Los factores de riesgo detonantes

Con este llegamos al segundo post dedicado a los factores de riesgo. En esta ocasión, hablamos de aquella situación que desencadena la problemática. ¿Quieres saber más? ¡Entra y descubre-lo!

Hemos llegado a la madre de los huevos.

Los factores detonantes se caracterizan por ser aquella situación que desencadena la problemática; la gota que hace colmar el vaso, la chispa que hace arder el bosque. Ellos son los responsables directos de la aparición de cualquier problemática psicológica, sin importar su origen ni procedencia. Es muy simple: no hay ningún trastorno mental que aparezca sin un factor detonante (por esto también suelen recibir el nombre de desencadenantes).

Los factores detonantes pueden ser más o menos serios en función de la situación personal del individuo, pero guardan una enorme relación con los factores predisponentes (por este motivo publicamos Los factores de riesgo predisponentes antes de este post). De hecho, diríamos que los factores predisponentes son los causantes indirectos de la aparición del trastorno, pero realmente son los detonantes los que hacen que la enfermedad aflore con todo su peso y son los responsables de superar la resiliencia e recursos psicológicos de la persona.

En la psicopatología y en la psicología clínica es muy importante entender esto: la persona ha ido recogiendo, agrupando y guardando a lo largo del tiempo (ya sean semanas, meses o años) experiencias negativas en forma de factores predisponentes. Pero en un momento dado, se da una situación que supera a cualquiera de las otras: puede que sea una situación mucho más fuerte que las anteriores, puede que sea una más del montón… pero no importa, la persona estalla. Ya no puede aguantar más, ya no puede seguir. Es en este momento en el que la persona desarrolla el trastorno mental y enferma.

No es que un día por la mañana, al azar, el cerebro diga ¡Hoy enfermas! Nunca aparece porque si y siempre guarda una estrecha relación directa con sus experiencias personales.

Vamos a poner un ejemplo bastante cuotidiano: un adolescente saca malas notas en el colegio. Como es muy tímido y no se le dan demasiado bien los deportes también le cuesta mucho hacer amigos, de modo que a menudo recibe las burlas y mofas de sus compañeros de clase (ya sea porque es tonto o porque es un patoso).

El adolescente odia esta situación diaria, que se le hace cuesta arriba y le hace sacar las lágrimas cuándo se encuentra solo, pero está en la E.S.O y tiene que pasar por esto sí o sí, de modo que va aguantado como puede (hasta aquí llegaríamos al contexto con los riegos predisponentes).

Un día, el profesor les encomienda una tarea en la que deberán hacer una exposición oral delante de toda la clase. Lógicamente, al adolescente no le hace ninguna gracia (¿cómo va a ser capaz de contar algo delante de todo el mundo si ni siquiera es capaz de hablar con un grupo de personas a solas?) pero no se puede permitir el lujo de suspender y repetir otro año más, de modo que se prepara la exposición como buenamente puede para no hacer el ridículo total.

Ya sabéis como continúa la historia: el adolescente se pone a hacer la exposición delante de todo el mundo, sudando y temblándole la voz. El típico gracioso de turno, en un arrebato de inteligencia, se ríe de él en público y toda la clase se le suma en su burla en plena exposición (hemos llegado al factor detonante).

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El factor detonante ha sido la burla que ha recibido durante la exposición oral

El adolescente se promete a si mismo que nunca más volverá a pasar por semejante experiencia, que jamás hablará en público porque se reirán de él. Le coge miedo a exponerse ante un grupo grande de personas y evita cualquier situación que pueda volver a implicarle en una exposición grupal (aún a riesgo de suspender)… el adolescente ha desarrollado un trastorno de ansiedad social, a menudo nombrado terror escénico.

He puesto este ejemplo por dos motivos:

  • No hace falta que tengas unos factores predisponentes terribles para desarrollar un trastorno mental. En la lista de los factores predisponentes puse situaciones realmente severas (cómo la muerte de los padres, abusos verbales-físicos-sexuales, abuso de drogas) pero no hace falta llegar a tales extremos para poder tener problemas: el chico/a del ejemplo es una persona totalmente normal, con una familia que le cuida y le quiere. Es una persona cualquiera, un poco tímida y torpe en clase (no un trastornado drogadicto y traficante de armas, que la televisión y el cine han hecho mucho daño al respeto).
  • Los trastornos psicológicos no son “enfermedades mentales” en el sentido de que te vuelves un loco estilo el Joker; hay mucha gente que tiene terror escénico, (que entra dentro de la categoría “trastorno mental”) y no por eso son considerados locos – psicópatas – aberrantes. Los trastornos son otro problema de la salud física, como un resfriado o un problema de cervicales; cualquier de nosotros puede contraerlos en cualquier momento.

A nivel psicológico es muy difícil enfrentarse al detonante ya que una vez ha aparecido ya no se puede evitar. Lo que haremos es estabilizar los síntomas del trastorno y fijar-nos en los factores de mantenimiento para poder resolver el problema.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

La teoría de la vulnerabilidad

Estamos ante una de las teorías más importantes de la psicología moderna. Nos abre un montón de posibilidades que nos ayuda a comprender mejor como funcionan los trastornos mentales… y estas a un click de saber-lo. ¡Entra y descubre-lo!

Os presento una de las bases teóricas más importantes de la psicología moderna: la teoría de la vulnerabilidad. Se basa en la idea de que cualquier persona puede sufrir o terminar sufriendo un trastorno psicológico si se dan las condiciones genéticas y ambientales adecuadas para que surjan. A su vez, si nunca se terminan dando estas condiciones o no se dan en la frecuencia/duración lo suficientemente fuertes, la persona jamás llegará a desarrollar ningún tipo de problemática.

Según este postulado, toda persona tiene un margen de resiliencia, que es la capacidad que tienen los seres vivos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas tanto a nivel físico como psicológico ante un escenario de riesgo, estrés o daño. La resiliencia es una característica individual y subjetiva, que depende de la experiencia, carácter personal de cada individuo y de su situación ambiental del momento.

El riesgo a desarrollar un trastorno psicológico no depende únicamente a la resiliencia; también está sujeto a los factores predisponentes, factores desencadenantes y factores de mantenimiento. Estos factores presentan tantos matices y variables que voy a redactarlos en el próximo post del blog para tratarlos a parte.

A modo de resumen, diríamos que si la situación de riesgo es breve o poco intensa no llegará a superar el margen de resiliencia, de modo que la persona terminará gestionando de forma adecuada la dificultad y no se desarrollará ninguna problemática psicológica. Por contraparte, si la situación de riesgo es intensa o se cronifica al largo de los años, el problema llegará a superar la resiliencia. Al llegar a este punto la persona se verá superada, abrumada por la dificultad, perdiendo su capacidad de reacción y viéndose incapaz de gestionarlo.

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Este esquema seria un ejemplo de desarrollo del trastorno de la esquizofrenia según el modelo de la vulnerabilidad

Es en este contexto dónde pueden aparecer los primeros síntomas como el agotamiento, el estrés, los mareos, las cefaleas,… y, en un último momento, que todos estos síntomas desemboquen en la aparición de un trastorno psicológico más grave, como una depresión mayor.

¿Esto significa que cualquier persona puede desarrollar cualquier trastorno psicológico? Sí y no; todos tenemos el riego potencial de terminar con una enfermedad psicológica… no obstante, cada persona tiene preestablecida una u otra patología en correlación a la herencia de su código genético. Es decir, las personas que tienen familiares directos que han padecido o padecen un trastorno específico tienden a desarrollar la misma patología que sus familiares (una persona con un padre/madre que haya sufrido una depresión mayor tendrá predisposición a padecer una depresión mayor en vez de otra patología grave, como una esquizofrenia).

¿A donde quiero llegar con todo esto? ¡A pensar en positivo! Si el desarrollo de trastornos mentales está sujeto a las variables y condiciones ambientales quiere decir que nosotros también somos participantes activos de estos entornos: el modo en que tratamos a la gente, nuestras interpretaciones de lo que nos pasa, las acciones que hacemos en nuestro día a día… todo suma y todo importa. Tenemos en nuestras manos la capacidad de escoger que decimos, que hacemos y como lo hacemos, así que el desarrollo y mantenimiento de ciertas patologías también dependen de nosotros.