TDAH Trastorno de deficit de atención e hiperactividad

Seguimos con los trastornos psicológicos en la sección del blog de la Salud Mental. Esta vez, lectores de CienciaPoliticamenteIncorrecta, nos vamos a centrar en el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (o TDAH). ¿En qué consiste este trastorno? ¡Entra y descubre-lo!

Seguimos con los trastornos psicológicos en la sección del blog de la Salud Mental. Esta vez, lectores de CienciaPoliticamenteIncorrecta, nos vamos a centrar en el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (o TDAH). ¿En qué consiste este trastorno? ¿Realmente hay tantos casos diagnosticados? ¿En qué debemos fijar-nos para identificar este trastorno? A lo largo de este post vamos a resolver todas estas preguntas… ¡y más!

Los trastornos por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) vienen definidos por la presencia de tres síntomas fundamentales: 1. Disminución de la atención. 2. Impulsividad. 3. Hiperactividad.

En realidad es mucho más que un trastorno: es un síndrome de grandes dimensiones, que alcanza una gran cantidad de aspectos en la vida de la persona que lo tiene. Al entender el TDAH como un conjunto de síntomas que se presentan juntos y son característicos de una enfermedad o de un cuadro patológico determinado, en los últimos tiempos ha aumentado la importancia de los trastornos de comorbilidad (de los que hablamos en la parte final del post), ya que juegan un papel fundamental sobre el tratamiento y el enfoque que vamos a seguir en el TDAH.

 

El TDAH, como síndrome, es un cuadro orgánico con origen en las deficiencias anatómico-biológicas que afectan preferentemente a ciertas estructuras cerebrales. La causa puede ser tanto genética como adquirida, pero en ambas circunstancias con la misma base bioquímica como origen del trastorno; más de un 70% de las personas que lo adquieren tienen algún familiar directo con quien comporten el TDAH (Cook EHJ, Stein  MA; 1995).

Criterios clínicos y prevalencia del TDAH

La prevalencia global de los TDAH en sus diversas formas entre el 3-7%, aunque parece claro que existe un gran margen de variabilidad en función de la edad, el sexo, el nivel sociocultural, los subtipos, etc. Los niños están más afectados que las niñas (2,5:1), aunque esta diferencia se va acortando con un incremento cada vez mayor en la identificación de niñas. La prevalencia más alta la encontramos en el rango de edad de 6-9 años.

Las afectaciones en las funciones ejecutivas, los problemas de praxis o las dificultades de relación son otros síntomas a tener en cuenta del TDAH

Por su lado, los criterios diagnósticos del DSM-5 son:

Criterio A

Patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere con el funcionamiento o desarrollo que se caracteriza por (1) y/o (2):

  1. Inatención

Seis (o más) de los siguientes síntomas se han mantenido durante al menos 6 meses en un grado que no concuerda con el nivel de desarrollo y que afecta directamente las actividades sociales y académicas/laborales:

NOTA: Los síntomas no son sólo una manifestación del comportamiento de oposición, desafío, hostilidad o fracaso para comprender las tareas o instrucciones. Para adolescentes mayores y adultos (a partir de 17 años de edad), se requiere un mínimo de 5 síntomas.

  1. Con frecuencia falla en prestar la debida atención a los detalles o por descuido se cometen errores en las tareas escolares, en el trabajo o durante otras actividades (por ejemplo, se pasan por alto o se pierden detalles, el trabajo no se lleva a cabo con precisión).
  2. Con frecuencia tiene dificultades para mantener la atención en tareas o actividades recreativas (por ejemplo, tiene dificultad para mantener la atención en clases, conversaciones o lectura prolongada).
  3. Con frecuencia parece no escuchar cuando se le habla directamente (por ejemplo, parece tener la mente en otras cosas, incluso en ausencia de cualquier distracción aparente).
  4. Con frecuencia  no sigue las instrucciones y no termina las tareas escolares, los quehaceres o los deberes laborales (por ejemplo, inicia tareas pero se distrae rápidamente y se evade con facilidad).
  5. Con frecuencia tiene dificultad para organizar tareas y actividades (por ejemplo, dificultad para gestionar tareas secuenciales; dificultad para poner los materiales y pertenencias en orden; descuido y desorganización en el trabajo; mala gestión del tiempo; no cumple los plazos).
  6. Con frecuencia evita, le disgusta o se muestra poco entusiasta en iniciar tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido (por ejemplo tareas escolares o quehaceres domésticos; en adolescentes mayores y adultos, preparación de informes, completar formularios, revisar artículos largos).
  7. Con frecuencia pierde cosas necesarias para tareas o actividades (por ejemplo, materiales escolares, lápices, libros, instrumentos, billetero, llaves, papeles de trabajo, gafas, móvil).
  8. Con frecuencia se distrae con facilidad por estímulos externos (para adolescentes mayores y adultos, puede incluir pensamientos no relacionados).
  9. Con frecuencia olvida las actividades cotidianas (por ejemplo, hacer las tareas, hacer las diligencias; en adolescentes mayores y adultos, devolver las llamadas, pagar las facturas, acudir a las citas).

 

Frecuencia de la inatención según el sexo

 

  1. Hiperactividad e Impulsividad

Seis (o más) de los siguientes síntomas se han mantenido durante al menos 6 meses en un grado que no concuerda con el nivel de desarrollo y que afecta directamente las actividades sociales y académicas/laborales:

NOTA: Los síntomas no son sólo una manifestación del comportamiento de oposición, desafío, hostilidad o fracaso para comprender las tareas o instrucciones. Para adolescentes mayores y adultos (a partir de 17 años de edad), se requiere un mínimo de 5 síntomas.

  1. Con frecuencia juguetea o golpea con las manos o los pies o se retuerce en el asiento.
  2. Con frecuencia se levanta en situaciones en que se espera que permanezca sentado (por ejemplo, se levanta en clase, en la oficina o en otro lugar de trabajo, en situaciones que requieren mantenerse en su lugar.
  3. Con frecuencia corretea o trepa en situaciones en las que no resulta apropiado. (Nota: En adolescentes o adultos, puede limitarse a estar inquieto.).
  4. Con frecuencia es incapaz de jugar o de ocuparse tranquilamente en actividades recreativas.
  5. Con frecuencia está “ocupado”, actuando como si “lo impulsara un motor” (por ejemplo, es incapaz de estar o se siente incómodo estando quieto durante un tiempo prolongado, como en restaurantes, reuniones; los otros pueden pensar que está intranquilo o que le resulta difícil seguirlos).
  6. Con frecuencia habla excesivamente.
  7. Con frecuencia responde inesperadamente o antes de que se haya concluido una pregunta (por ejemplo, termina las frases de otros; no respeta el turno de conversación).
  8. Con frecuencia le es difícil esperar su turno (por ejemplo, mientras espera una cola).
  9. Con frecuencia interrumpe o se inmiscuye con otros (por ejemplo, se mete en las conversaciones, juegos o actividades; puede empezar a utilizar las cosas de otras personas sin esperar o recibir permiso; en adolescentes y adultos, puede inmiscuirse o adelantarse a lo que hacen los otros).

 

Frecuencias de la hiperactividad e impulsividad según el sexo

 

Criterio B

Algunos síntomas de inatención o hiperactivo-impulsivos estaban presentes antes de los 12 años.

Criterio C

Varios síntomas de inatención o hiperactivo-impulsivos están presentes en dos o más contextos (por ejemplo, en casa, en el colegio o el trabajo; con los amigos o familiares; en otras actividades).

Criterio D

Existen pruebas claras de que los síntomas interfieren con el funcionamiento social, académico o laboral, o reducen la calidad de los mismos.

Criterio E

Los síntomas no se producen exclusivamente durante el curso de la esquizofrenia o de otro trastorno psicótico y no se explican mejor por otro trastorno mental (por ejemplo, trastorno del estado de ánimo, trastorno de ansiedad, trastorno disociativo, trastorno de la personalidad, intoxicación o abstinencia de sustancias).

Frecuencias combinadas de todas las formas del TDAH según el sexo

 

¡Importante! En función de los resultados se podrán clasificar las siguientes presentaciones:

  • Presentación combinada: Si se cumplen el Criterio A1 (inatención) y el Criterio A2 (hiperactividad-impulsividad) durante los últimos 6 meses.
  • Presentación predominante con falta de atención: Si se cumple el Criterio A1 pero no se cumple el criterio A2 (hiperactividad-impulsividad) durante los últimos 6 meses.
  • Presentación predominante hiperactiva/impulsiva: Si se cumple el Criterio A2 (hiperactividad-impulsividad) y no se cumple el Criterio A1 (inatención) durante los últimos 6 meses.

 

Otros datos de interés del TDAH: las comorbilidades

Cuando decimos que el TDAH se presenta frecuentemente con otros trastornos comórbidos, hablamos de que el TDAH en muchas ocasiones no se presenta sólo, sino que aparece junto a otros trastornos psiquiátricos. Esto es así en el 70% de los casos de TDAH.

Imagen relacionada

El TDAH suele presentarse con otros trastornos o dificultades cognitivas

De hecho,  una persona con TDAH tiene de 6 a 7 veces más probabilidades de tener otro trastorno psiquiátrico o trastorno del aprendizaje. Cuando el TDAH se asocia a otros trastornos, con frecuencia se complica el diagnóstico, empeora la evolución y la respuesta al tratamiento es menor.

  • Trastorno Negativista Desafiante 50%
  • Trastorno del sueño 50%
  • Trastorno de la conducta 40%
  • Trastorno de ansiedad 30%
  • Tics 11%
  • Trastorno del ánimo 4%

 *Adaptado de la GPCM del Ministerio de Sanidad Política Social e Igualdad, 2010.

Así pues, el TDAH suele estar asociado con otras dificultades además de las características comentadas en los criterios diagnósticos. En su conjunto, acaba generando que sea más complicado identificar los objetivos a trabajar y de qué modo es mejor encara la futura terapia.

¡Ahora llega tu turno! ¿Te gustaría saber más acerca del TDAH? ¿Qué trastorno psicológico te gustaría que tratásemos en esta sección? No dudes en participar, preguntar cualquier cosa y en dejar tu comentario.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

 

Materiales consultados:

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El Trastorno Obsesivo – Compulsivo (TOC)

El Trastorno obsesivo-compulsivo (o TOC). ¿En qué consiste este trastorno? ¿Qué ideas repetitivas se pueden llegar a considerar como “obsesión”? ¿En qué debemos fijar-nos para identificar este trastorno? ¡Entra y descubre-lo!

Seguimos con los trastornos psicológicos en la sección del blog de la Salud Mental. Esta vez, lectores de CienciaPoliticamenteIncorrecta, nos vamos a centrar en el Trastorno obsesivo-compulsivo (o TOC). ¿En qué consiste este trastorno? ¿Qué ideas repetitivas se pueden llegar a considerar como “obsesión”? ¿En qué debemos fijar-nos para identificar este trastorno? A lo largo de este post vamos a resolver todas estas preguntas… ¡y más!

 

¿De dónde nacen las obsesiones? Los pensamientos intrusos

Cuando queremos dejar de pensar en algo podemos pensar en lo que queramos; podemos traer controladamente a nuestra mente cualquier idea pero… ¿Qué pasa si queremos dejar de pensar en algo?

Wegner y Wenzlaff (2000), en su estudio sobre los pensamientos intrusos que todos tenemos, demostró empíricamente que cuanto más nos esforzamos por evitarlos más probabilidad tenemos de que aparezcan. Se da así lo que Wegner llama el “control irónico”, que consiste en que, cuando nos queremos asegurar de que un pensamiento no está en nuestra cabeza, tenemos que comparar lo que la ocupa en ese momento con el pensamiento que queremos evitar. La única forma de hacer la comparación es recreando de nuevo en nuestra mente el pensamiento que queremos eliminar.

Normalmente ese tipo de pensamientos no interfiere en nuestro quehacer cotidiano porque, cuando aparecen, como no nos importan, no intentamos quitarlos de nuestra cabeza y podemos llevar voluntariamente nuestra mente a otros menesteres, sin preocuparnos si hemos dejado de pensar en ellos o no, con lo que no tenemos que comprobar que no están.

Una obsesión fácil de reconocer es la de no saber cuando una cosa no esta lo suficientemente limpia

El pensamiento nos prepara para la acción; por eso, algunas veces pensar en hacer algo nos puede llevar a creer que efectivamente lo vamos a hacer. Por eso, si nos apareciese un pensamiento muy amenazante como “puedo matar a alguien” o “puedo pegar una enfermedad a mi hijo pequeño”, podemos estar tentados de suprimirlo a toda costa, encontrándonos ante el proceso descrito de aumentar su frecuencia. Y en estos pensamientos no deseados y que no conseguimos eliminar de nuestra mente es donde se empiezan a gestar las obsesiones.

El miedo a causar mal a alguien, al contagio de enfermedades, al juicio negativo, etc. pueden ser pensamientos que causan ansiedad y que se pueden querer neutralizar con rituales, que son conductas que intentan infructuosamente neutralizar la ansiedad, como lavarse las manos, chequear si lo que se ha hecho está suficientemente bien, etc. El problema es que el objetivo no es saber si se está suficientemente limpio o si las cosas están ya hechas, sino si el sentimiento de ansiedad ha desaparecido o no, lo que perpetúa la conducta.

 

¿La solución o una parte del problema? Los rituales

Para paliar la ansiedad que se siente, por el pensamiento o la sensación temidos, quien genera un trastorno obsesivo compulsivo comienza a hacer rituales. Por ejemplo, si preocupación es saber cómo llegar a un sitio nuevo, repite una y otra vez el camino que debe seguir para llegar; cuando piensa que algo puede tener bacterias peligrosas, lo lava una y otra vez, etc. Solamente acaba de hacer los rituales cuando deja de sentir ansiedad.

El problema es que los rituales son una forma muy poco eficaz de eliminar la ansiedad y ellos mismos se convierten en fuente de malestar, porque finalmente sienten que no pueden evitar hacerlos. Es por esto que los rituales (que clínicamente reciben el nombre de compulsiones) aparecen inicialmente como una estrategia que intenta lidiar con las dificultades de los pensamientos intrusivos, pero terminan por ser un problema en sí mismos que acompañan dichas obsesiones.

La compulsión (o rituales) son una parte del problema del TOC: la una alimenta a la otra en un circulo vicioso 

Criterios clínicos y prevalencia del TOC

La prevalencia a lo largo de la vida de este padecimiento es del 2 al 3 % y la prevalencia anual se sitúa entre el 1,5 y el 2,1 %. Aunque el TOC suele iniciarse en la adolescencia o a principios de la edad adulta, del 30 al 50 % de los casos de adultos reportan inicio de sus síntomas durante la infancia. Los estudios de frecuencia y características clínicas del trastorno en poblaciones de habla hispana son escasos.

Por su lado, los criterios diagnósticos del DSM-5 son:

Criterio A

La persona tiene obsesiones y/o compulsiones.

Las obsesiones se definen por 1, 2, 3 y 4:

1. pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan en algún momento del trastorno como intrusos e inapropiados, y causan ansiedad o malestar significativos

2. los pensamientos, impulsos o imágenes no se reducen a simples preocupaciones excesivas sobre problemas de la vida real

3. la persona intenta ignorar o suprimir estos pensamientos, impulsos o imágenes, o bien intenta neutralizarlos mediante otros pensamientos o actos

4. la persona reconoce que estos pensamientos, impulsos o imágenes obsesivos son el producto de su mente (y no vienen impuestos como en la inserción del pensamiento)

Las compulsiones se definen por 1 y 2:

1. comportamientos (p. ej., lavado de manos, puesta en orden de objetos, comprobaciones) o actos mentales (p. ej., rezar, contar o repetir palabras en silencio) de carácter repetitivo, que el individuo se ve obligado a realizar en respuesta a una obsesión o con arreglo a ciertas reglas que debe seguir estrictamente

2. el objetivo de estos comportamientos u operaciones mentales es la prevención o reducción del malestar o la prevención de algún acontecimiento o situación negativos; sin embargo, estos comportamientos u operaciones mentales o bien no están conectados de forma realista con aquello que pretenden neutralizar o prevenir o bien resultan claramente excesivos

Criterio B

En algún momento del curso del trastorno, la persona ha reconocido que estas obsesiones o compulsiones resultan excesivas o irracionales. Nota: Este punto no es aplicable en los niños.

Criterio C

Las obsesiones o compulsiones provocan un malestar clínico significativo, representan una pérdida de tiempo (suponen más de 1 hora al día) o interfieren marcadamente con la rutina diaria del individuo, sus relaciones laborales (o académicas) o su vida social.

Criterio D

Si hay otro trastorno, el contenido de las obsesiones o compulsiones no se limita a él (p. ej., preocupaciones por la comida en un trastorno alimentario, arranque de cabellos en la tricotilomanía, inquietud por la propia apariencia en el trastorno dismórfico corporal, preocupación por las drogas en un trastorno por consumo de sustancias, preocupación por estar padeciendo una grave enfermedad en la hipocondría, preocupación por las necesidades o fantasías sexuales en una parafilia o sentimientos repetitivos de culpabilidad en el trastorno depresivo mayor).

Criterio E

El trastorno no se debe a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o de una enfermedad médica.

Especificar si: Con poca conciencia de enfermedad: si, durante la mayor parte del tiempo del episodio actual, el individuo no reconoce que las obsesiones o compulsiones son excesivas o irracionales.

El diagnóstico también debe indicar:

Si la persona con TOC comprende que los pensamientos obsesivo compulsivos pueden no ser ciertos, o si está convencida de que son verdaderos (por ejemplo, es posible que alguien sepa que no es necesario revisar la estufa [cocina] 30 veces, pero que sienta que debe hacerlo de todas maneras).

Indicar si una persona con TOC tiene o ha tenido un trastorno de tic. Las personas con TOC y con trastornos de tics tienden a diferenciarse de aquellas sin antecedentes de trastornos de tics respecto de sus síntomas, la presencia de otros trastornos y la manera en que se manifiesta el TOC en la familia.

Para cumplir los criterios del TOC hace falta presentar obsesiones (cr.A1) y/o compulsiones (cr.A2)

Otros datos de interés acerca del TOC

El componente cognitivo en el trastorno obsesivo compulsivo es claro y por ello se le ha dedicado una atención especial a los problemas cognitivos asociados (Cuttler y Graf, 2009; Makarian y otros, 2010; Dek y otros, 2010).

La aparición temprana del trastorno hace suponer que se den asociados a él problemas de funcionamiento cognitivo de los pacientes. Así se están encontrando problemas cognitivos asociados al trastorno obsesivo compulsivo como dificultades en la memoria proactiva, la que trata de recordar que se tiene que hacer determinada cosa, por ejemplo, cerrar la puerta al irse de casa, en la capacidad de tomar decisiones, la capacidad de organizar planificar y resolver problemas con rapidez.

Dentro de la forma de entender y comprender los trastornos obsesivo-compulsivos está reconocida la dificultad que tienen estos pacientes para tomar decisiones, así como la creencia y sentimiento de que el pensamiento lleva obligatoriamente a la acción, la intolerancia a la incertidumbre, y la responsabilidad desmedida. Actualmente se están teniendo en cuenta otros factores que pueden contribuir a mejorar su tratamiento.

Para finalizar, también es importante saber diferenciar perfeccionismo dentro del TOC. El perfeccionismo de las personas que tienen un trastorno obsesivo compulsivo se refiere a la idea y el sentimiento de que la acción no se ha realizado suficientemente bien. Entonces debe repetir la acción hasta sentirse bien. El problema del ritual no es que la persona no sepa que ha realizado la acción y que está hecha; sino que no está suficientemente bien hecha para que él deje de sentir ansiedad.

Por supuesto, en el tratamiento cognitivo conductual se ha de hacer el análisis funcional para determinar cuáles de estas características se dan en ese paciente en concreto o si se dan otras diferentes, porque la conducta humana sobrepasa cualquier modelo que se haga y es preciso analizarla en detalle en cada caso.

¡Ahora llega tu turno! ¿Te gustaría saber más acerca del TOC? ¿Qué trastorno psicológico te gustaría que tratásemos en esta sección? No dudes en participar, preguntar cualquier cosa y en dejar tu comentario.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

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¿En que nos basamos para hacer los diagnósticos?

¿Como catalogamos los trastornos psicológicos? ¿Hay algún modo concreto de hacer diagnósticos? Vamos a hablar de todo esto y del DSM-5 en este post. ¡Entra y descubre-lo!

En vistas a la nueva sección del blog: Salud mental y los Trastornos psicológicos, hemos considerado importante hablar, antes que de cualquier cosa, de en qué se basa la comunidad científica para decir si una cosa u otra es un trastorno mental. Para hacer-lo, vamos a hablar acerca del manual de proceso diagnóstico DSM-5. Así que ¿Qué es el DSM-5?

El DSM-5 es como la Biblia de los diagnósticos de los trastornos mentales: todos los profesionales que nos dedicamos a la rama más clínica lo usamos como referencia y como herramienta indispensable. Es lo que le da rigor científico a nuestros dictámenes y es un libro que cuenta con el reconocimiento y la fiabilidad internacional sobre el tema. Dicho en otras palabras: el DSM ES EL LIBRO del trastorno mental y ahora mismo estamos en su quinta edición.

El DSM-5 es la quina edición sobre los trastornos mentales

Si esta es la quinta edición es porque los trastornos mentales y el modo de entenderlos y de clasificar-los por la comunidad científica ha ido variando a lo largo del tiempo. Tanto es así que, en cada actualización, algunos trastornos cambian parte de sus criterios de diagnóstico, otros son absorbidos en categorías más amplias e, incluso, algunos trastornos cambian su nombre o son eliminados por dejarse de considerar como tal.

Así pues, esta nueva edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM5), es la obra más completa y actualizada de la práctica clínica, a disposición de los médicos especializados en salud mental e investigadores. La información que ofrece este manual es también útil para otros profesionales de la especialidad; además de los psicólogos también lo suelen usar los terapeutas ocupacionales, los enfermeros, los trabajadores sociales, médicos forenses y especialistas legales. Y su función es la de definir y clasificar los trastornos mentales con el objetivo de mejorar los diagnósticos, tratamientos y en la investigación.

Clasificación del DSM-5

El DSM-5, como libro que es, cuenta con su propio Prefacio, su introducción, su modo de utilización y su apartado de Conceptos básicos, entre otras secciones. Como estos apartados son inherentes al libro, no vamos a tratar-los en este post, así que nos centraremos principalmente en como divide y engloba a los distintos trastornos. Esta clasificación se encuentra en la Sección II. Criterios y códigos diagnósticos y cataloga a los trastornos mentales del siguiente modo:

  1. Trastornos del neurodesarrollo
  2. Espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos
  3. Trastorno bipolar y trastornos relacionados
  4. Trastornos depresivos
  5. Trastornos de ansiedad
  6. Trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos relacionados
  7. Trastornos relacionados con traumas y factores de estrés
  8. Trastornos disociativos
  9. Trastornos de síntomas somáticos y trastornos relacionados
  10. Trastornos de la conducta alimentaria y de la ingesta de alimentos
  11. Trastornos de la excreción
  12. Trastornos del sueño-vigilia
  13. Disfunciones sexuales
  14. Disforia de género
  15. Trastornos disruptivos, del control de los impulsos y de la conducta
  16. Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos
  17. Trastornos neurocognitivos
  18. Trastornos de la personalidad
  19. Trastornos parafílicos
  20. Otros trastornos mentales
  21. Trastornos motores inducidos por medicamentos y otros efectos adversos de los medicamentos
  22. Otros problemas que pueden ser objeto de atención clínica

Son muchas categorías distintas ¿verdad?

Datos importantes acerca del DSM-5 y del proceso diagnóstico

Tal y como se puede ver en la lista anterior, hay un montón de categorías diferentes que nos permiten daros una visión global de la gran cantidad de trastornos que se pueden diagnosticar en la actualidad. Dentro de cada categoría encontramos todos los trastornos asociados a la misma que, a su vez, tienen una lista de requisitos o criterios diagnósticos que deben ser cumplidos para poder afirmar si una persona tiene o no tal las características necesarias para poder tener un diagnóstico de trastorno mental.

Cumplir con todos y cada uno de los criterios es indispensable para poner un diagnóstico. Y si no se hiciera de este modo, se podría considerar una mala praxis profesional o, incluso, una posible negligencia médica grave.

Así pues, en psicología clínica hacemos la evaluación de los usuarios según pruebas que van orientadas a validar o negar los criterios de diagnóstico que hay presentes en el DSM-5.

boom

¡Último detalle! El DSM-5 es una herramienta importante en el diagnóstico clínico pero no es el diagnóstico en si. De esto ya hablaremos de este tema en otro post. 

¡Ahora llega vuestro turno! ¿Conocíais el DSM-5? ¿Creéis que es tan importante para el diagnóstico de los trastornos mentales o que hay métodos mejores? No dudes en participar, preguntar cualquier cosa y en dejar tu comentario.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

 

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