo automático. Sin consciencia. Sin intención voluntaria de nosotros mismos.

Esto es bueno, porque nos permite adaptar-nos mejor al entorno en que vivimos. ¿Cómo podríamos dormir si la respiración no fuera controlada de modo inconsciente? ¿Os imagináis ordenar a vuestro corazón que siga latiendo? Es una suerte que la enorme mayoría de nuestros principales procesos mentales sean inconscientes porque nos facilita significativamente nuestras vidas.

El cerebro y sus lóbulos

Es imprescindible hablar del cerebro cuando queremos hacer un buen acercamiento a la psicología. En este caso, nos vamos a centrar es su estructura orgánica y en sus lóbulos. ¿Quieres saber más? ¡Entra y descubre-lo!

Este es un blog de psicología y, como tal, es necesario hablar del cerebro ¿verdad? Este gran órgano que tenemos situado dentro del cráneo es el centro de control y organización de todo nuestro cuerpo, además de ser el principal responsable de los procesos psicológicos más importantes, cómo la memoria, la consciencia, las emociones, la atención, la motivación, el aprendizaje, el lenguaje, la toma de decisiones, la sensibilidad de nuestros sentidos, el control executivo de nuestro cuerpo y un largo etc.

Cualquier afectación en el cerebro tiene efectos físicos y psicológicos directos en el funcionamiento de nuestros cuerpos, de modo que resulta imposible poder tratar temas de psicopatología, de trastornos psicológicos o tratamientos psicofármacos sin haber estudiado previamente las partes del cerebro y sus funciones. Es precisamente por este motivo que el tema de este texto será el cerebro, sus lóbulos y sus estructuras subcorticales.

Aún con todo lo anterior mencionado, muy a menudo no conocemos cómo funciona nuestro cerebro. ¿Cómo se estructura? ¿Dónde encontramos la memoria? ¿De dónde nacen las emociones? En este texto se contará de forma breve las principales estructuras que hay en el cerebro y funciones más relevantes.

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La división del cerebro en lóbulos

El cerebro se suele dividir en lóbulos, que son parte de la corteza cerebral que subdivide el cerebro según sus funciones. Estos lóbulos son:

Lóbulo frontal
Sus funciones se relacionan con la atención, la memoria a largo plazo y la capacidad de planificar la propia acción mediante la elección y el establecimiento de objetivos. También es responsable del mecanismo que permite comparar hechos o cuerpos y llegar a conclusiones sobre semejanzas y diferencias entre ellos. Sus principales áreas son la de Broca, el pre frontal y el pre central.

Lóbulo temporal
EL lóbulo temporal presenta múltiples relaciones en funciones de sensaciones y percepciones auditivas, almacenamiento de la información y del tono afectivo y emotivo de la conducta humana. Las lesiones en el lóbulo temporal pueden presentar alteraciones neuropsicológicas. Sus principales zonas son el área temporal medial y la Amígdala.

Lóbulo parietal
Se encarga de distinguir las estimulaciones realizadas por el tacto, la presión, el calor, el frío, etc. El lóbulo parietal es el responsable de la comprensión numérica, la auto percepción de los diferentes órganos y extremidades así como de su interrelación, la manipulación de los objetos, la integración de la información audiovisual y el seguimiento de los objetos con los ojos, así como de la lectoescritura. Sus principales áreas son las de asociación, la somotoestética primaria y la Wernike

Lóbulo occipital
Hay un lóbulo occipital en cada hemisferio cerebral. Es el centro de la visión del córtex visual y su función es la de procesar las imágenes, las cuales son captadas por la retina del glóbulo ocular y enviadas al lóbulo occipital a través del nervio óptico. El lóbulo occipital es el responsable del procesamiento visual, la discriminación del movimiento, la percepción y diferenciación de los colores y el reconocimiento de figuras/objetos (es por este motivo que los daños al occipital pueden provocar la pérdida de la visión). El lóbulo occipital se encarga de la integración de las imágenes desde su percepción en la vía visual desde los ojos.

 

 

Otras estructuras cerebrales

El cerebro tiene distintas capas de profundidad, donde los lóbulos cerebrales son considerados las estructuras corticales. Todas aquellas estructuras que constituyen el cerebro pero des de capas más profundas son las estructuras subcorticales, que se encuentran situadas en el interior del córtex cerebral.  Las principales estructuras subcorticales son:

Los ganglios basales: están constituidos por cuatro masas de sustancia gris, y su función es facilitar el control de la postura y el movimiento.

Los talamos: es una masa grande de sustancia gris, desde un punto de vista motor, tiene la función de facilitar e inhibir impulsos motores del córtex cerebral.

El cerebelo: ocupa el compartimento posterior del cráneo, situado detrás de la protuberancia y el bulbo raquídeo, sus funciones motoras son: el control postural y la coordinación motora de los movimientos voluntarios y automáticos.

El tronco encefálico: está dividido en tres segmentos:
– Mesencéfalo: es un lugar de paso de tratos nerviosos que unen las estructuras situadas encima y debajo de esta parte del cerebro.
– Protuberancia: por su interior circulan las vías aferentes, en dirección a los pedúnculos cerebrales y el cerebro, y las vías eferentes, hacia el bulbo raquídeo y la médula espinal.
–  Bulbo raquídeo: regula funciones imprescindibles para la vida del organismo (centros reflejos de la respiración, la frecuencia cardiaca y el sistema vasomotor).

La médula espinal: es la parte inferior del sistema nervioso central (SNC), que es dónde se aloja en el conducto raquídeo y va extendiéndose a lo largo de la columna vertebral. La médula espinal es un lugar de paso de las grandes vías de conducción de impulsos nerviosos que van de los centros cerebrales en la periferia y viceversa.

La sustancia gris: corresponde a núcleos neuronales de carácter sensitivo, vegetativo y motor, como las motoneuronas alfa y las motoneuronas gamma.

La sustancia blanca: forma parte de las agrupaciones de fibras mielíticas que circulan por la médula espinal, tanto en sentido ascendente como en sentido descendente.