Los factores de riesgo en la adicción de las TIC

Cuándo empezamos a tener esta dependencia? ¿Cuáles son las características que favorecen el abuso a Internet y a las redes sociales? ¡Entra y descubre-lo!

En el pasado post ¿Adición a las redes sociales? nos planteábamos la situación actual que tenemos respeto a las TIC, sus pros y contras, además de hablar de qué modo nos afecta una ciberadicción. Pero… ¿Cuándo empezamos a tener esta dependencia? ¿Cuáles son las características que favorecen el abuso a Internet y a las redes sociales? En este post, queridos lectores de CienciaPoliticamenteIncorrecta, hablaremos de sus principales factores de riesgo y de las señales de alarma que nos advierten de un consumo abusivo de las TIC. ¡Empecemos!

El primer factor de riesgo está vinculado a la edad de los usuarios: a un nivel demográfico, los adolescentes constituyen un grupo de riesgo porque tienden a buscar sensaciones nuevas y son los que más se conectan a Internet, además de estar más familiarizados con las nuevas tecnologías. Sin embargo, hay personas más vulnerables que otras a las adicciones. De hecho, la disponibilidad ambiental de las nuevas tecnologías en las sociedades desarrolladas es muy amplia y, sin embargo, sólo un reducido número de personas muestran problemas de adicción (Becoña, 2009; Echeburúa y Fernández-Montalvo, 2006; Labrador y Villadangos, 2009).

Como segundo factor de riesgo, encontramos las características de personalidad o estados emocionales que aumentan la vulnerabilidad psicológica a las adicciones: la impulsividad; la disforia (estado anormal del ánimo que se vivencia subjetivamente como desagradable y que se caracteriza por oscilaciones frecuentes del humor); la intolerancia a los estímulos placenteros, tanto físicos (dolores, insomnio o fatiga) como psíquicos (disgustos, preocupaciones o responsabilidades); y la búsqueda exagerada de emociones fuertes son componentes que ayudan a la ciberadicción, ya sea como modo de escapar de la realidad, como un modo de evadirse o simplemente como diversión.

Este factor de riesgo es común con otras adicciones, solo que en esta ocasión se vincula al uso y abuso de las TIC. Hay veces, sin embargo, en que en la adicción subyace un problema de personalidad -timidez excesiva, baja autoestima o rechazo de la imagen corporal, por ejemplo- o un estilo de afrontamiento inadecuado ante las dificultades cotidianas. A su vez, los problemas psiquiátricos previos (depresión, TDAH, fobia social u hostilidad) aumentan el riesgo de engancharse a Internet (Estévez, Bayón, De la Cruz y Fernández-Liria, 2009; García del Castillo, Terol, Nieto, Lledó, Sánchez, Martín-Aragón, et al., 2008; Yang, Choe, Balty y Lee, 2005).

El tercer y último factor de riesgo está relacionado con la situación personal que vive el individuo: se trata de personas que muestran una insatisfacción personal con su vida o que carecen de un afecto consistente y que intentan llenar esa carencia con drogas o alcohol o con conductas sin sustancias (compras, juego, Internet o móviles). En estos casos Internet o los aparatos de última generación actúan como una prótesis tecnológica. Estás personas corren un gran riesgo de hacerse adicto si cuentan con un hábito de recompensas inmediatas, tienen el objeto de la adicción a mano, se sienten presionado por el grupo y están sometidos a circunstancias de estrés (fracaso escolar, frustraciones afectivas o competitividad) o de vacío existencial (aislamiento social o falta de objetivos). De este modo, más que de perfil de adicto a las nuevas tecnologías, hay que hablar de persona propensa a sufrir adicciones.

Las personas que ya tienen un perfil de adicción a otras substancias tienen mayor riesgo de caer en la ciberadicción

Ahora ya conocemos los factores de riesgo. ¿Qué hacemos si tenemos algunos de estos factores? ¿Cómo podemos evitar esta clase de situaciones? ¿En qué debemos fijarnos para saber que corremos el riesgo de padecer una ciberadicción? Pues que nos tenemos que fijar en las señales de alarma.

Las principales señales de alarma que denotan una dependencia a las TIC o a las redes sociales y que pueden ser un reflejo de la conversión de una afición en una adicción son las siguientes (Young, 1998):

  1. Privarse de sueño (<5 horas) para estar conectado a la red, a la que se dedica unos tiempos de conexión anormalmente altos.
  2. Descuidar otras actividades importantes, como el contacto con la familia, las relaciones sociales, el estudio o el cuidado de la salud.
  3. Recibir quejas en relación con el uso de la red de alguien cercano, como los padres o los hermanos.
  4. Pensar en la red constantemente, incluso cuando no se está conectado a ella y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta muy lenta.
  5. Intentar limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, y perder la noción del tiempo.
  6. Mentir sobre el tiempo real que se está conectado o jugando a un videojuego.
  7. Aislarse socialmente, mostrarse irritable y bajar el rendimiento en los estudios.
  8. Sentir una euforia y activación anómalas cuando se está delante del ordenador.

De este modo, conectarse al ordenador nada más llegar a casa, meterse en Internet nada más levantarse y ser lo último que se hace antes de acostarse, así como reducir el tiempo de las tareas cotidianas, tales como comer, dormir, estudiar o charlar con la familia, configuran el perfil de un adicto a Internet. Más que el número de horas conectado a la red, lo determinante es el grado de interferencia en la vida cotidiana (Davis, 2001).

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Pensar constantemente en la red es una de las señales de alarma a la ciberadicción

Como ya habíamos comentado, , la dependencia a Internet o a las redes sociales está ya instalada cuando hay un uso excesivo asociado a una pérdida de control, aparecen síntomas de abstinencia (ansiedad, depresión, irritabilidad) ante la imposibilidad temporal de acceder a la Red, se establece la tolerancia (es decir, la necesidad creciente de aumentar el tiempo de conexión a Internet para sentirse satisfecho) y se producen repercusiones negativas en la vida cotidiana.

En estos casos engancharse a una pantalla supone una focalización atencional, reduce la actividad física, impide diversificar el tiempo un flujo de transrealidad que recuerda la experiencia de las drogas (Greenfield, 2009; Griffiths, 2000).

¡Ahora llega tu turno! ¿Has detectado alguna de estas señales de alarma en ti mismo/a? ¿O en alguien cercano? ¿Estás de acuerdo con los factores de riesgo presentados en este post? No dudes en participar, preguntar cualquier cosa y en dejar tu comentario.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

Materiales consultados:

  • Enrique Echeburúa; Paz de Corral (2012). Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto, Universidad del País Vasco; Revista Española sobre Drodependencia. Link de referencia: http://www.redalyc.org/html/2891/289122889001/
  • Becoña, E. (2009). Factores de riesgo y de protección en la adicción a las nuevas tecnologías. En E. Echeburúa, F.J. Labrador y E. Becoña (eds.), Adicción a las nuevas tecnologías en adolescentes y jóvenes (pp. 77-97). Madrid: Pirámide
  • Johansson, A. y Götestam, K.G. (2004). Internet addiction: characteristics of a questionnaire and prevalence in Norwegian youth (12-18 years). Scandinavian Journal of Psychology, 45, 223-229.

Introducción al Autismo (trastorno del espectro autista)

Prácticamente todo el mundo ha oído a hablar de él, pero pocas personas lo conocen realmente… el TEA esta en boca de todos y nosotros también queremos aportar nuestro granito de arena. ¿Quieres saber más? ¡Entra y descubre-lo!

Prácticamente todo el mundo ha oído a hablar de él, suele aparecer en los medios de comunicación y es uno de los temas biopsicosociales más investigados alrededor del mundo… y aún así, se trata de una de las condiciones clínicas que la gente menos entendemos. Es por esto que encontramos interesante hablar un poco sobre el autismo.

Es importante aclarar que el Trastorno del Espectro Autista incluye a un amplio abanico de distintas conductas, perfiles y especificaciones… de hecho, hay tanta variabilidad entre las distintas personas que se engloban dentro de los TEA que resulta totalmente imposible incluirlos todos en un solo post de introducción. En vez de eso, en este texto nos centraremos en los criterios diagnósticos actuales del manual DSM-5, la prevalencia del TEA y los principales factores de riesgo asociados a esta condición.

  1. Criterios diagnósticos según el manual DSM-5

El DSM es un manual que da una estructura organizativa revisada y reconoce los síntomas que abarcan varias categorías de diagnóstico, proporcionando una nueva perspectiva clínica en el diagnóstico. Proporciona evaluaciones dimensionales para la investigación y validación de los resultados clínicos. El DSM-5 se llama así porque es la quinta revisión de dicho manual y es la versión que actualmente tenemos en rigor.

Según el manual, los criterios diagnósticos que engloban las especificaciones TEA són:

1. Deficiencias persistentes en la comunicación e interacción social en diversos contextos:

A.1. Deficiencias en la reciprocidad socioemocional; por ejemplo:

  • acercamiento social anormal
  • fracaso de la conversación normal en ambos sentidos
  • disminución en intereses, emociones o afectos compartidos
  • fracaso en iniciar o responder a interacciones Sociales

A.2. Deficiencias en las conductas comunicativas no verbales utilizadas en la interacción social; por ejemplo:

  • comunicación verbal y no verbal poco integrada
  • anomalías del contacto visual y del lenguaje corporal
  • deficiencias de la comprensión y el uso de gestos
  • falta total de expresión facial y de comunicación no Verbal

A.3. Deficiencias en el desarrollo, mantenimiento y comprensión de las relaciones; por ejemplo:

  • dificultades para ajustar el comportamiento en diversos contextos sociales,
  • dificultades para compartir juegos imaginativos o para hacer amigos,
  • ausencia de interés por otras personas

Importante: siempre debemos especificar la gravedad actual:

La gravedad se basa en deterioros de:

  • la comunicación social
  • los patrones de comportamiento restringidos y repetitivos

 

2. Patrones de comportamiento, intereses i actividades restringidas i estereotipada:

B.1. Movimientos, utilización de objetos o habla estereotipados o repetitivos; por ejemplo:

  • estereotipias motoras simples
  • alineación de los juguetes
  • cambio de lugar de los objetos
  • ecolalia
  • frases idiosincrásicas

B.2. Insistencia en la monotonía, excesiva inflexibilidad de rutinas o patrones ritualizados de comportamiento verbal o no verbal; por ejemplo:

  • gran angustia frente a cambios pequeños
  • dificultades con las transiciones
  • patrones de pensamiento rígidos
  • rituales de saludo
  • necesidad de tomar el mismo camino

B.3. Intereses muy restringidos y fijos que son anormales en cuanto a su intensidad o foco de interés; por ejemplo:

  • fuerte apego o preocupación por objetos inusuales
  • intereses excesivamente circunscritos o Perseverantes

B.4. Hiper o hiporeactividad a los estímulos sensoriales o interés inhabitual por aspectos sensoriales del entorno; por ejemplo:

  • indiferencia aparente al dolor / temperatura
  • respuesta adversa a sonidos o texturas específicos
  • olfateo o palpación excesiva de objetos
  • fascinación visual por las luces o el movimiento

 

3. Los síntomas han de estar presentes en las primeras fases del periodo del desarrollo

4. Los síntomas causan un deterioramiento significativo en lo social, laboral o en otras áreas importantes del funcionamiento habitual.

5. Las alteraciones no se explican mejor por la discapacidad intelectual o por un retraso generalizado del desarrollo.

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  1. Prevalencia del TEA

Una vez especificados los criterios de diagnostico, hablaremos de su prevalencia.

La prevalencia es la proporción de individuos de una población que presentan el evento en un momento, o periodo de tiempo, determinado y en los últimos años, las frecuencias descritas para el TEA en EEUU y otros países han llegado a cerca del 1% de la población, con estimaciones parecidas en las muestras infantiles y de adultos.  No está claro si las tasas más altas reflejan:

  • la expansión de los criterios diagnósticos del DSM-IV para incluir los casos subumbrales
  • un aumento de la conciencia del trastorno
  • las diferentes metodologías de estudio o un aumento real de la frecuencia del TEA

 

  1. Factores de riesgo y pronóstico del TEA

Los factores pronósticos mejor establecidos para el resultado individual dentro del TEA son la presencia o ausencia de:

  1. una discapacidad intelectual asociada
  2. el deterioro de lenguaje (por ej., un lenguaje funcional al llegar a los 5 años de edad es un buen signo pronóstico)
  3. otros problemas añadidos de salud mental

Por otra parte, la epilepsia como diagnóstico comórbido, se asocia a una mayor capacidad intelectual y a una menor capacidad verbal

3.1 Ambientales

Existen diversos factores de riesgo inespecíficos, como:

  • la edad avanzada de los padres,
  • el bajo peso al nacer, o
  • exposición fetal al valproato que podrían contribuir al riesgo de presentar el TEA

3.2 Genéticos y fisiológicos

Actualmente, hasta el 15% de los casos de TEA parece asociarse a mutación genética conocida, siendo muchas las variantes de novo, del número de copias y las mutaciones de novo en genes específicos que se asocian al trastorno en las diferentes familias

  • Las estimaciones de la heredabilidad del TEA varían entre el 37 y más del 90% basándose en la tasa de concordancia entre gemelos
  • Sin embargo, incluso si el TEA está asociado a una mutación genética conocida, ésta no parece ser completamente penetrante

El riesgo en el resto de los casos parece ser politécnico, quizás con centenares de características genéticas que realizan contribuciones relativamente pequeñas

3.3 Aspectos diagnósticos relacionados con la cultura

Aunque existen diferencias culturales respecto a la normalidad de la interacción social, la comunicación verbal y las relaciones, los individuos con TEA tienen una alteración marcadamente distinta de la normalidad dentro de su contexto cultural. Existen diversos factores culturales y socio-económicos pueden afectar a la edad del reconocimiento o del diagnóstico; por ejemplo, en EEUU pueden producirse diagnósticos tardíos o infradiagnósticos del TEA entre los niños afroamericanos

3.4 Aspectos diagnósticos relacionados con el género

El TEA se diagnostica cuatro veces más frecuentemente en el sexo masculino que en el femenino. En las muestras clínicas, las niñas tienden a tener más probabilidades de presentar discapacidad intelectual acompañante, lo que sugiere que en las niñas sin deterioro intelectual o sin retrasos del lenguaje, el trastorno podría no reconocerse, quizás por ser más sutil la manifestación de las dificultades sociales y de comunicación.

Saludos y hasta la próxima

Jaume Jubany

 

Materiales consultados:

Los factores de riesgo de mantenimiento

El tercer y último post dedicado a los factores de riesgo. En esta ocasión, nos centramos en aquello que impulsa a la persona a continuar en su problema. ¿Quieres saber más? ¡Entra y descubre-lo!

Con este post llegamos al final de los factores de riesgo. Al finalizar este último tema habremos explicado, de forma resumida, los principales causantes y responsables de la aparición de los trastornos mentales. De este modo podremos empezar a hablar de la psicopatología, las enfermedades mentales y de sus efectos/tratamientos.

En la práctica profesional de la psicología clínica, normalmente las personas nos vienen a consulta cuando ya han aparecido diferentes dificultades y problemáticas que dificultan o impiden la rutina de sus vidas diarias. Es por ese motivo que los factores de mantenimiento son aquellos factores que más nos preocupan en psicología, ya que son de las conductas y emociones que impulsan a la persona a continuar en su problema.

Los factores de mantenimiento afectan fundamentalmente a la no resolución de los problemas originarios, que no se resuelven satisfactoriamente. Estos factores son los responsables de que la persona se quede atrapada en su trastorno y que sea incapaz de curar-se, quedándose estancada en los motivos y causas que la llevaron a la aparición del trastorno mental.

Para mayor comodidad, solemos distinguir estos factores entre:

Los factores personales o psicológicos

  • Baja autoestima: este factor siempre ha estado presente en todos los factores de riesgo y es un tema que deberá ser tratado a parte en el blog. En los factores de mantenimiento, una baja autoestima dificulta la confianza en el seguir un tratamiento y no se da valor al hecho de poder cambiar su situación.
  • Estilo atribucional disfuncional: eso sucede cuando la persona se piensa que le pasa “x” situación por motivo distinto al que es la verdadera causa. Este hecho suele conllevar a un comportamiento contrario al adecuado para salir de la situación.

Por ejemplo: un chico saca malas notas en matemáticas. Él se justifica diciendo que suspende “porque el profesor me tiene manía” pero lo cierto es que nunca hace los ejercicios de matemáticas, no estudia en casa y siempre que puede se salta sus clases. La atribución disfuncional está en que el chico piensa que  “cómo el profesor mi tiene manía, siempre voy a suspender por su culpa”.

  • Distorsiones cognitivas negativas: son pensamientos e ideas distorsionadas de la realidad que suelen terminar en una conclusión negativa. Estas distorsiones cognitivas suelen estar relacionadas al estilo atribucional disfuncional y, en conjunto, actúan como reforzadores de los factores de mantenimiento.

Siguiendo con el ejemplo anterior, las distorsiones cognitivas negativas del chico serán del estilo “da igual si estudio o no: el profesor me va a suspender”, “¡normal que falte a sus clases! ¿Qué no has visto la manía que me tiene? o incluso llegar a la conclusión de que “no soy bueno en las matemáticas así que no importa si me esfuerzo o no porque nunca aprobare”.

  • Estrategias de afrontamiento disfuncionales: esto sucede cuándo todas aquellas acciones que has realizado para superar la problemática siempre terminan en fracaso por uno u otro motivo.

Aquí la clave de la cuestión se centra en el hecho de que la persona lleva a cabo operaciones que suelen tener como base una atribución disfuncional o una distorsión cognitiva, de modo que nunca solucionan el problema porque trabajan des de una creencia errónea.

En el ejemplo, el chico piensa que suspende porque el profesor le tiene manía. Creyendo firmemente en que este es el verdadero motivo por el que no saca buenas notas en matemáticas, intenta hacer-se amigo del profesor, dándole la pelota o haciéndole regalos. Esto puede ayudar a que haya más buena relación entre ellos y seguramente contribuya en que el chico deje de faltar en sus clases, pero como sigue sin estudiar y sin hacer los ejercicios continúa suspendiendo. Esto pasa porque la estrategia está mal enfocada des de la mismísima base: suspende porque no tienen los conocimientos mínimos para aprobar, no por su relación con el profesor.

La fusión del estilo atribucional disfuncional junto con las distorsiones cognitivas negativas y las estrategias de afrontamiento disfuncionales son de los factores de riesgo psicológico que más peso tienen en el mantenimiento de los trastornos mentales, por que impiden que la persona lleve a cabo conductas de mejora que ayudarían a cambiar esa situación.

Volviendo al ejemplo del chico y las matemáticas; con todo lo dicho anteriormente llegamos a la conclusión de que, al final, el chico evitara la asignatura. Al dejarlo todo de lado y evitar el tema, él nunca se pone serio con el tema, nunca intenta una acción diferente (hablar con el profesor, buscar ayuda extra con sus compañeros o otros profesores,… ni siquiera hacer trampas como copiar o hacer una chuleta) de modo que siempre termina por volver a suspender el examen.

Creyendo que aprobar depende del profesor y no de sí mismo (distorsión cognitiva negativa), contribuye en el mantenimiento de la problemática

Los factores contextuales

  • Negación de los problemas por parte de la familia: este es un de los factores de mantenimiento más comunes en nuestra sociedad. Ya sea por manca de conocimiento o de recursos económicos, a menudo las familias niegan la existencia de un trastorno o enfermedad de alguno de sus miembros, de modo que no se preocupan en ayudarlo (hecho que se traduce en una cronificación de la enfermedad dentro del sistema familiar).
  • Ambivalencia de la familia sobre resolver los problemas: en estos casos, la familia es consciente de que uno de sus miembros tiene la problemática, pero no lo tienen en cuenta y, por lo tanto, no actúan acorde a lo que sería necesario para la situación.

Un ejemplo típico es el de pedir el mismo rendimiento escolar que sus compañeros a una persona con retraso mental.  Estas acciones pueden generar malestar y tensiones en el sí de la familia.

  • La familia no ha afrontado antes problemas similares: muchas personas no tienen conocimientos acerca de las enfermedades y trastornos mentales. En estos casos es común que los familiares no sepan cómo deben reaccionar ni qué pasos deben seguir para ayudar a la persona enferma… ante una situación así, lo más recomendable es buscar ayuda profesional para poder tener un asesoramiento completo.
  • La familia rechaza el plan y la formulación de tratamiento: a veces, la propia familia no quiere seguir el tratamiento. Puede ser por motivos muy diversos, des de problemas económicos hasta motivos ideales. El caso es que la familia no acoge la formulación del tratamiento y entra en un estado de negación.
  • Falta de coordinación entre los profesionales implicados: Los problemas administrativos y de coordinación pueden entorpecer el programa de recuperación del paciente y, por desgracia, la falta de coordinación entre los distintos centros de tratamientos es un problema actual y real que aún genera dificultades para superar los trastornos de los pacientes. Por suerte, gracias a distintas asociaciones que se encargan de estos temas y al internet, cada vez hay una mayor comunicación e ayuda mutua entre los distintos centros de profesionales implicados en el tratamiento de los mismos trastornos.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

Los factores de riesgo detonantes

Con este llegamos al segundo post dedicado a los factores de riesgo. En esta ocasión, hablamos de aquella situación que desencadena la problemática. ¿Quieres saber más? ¡Entra y descubre-lo!

Hemos llegado a la madre de los huevos.

Los factores detonantes se caracterizan por ser aquella situación que desencadena la problemática; la gota que hace colmar el vaso, la chispa que hace arder el bosque. Ellos son los responsables directos de la aparición de cualquier problemática psicológica, sin importar su origen ni procedencia. Es muy simple: no hay ningún trastorno mental que aparezca sin un factor detonante (por esto también suelen recibir el nombre de desencadenantes).

Los factores detonantes pueden ser más o menos serios en función de la situación personal del individuo, pero guardan una enorme relación con los factores predisponentes (por este motivo publicamos Los factores de riesgo predisponentes antes de este post). De hecho, diríamos que los factores predisponentes son los causantes indirectos de la aparición del trastorno, pero realmente son los detonantes los que hacen que la enfermedad aflore con todo su peso y son los responsables de superar la resiliencia e recursos psicológicos de la persona.

En la psicopatología y en la psicología clínica es muy importante entender esto: la persona ha ido recogiendo, agrupando y guardando a lo largo del tiempo (ya sean semanas, meses o años) experiencias negativas en forma de factores predisponentes. Pero en un momento dado, se da una situación que supera a cualquiera de las otras: puede que sea una situación mucho más fuerte que las anteriores, puede que sea una más del montón… pero no importa, la persona estalla. Ya no puede aguantar más, ya no puede seguir. Es en este momento en el que la persona desarrolla el trastorno mental y enferma.

No es que un día por la mañana, al azar, el cerebro diga ¡Hoy enfermas! Nunca aparece porque si y siempre guarda una estrecha relación directa con sus experiencias personales.

Vamos a poner un ejemplo bastante cuotidiano: un adolescente saca malas notas en el colegio. Como es muy tímido y no se le dan demasiado bien los deportes también le cuesta mucho hacer amigos, de modo que a menudo recibe las burlas y mofas de sus compañeros de clase (ya sea porque es tonto o porque es un patoso).

El adolescente odia esta situación diaria, que se le hace cuesta arriba y le hace sacar las lágrimas cuándo se encuentra solo, pero está en la E.S.O y tiene que pasar por esto sí o sí, de modo que va aguantado como puede (hasta aquí llegaríamos al contexto con los riegos predisponentes).

Un día, el profesor les encomienda una tarea en la que deberán hacer una exposición oral delante de toda la clase. Lógicamente, al adolescente no le hace ninguna gracia (¿cómo va a ser capaz de contar algo delante de todo el mundo si ni siquiera es capaz de hablar con un grupo de personas a solas?) pero no se puede permitir el lujo de suspender y repetir otro año más, de modo que se prepara la exposición como buenamente puede para no hacer el ridículo total.

Ya sabéis como continúa la historia: el adolescente se pone a hacer la exposición delante de todo el mundo, sudando y temblándole la voz. El típico gracioso de turno, en un arrebato de inteligencia, se ríe de él en público y toda la clase se le suma en su burla en plena exposición (hemos llegado al factor detonante).

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El factor detonante ha sido la burla que ha recibido durante la exposición oral

El adolescente se promete a si mismo que nunca más volverá a pasar por semejante experiencia, que jamás hablará en público porque se reirán de él. Le coge miedo a exponerse ante un grupo grande de personas y evita cualquier situación que pueda volver a implicarle en una exposición grupal (aún a riesgo de suspender)… el adolescente ha desarrollado un trastorno de ansiedad social, a menudo nombrado terror escénico.

He puesto este ejemplo por dos motivos:

  • No hace falta que tengas unos factores predisponentes terribles para desarrollar un trastorno mental. En la lista de los factores predisponentes puse situaciones realmente severas (cómo la muerte de los padres, abusos verbales-físicos-sexuales, abuso de drogas) pero no hace falta llegar a tales extremos para poder tener problemas: el chico/a del ejemplo es una persona totalmente normal, con una familia que le cuida y le quiere. Es una persona cualquiera, un poco tímida y torpe en clase (no un trastornado drogadicto y traficante de armas, que la televisión y el cine han hecho mucho daño al respeto).
  • Los trastornos psicológicos no son “enfermedades mentales” en el sentido de que te vuelves un loco estilo el Joker; hay mucha gente que tiene terror escénico, (que entra dentro de la categoría “trastorno mental”) y no por eso son considerados locos – psicópatas – aberrantes. Los trastornos son otro problema de la salud física, como un resfriado o un problema de cervicales; cualquier de nosotros puede contraerlos en cualquier momento.

A nivel psicológico es muy difícil enfrentarse al detonante ya que una vez ha aparecido ya no se puede evitar. Lo que haremos es estabilizar los síntomas del trastorno y fijar-nos en los factores de mantenimiento para poder resolver el problema.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

Introducción a los factores de riesgos

Estamos ante uno de los temas con mayor impacto en la psicología clínica. De hecho, es tan profundo que vamos a dividirlo en categorías para poder explicar-los como es debido. ¿Te animas a ver qué es? ¡Entra y descubre-lo!

Al empezar a redactar este post me di cuenta de que sería un texto más largo de lo habitual… tan largo, de hecho, que muy posiblemente hubiese resultado aburrido. El problema está en que trataremos de un tema recurrente y aplicable a todo el futuro material de psicología del blog, de modo que me interesa que los conceptos estén bien explicados y redactados para poderlos referenciar más adelante como información bibliográfica. Es por este motivo que he optado por el tema del que me gustaría hablar en 4 post distintos:

  • El primero post es este, que actúa a modo de introducción para definir algunos conceptos clave y para preparar el terreno para tratar los factores tal y como se merecen.
  • El segundo tratará de los factores predisponentes: qué son, en qué se caracterizan y en qué modo podemos tratarlos des de la psicología.
  • El tercero hablará de los factores detonantes, haciendo especial referencia al impacto que generan en las personas que los padecen y de qué modo podemos minimizar sus efectos.
  • Finalmente, en el cuarto post se definirán los factores de mantenimiento, que son los que más preocupan a la psicología y dónde se suelen centrar los esfuerzos de la terapia.

Estos factores suelen estar presentes en cualquier situación de dificultad física y/o psicológica y sus definiciones y explicaciones son cruciales para poder entender la psicopatología y los trastornos mentales (es por este motivo que aún no me he podido centrar en los temas de la salud mental, ya que sin la base teórica adecuada resulta prácticamente imposible comprender los motivos que llevan a las personas a cometer actos extraños o bizarros).

Al hablar de la Teoría de la Vulnerabilidad sacamos a tema los factores predisponentes, los factores detonantes y los factores de mantenimiento… pero ¿qué son estos factores? ¿En qué consisten? ¿De qué modo pueden afectar a la psique humana?

Pues bien, todos estos factores se englobarían dentro de los factores de riesgo. Entendemos por factores de riesgo todas aquellas circunstancias o situaciones que aumentan las probabilidades de una persona pueda contraer una enfermedad o cualquier otro problema de salud.

Los factores de riesgo pueden afectar a la salud, ya sea a nivel físico o mental.
Nosotros nos centramos en los psicológicos.

Eso quiere decir que los factores de riesgo implican que las personas afectadas por dicho factor/es puedan presentar un número de problemáticas sanitarias mayor al de las personas sin estas características. Dicho de otro modo, si tener un problema sanitario (ya sea físico o mental) fuera como ganar un premio a la lotería, los factores de riesgo serian papeletas con opciones al lote ganador.

Evidentemente, eso no quiere decir que cualquier persona con factores de riesgo ya tengan automáticamente un futuro de trastornos o enfermedades; siguiendo con la analogía, puedes tener las papeletas con opciones a premio pero no por eso ganar el premio gordo: puede que las papeletas no tengan el orden de número correcto, que solo te toque un premio menor o incluso que optes por no jugar a la lotería y lanzar tus boletos a la basura.

Estos factores se clasifican en personales y contextuales en función de su origen. Los factores de riesgo personales son aquellas características que dependen únicamente del propio sujeto, de carácter individual e intransferible, y suelen guardar relación con su personalidad. Por su parte, los factores contextuales son aquellos que dependen del entorno y de las experiencias vitales del sujeto, así como su relación con las otras personas y el trato que ha dado/recibido de ellos. A menudo encontramos que la persona con problemáticas presenta distintos factores de riesgos, tanto personales como contextuales, y no es extraño que estos estén relacionados uno con los otros; por ejemplo, una inteligencia baja (factor de riesgo personal) que suele estar relacionado con la falta de estimulación intelectual (factor de riesgo contextual).

Aun con todas sus semejanzas, los factores de riesgos predisponentes, detonantes y de mantenimiento presentan tantas diferencias significativas entre ellos en el modo en que pueden afectar a la salud que deben ser tratados aparte y trabajados a distintos niveles en términos psicológicos.

Saludos y hasta la próxima

Jaume Jubany