Las redes sociales en el deporte

Sabemos que las redes sociales pueden resultar adictivas, però ¿Pueden influir también en el deporte de élite? si te interesa saber la relación entre redes sociales y deportistas, ¡entra y descubrelo!

>>> Artículo relacionado con la entrevista sobre Gerard Romero

No hay duda alguna que, en estos últimos años, las redes sociales han entrado de lleno en nuestras vidas. Su aparición y expansión ha sido tan repentina, cada día surgen nuevas aplicaciones y los usuarios se siguen multiplicando, que son muy pocos los estudios realizados y validados para investigar este nuevo fenómeno. De éstos, la mayoría son para investigar el aspecto más adictivo de las redes sociales y las TIC en general, llegando a considerar tabletas y Smartphone como una nueva “droga tecnológica”.

Este tema ya lo tratamos hace unos meses aquí en el blog, así que para ampliar la información recomendamos volver a leer nuestro artículo, pero en este caso vamos a hablar sobre su impacto en el deporte de élite.

Las redes sociales han agilizado el acceso a la información para todas aquellas personas que quieran saber las noticias y/o el día a día de cualquier deportista

La cuestión es simple: ¿pueden las redes sociales afectar al rendimiento de los deportistas?

Como bien nos comenta Gerard Romero en la entrevista, éstos pasan sus horas de trabajo y entrenamiento con el equipo, y una vez finalizado tienen mucho tiempo, pero habitualmente lo aprovechan para la familia y sus hobbies.

Ésto hace que sea muy difícil encontrar un problema de adicción a las redes sociales en el deporte de élite y, al final, terminan usándolas como lo hacemos todos: en esos tiempos muertos donde no hacemos nada y tenemos el smartphone a mano. Aunque bien es cierto que un mal uso de las RRSS puede perjudicar a su rendimiento de otras maneras.

Hace pocos meses, la revista Sleep Health Journal publicó un estudio analizando 37.000 tweets de 112 jugadores de la NBA, entre el 2009 y el 2016. El resultado que se obtuvo fue que, aquellos jugadores que twiteaban entre las 11 p.m y las 7 a.m antes de un partido, lograban unos niveles de anotación y de rebotes inferior al habitual. Entonces quedó reflejado que, estar pendiente de las redes sociales antes de ir a dormir, no solo perjudica la calidad del sueño debido a la luz azul de la pantalla sino que, también afecta el rendimiento del deportista si le toca competir al día siguiente.

De entre los resultados del artículo, también encontraron que, los jugadores con hábitos nocturnos en RRSS, jugaban una media de 2 minutos menos por partido en comparación a aquellos jugadores que no se conectaban. Lógicamente parece absurdo querer culpar a las RRSS de este deterioro del rendimiento, cuando es obvio que el problema pasa por una privación de sueño; pero sí cabría destacar que, sin las redes sociales, el descanso de estos jugadores no se vería afectado de la misma manera.

Uno de los principales efectos de la luz azul es el insomnio según la mayoría de estudios al respecto

El Dr. Steven Lockley, neurocientífico de la Escuela de Medicina de Harvard (EE.UU), lleva casi dos décadas investigando cómo nos afecta la luz azul; y ya desde el 2003, tiene estudios que desmuestran  que ésta suprime la síntesis de melatonina, también conocida como la hormona del sueño.

De hecho, ya se han empezado a usar estas investigaciones para la NASA, intentando aprovechar este efecto para ayudar a mantener un ciclo de luz y oscuridad más adaptado al cuerpo, debido a la complejidad ambiental en las labores de los astronautas.

Volviendo al aspecto deportivo, ésto no es un problema de adicción, pues al final están haciendo el mismo uso que la mayoría. Pero sí que son unos hábitos que seguramente se deberían controlar cuando se está en la élite, de la misma forma que se hace con la alimentación, el calzado u otros aspectos que afectan al rendimiento.

De momento no hay más evidencias que relacionen el rendimiento del deportista con las redes sociales, pero sí se han dado casos donde, algunos deportistas han perdido la oportunidad de jugar en determinados clubs debido a comentarios realizados en sus RRSS. Los ejemplos más claros son: los de Sergi Guardiola, jugador del Barça durante 8 horas, el tiempo que se tardó en sacar a luz unos tuits donde insultaba al club y a Cataluña, o Julio Rey, que también publicó varios insultos hacia el Deportivo de la Coruña unos años antes del intento de fichaje, por lo que no se llegó a realizar.

Sergi Guardiola, actual delantero del Valladolid perdió la oportunidad de jugar en el Barça B en 2015 tras salir a la luz varios mensajes con insultos y ataques al club y a Cataluña durante la temporada anterior

Y luego una infinidad de polémicas entre jugadores y sus propios clubes: como cuando Cristiano Ronaldo publicó imágenes de su fiesta después de perder contra el Atlético o cuando Arturo Vidal mostró su enfado después de no jugar un partido. Y así otros tantos que se podrían añadir a a lista.

Al final  esta facilidad, de compartir la vida privada con la afición, es un input muy positivo en el sentido de acercar al deportista con su público y hacerlo más accesible. Pero también puede tener sus efectos negativos, como los ya comentados que afectan directamente o los externos, ya que al ser un ídolo de masas, muchos jóvenes querrán imitar a sus ídolos y, el hecho de compartir ciertos excesos, malos hábitos o lujos, lleva a distorsionar una realidad a la cual muy pocos podrán llegar.

>>> Artículo relacionado con la entrevista sobre Gerard Romero

Saulius Vasaris

@SauVasaris

 

Bibliografia:

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Prevención y tratamiento de la ciberadicción

Con este post llegamos al final de esta pequeña trilogía sobre el uso y abuso de las TIC; nos centramos en la prevención y el tratamiento de la ciberadicción ¡Entra y descubre-lo!

Con este post llegamos al final de esta pequeña trilogía sobre el uso y abuso de las TIC; nos centramos en la prevención y el tratamiento de la ciberadicción.

1.Prevención y anticipación a la ciberadicción

Tal y como hemos expuesto en otros post, la prevención siempre es preferible a una intervención ya que resulta más fácil reconducir y superar una dificultad antes de que se vuelva un auténtico problema. Si se han detectado algunos de los factores de riesgo propios de la ciberadicción, lo ideal sería implementar algunas de las pautas que presentamos a continuación.

Para que resulten eficaces, debemos comprender que el uso de las TIC y de las redes sociales impone a los adolescentes y adultos una responsabilidad de doble dirección: los jóvenes pueden adiestrar a los padres en el uso de las nuevas tecnologías, de su lenguaje y sus posibilidades; los padres, a su vez, deben enseñar a los jóvenes a usarlas en su justa medida.

Los padres y educadores deben ayudar a los adolescentes a desarrollar la habilidad de la comunicación cara a cara, lo que, entre otras cosas, supone (Ramón-Cortés, 2010):

  1. Limitar el uso de aparatos y pactar las horas de uso del ordenador.
  2. Fomentar la relación con otras personas.
  3. Potenciar aficiones tales como la lectura, el cine y otras actividades culturales.
  4. Estimular el deporte y las actividades en equipo.
  5. Desarrollar actividades grupales, como las vinculadas al voluntariado.
  6. Estimular la comunicación y el diálogo en la propia familia.

Una buena pauta de prevención a la adicción a las TIC es la limitación del tiempo de conexión a la red en la infancia y la adolescencia

Otros factores serian la limitación del tiempo de conexión a la red en la infancia y adolescencia (no más de 1,5-2 horas diarias, con la excepción de los fines de semana), así como la ubicación de los ordenadores en lugares comunes (el salón, por ejemplo) y el control de los contenidos, constituyen estrategias adicionales de interés (Mayorgas, 2009).

2. Tratamiento psicológico

Cuando la prevención no ha sido posible o no ha resultado eficaz y ya estamos ante una situación de adicción a las TIC, es necesario recorrer a una intervención terapéutica. Des de CienciaPoliticamenteIncorrecta te recomendamos que busques ayuda profesional especializada con este tipo de problemática; con esto queremos decir que las aportaciones de este post no son una terapia en sí mismas si no un conjunto de referencias que pueden ayudar a entender mejor este trastorno y unos pocos recursos para que faciliten una aproximación a un verdadero tratamiento psicológico.

Lo característico de la adicción a Internet es que ocupa una parte central de la vida de la persona que la utiliza. Al margen de la vulnerabilidad psicológica previa (problemas psicopatológicos, tales como la depresión, la fobia social u otros problemas de tipo impulsivo-compulsivo), el abuso de las redes sociales puede provocar una pérdida de habilidades en el intercambio personal (la comunicación personal se aprende practicando), desembocar en una especie de analfabetismo relacional y facilitar la construcción de relaciones sociales ficticias.

El objetivo terapéutico en las adicciones sin drogas es el reaprendizaje de la conducta de una forma controlada. Concluida la intervención terapéutica inicial, los programas de prevención de recaídas, en los que se prepara al sujeto para afrontar las situaciones críticas y para abordar la vida cotidiana de una forma distinta, pueden reducir significativamente el número de recaídas.

Este post no es una intervención terapéutica: si te has dado cuenta de que tienes un problema de adicción debes ir a buscar ayuda professional

Por lo que se refiere al tratamiento, las vías de intervención postuladas son muy similares en todos los casos. A corto plazo, el tratamiento inicial de choque se centra, en una primera fase, en el aprendizaje de respuestas de afrontamiento adecuadas ante las situaciones de riesgo (control de estímulos); y en una segunda fase, en la exposición programada a las situaciones de riesgo (exposición a los estímulos y situaciones relacionados con la conducta adictiva).

Así, por ejemplo, el control de estímulos -un primer paso siempre necesario durante las primeras semanas de tratamiento- se refiere al mantenimiento de una abstinencia total respecto al objeto de la adicción (redes sociales virtuales o juegos interactivos). Y un segundo paso, en una fase posterior, consiste en la exposición gradual y controlada a los estímulos de riesgo. De este modo, un ex adicto a Internet puede, inicialmente bajo el control de otra persona y después a solas, conectarse a la red, estar un tiempo limitado (1 hora, por ejemplo) y llevar a cabo actividades predeterminadas (atender el correo sólo una vez al día a una hora concreta, navegar por unas páginas fijadas de antemano o entrar en una red social), sin quitar horas al sueño y eliminando los pensamientos referidos a la red cuando no se está conectado a ella. Sólo cuando se ha llegado a esta fase decrece la intranquilidad subjetiva y el sujeto adquiere confianza en su capacidad de autocontrol ante las diversas situaciones cotidianas.

Por último, una vez reasumido el control de la conducta, se requiere actuar sobre la prevención de recaídas, lo que implica identificar las situaciones de riesgo, aprender respuestas adecuadas para su afrontamiento y modificar las distorsiones cognitivas sobre la capacidad de control del sujeto. Asimismo hay que actuar sobre los problemas específicos de la persona, planificar el tiempo libre e introducir cambios en el estilo de vida.

Si una persona se mantiene alejada de la adicción durante un período prolongado (1 o 2 años), la probabilidad de recaída disminuye considerablemente. A medida que aumenta temporalmente el control de la conducta y que se es capaz de hacer frente con éxito a las diversas situaciones presentadas en la vida cotidiana, el sujeto experimenta una percepción de control, que aumenta la expectativa de éxito en el futuro (Echeburúa, 1999).

Sin embargo, los problemas respecto al tratamiento de la adicción a Internet distan de estar resueltos en la actualidad. Muchos de los sujetos aquejados con este tipo de trastornos se niegan a reconocer el problema; otros muchos no buscan ayuda terapéutica; otras la solicitan, pero abandonan la terapia al cabo de una o dos sesiones; otros muchos, tras el tratamiento, acaban por recaer; y otros, por último, abandonan los hábitos adictivos por sí mismos, sin ayuda terapéutica.

¡Ahora llega tu turno! ¿Conoces a alguien que pueda necesitar de alguna intervención? ¿Qué opinas sobre las medidas propuestas en este post? No dudes en participar, preguntar cualquier cosa y en dejar tu comentario.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

 

Materiales consultados:

  • Enrique Echeburúa; Paz de Corral (2012). Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto, Universidad del País Vasco; Revista Española sobre Drodependencia. Link de referencia: http://www.redalyc.org/html/2891/289122889001/
  • Becoña, E. (2009). Factores de riesgo y de protección en la adicción a las nuevas tecnologías. En E. Echeburúa, F.J. Labrador y E. Becoña (eds.), Adicción a las nuevas tecnologías en adolescentes y jóvenes (pp. 77-97). Madrid: Pirámide
  • Johansson, A. y Götestam, K.G. (2004). Internet addiction: characteristics of a questionnaire and prevalence in Norwegian youth (12-18 years). Scandinavian Journal of Psychology, 45, 223-229.

 

Los factores de riesgo en la adicción de las TIC

Cuándo empezamos a tener esta dependencia? ¿Cuáles son las características que favorecen el abuso a Internet y a las redes sociales? ¡Entra y descubre-lo!

En el pasado post ¿Adición a las redes sociales? nos planteábamos la situación actual que tenemos respeto a las TIC, sus pros y contras, además de hablar de qué modo nos afecta una ciberadicción. Pero… ¿Cuándo empezamos a tener esta dependencia? ¿Cuáles son las características que favorecen el abuso a Internet y a las redes sociales? En este post, queridos lectores de CienciaPoliticamenteIncorrecta, hablaremos de sus principales factores de riesgo y de las señales de alarma que nos advierten de un consumo abusivo de las TIC. ¡Empecemos!

El primer factor de riesgo está vinculado a la edad de los usuarios: a un nivel demográfico, los adolescentes constituyen un grupo de riesgo porque tienden a buscar sensaciones nuevas y son los que más se conectan a Internet, además de estar más familiarizados con las nuevas tecnologías. Sin embargo, hay personas más vulnerables que otras a las adicciones. De hecho, la disponibilidad ambiental de las nuevas tecnologías en las sociedades desarrolladas es muy amplia y, sin embargo, sólo un reducido número de personas muestran problemas de adicción (Becoña, 2009; Echeburúa y Fernández-Montalvo, 2006; Labrador y Villadangos, 2009).

Como segundo factor de riesgo, encontramos las características de personalidad o estados emocionales que aumentan la vulnerabilidad psicológica a las adicciones: la impulsividad; la disforia (estado anormal del ánimo que se vivencia subjetivamente como desagradable y que se caracteriza por oscilaciones frecuentes del humor); la intolerancia a los estímulos placenteros, tanto físicos (dolores, insomnio o fatiga) como psíquicos (disgustos, preocupaciones o responsabilidades); y la búsqueda exagerada de emociones fuertes son componentes que ayudan a la ciberadicción, ya sea como modo de escapar de la realidad, como un modo de evadirse o simplemente como diversión.

Este factor de riesgo es común con otras adicciones, solo que en esta ocasión se vincula al uso y abuso de las TIC. Hay veces, sin embargo, en que en la adicción subyace un problema de personalidad -timidez excesiva, baja autoestima o rechazo de la imagen corporal, por ejemplo- o un estilo de afrontamiento inadecuado ante las dificultades cotidianas. A su vez, los problemas psiquiátricos previos (depresión, TDAH, fobia social u hostilidad) aumentan el riesgo de engancharse a Internet (Estévez, Bayón, De la Cruz y Fernández-Liria, 2009; García del Castillo, Terol, Nieto, Lledó, Sánchez, Martín-Aragón, et al., 2008; Yang, Choe, Balty y Lee, 2005).

El tercer y último factor de riesgo está relacionado con la situación personal que vive el individuo: se trata de personas que muestran una insatisfacción personal con su vida o que carecen de un afecto consistente y que intentan llenar esa carencia con drogas o alcohol o con conductas sin sustancias (compras, juego, Internet o móviles). En estos casos Internet o los aparatos de última generación actúan como una prótesis tecnológica. Estás personas corren un gran riesgo de hacerse adicto si cuentan con un hábito de recompensas inmediatas, tienen el objeto de la adicción a mano, se sienten presionado por el grupo y están sometidos a circunstancias de estrés (fracaso escolar, frustraciones afectivas o competitividad) o de vacío existencial (aislamiento social o falta de objetivos). De este modo, más que de perfil de adicto a las nuevas tecnologías, hay que hablar de persona propensa a sufrir adicciones.

Las personas que ya tienen un perfil de adicción a otras substancias tienen mayor riesgo de caer en la ciberadicción

Ahora ya conocemos los factores de riesgo. ¿Qué hacemos si tenemos algunos de estos factores? ¿Cómo podemos evitar esta clase de situaciones? ¿En qué debemos fijarnos para saber que corremos el riesgo de padecer una ciberadicción? Pues que nos tenemos que fijar en las señales de alarma.

Las principales señales de alarma que denotan una dependencia a las TIC o a las redes sociales y que pueden ser un reflejo de la conversión de una afición en una adicción son las siguientes (Young, 1998):

  1. Privarse de sueño (<5 horas) para estar conectado a la red, a la que se dedica unos tiempos de conexión anormalmente altos.
  2. Descuidar otras actividades importantes, como el contacto con la familia, las relaciones sociales, el estudio o el cuidado de la salud.
  3. Recibir quejas en relación con el uso de la red de alguien cercano, como los padres o los hermanos.
  4. Pensar en la red constantemente, incluso cuando no se está conectado a ella y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta muy lenta.
  5. Intentar limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, y perder la noción del tiempo.
  6. Mentir sobre el tiempo real que se está conectado o jugando a un videojuego.
  7. Aislarse socialmente, mostrarse irritable y bajar el rendimiento en los estudios.
  8. Sentir una euforia y activación anómalas cuando se está delante del ordenador.

De este modo, conectarse al ordenador nada más llegar a casa, meterse en Internet nada más levantarse y ser lo último que se hace antes de acostarse, así como reducir el tiempo de las tareas cotidianas, tales como comer, dormir, estudiar o charlar con la familia, configuran el perfil de un adicto a Internet. Más que el número de horas conectado a la red, lo determinante es el grado de interferencia en la vida cotidiana (Davis, 2001).

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Pensar constantemente en la red es una de las señales de alarma a la ciberadicción

Como ya habíamos comentado, , la dependencia a Internet o a las redes sociales está ya instalada cuando hay un uso excesivo asociado a una pérdida de control, aparecen síntomas de abstinencia (ansiedad, depresión, irritabilidad) ante la imposibilidad temporal de acceder a la Red, se establece la tolerancia (es decir, la necesidad creciente de aumentar el tiempo de conexión a Internet para sentirse satisfecho) y se producen repercusiones negativas en la vida cotidiana.

En estos casos engancharse a una pantalla supone una focalización atencional, reduce la actividad física, impide diversificar el tiempo un flujo de transrealidad que recuerda la experiencia de las drogas (Greenfield, 2009; Griffiths, 2000).

¡Ahora llega tu turno! ¿Has detectado alguna de estas señales de alarma en ti mismo/a? ¿O en alguien cercano? ¿Estás de acuerdo con los factores de riesgo presentados en este post? No dudes en participar, preguntar cualquier cosa y en dejar tu comentario.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

Materiales consultados:

  • Enrique Echeburúa; Paz de Corral (2012). Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto, Universidad del País Vasco; Revista Española sobre Drodependencia. Link de referencia: http://www.redalyc.org/html/2891/289122889001/
  • Becoña, E. (2009). Factores de riesgo y de protección en la adicción a las nuevas tecnologías. En E. Echeburúa, F.J. Labrador y E. Becoña (eds.), Adicción a las nuevas tecnologías en adolescentes y jóvenes (pp. 77-97). Madrid: Pirámide
  • Johansson, A. y Götestam, K.G. (2004). Internet addiction: characteristics of a questionnaire and prevalence in Norwegian youth (12-18 years). Scandinavian Journal of Psychology, 45, 223-229.

¿Adicción a las redes sociales?

¿Dedicamos demasiado tiempo a estas  plataformas? ¿Hasta qué punto estamos dependiendo de ellas? ¿Podemos estar hablando de una adición a las redes sociales? ¡Entra y descubre-lo!

Des de hace ya algún tiempo estamos viviendo un autentico “boom” de las redes sociales y de las tecnología de la información y de la comunicación (llamadas de modo simplificado como las TIC). Plataformas como Facebook, Twitter, Instagram o Youtube son consumidas de forma masiva a diario y han conseguido que la moneda virtual sea el like; fuente de reconocimiento social, influencia y, por qué no, de autoestima para el usuario que los recibe.

Plataformas como Facebook, Twitter, Instagram o Youtube
son consumidas de forma masiva a diario

Su crecimiento y consolidación como medio de comunicación ya es una verdad que afecta a la mayor parte de la población: según el estudio realizado por la Fundación Pfizer (2009), el 98% de los jóvenes españoles de 11 a 20 años es usuario de Internet. De ese porcentaje, siete de cada 10 afirman acceder a la red por un tiempo diario de, al menos, 1,5 horas, pero sólo una minoría (en torno al 3% o al 6%) hace un uso abusivo de Internet. Es, por tanto, una realidad obvia el alto grado de uso de las nuevas tecnologías entre los adolescentes y jóvenes (Johansson y Götestam, 2004; Muñoz- Rivas, Navarro y Ortega, 2003). ¿A qué se debe este éxito?

¿Dedicamos demasiado tiempo a estas  plataformas? ¿Hasta qué punto estamos dependiendo de ellas? ¿Podemos estar hablando de una adición a las redes sociales? Este es, queridos lectores de CienciaPoliticamenteIncorrecta, el tema que trataremos en esa ocasión.

Hay hechos que resultan innegables: las TIC están llamadas a facilitarnos la vida y han venido para quedar-se. Su uso es cuasi inevitable y, de hecho, si estas leyendo este post es precisamente porque estás haciendo uso de ellas. Las TIC simplifican considerablemente nuestros quehaceres cotidianos y el atractivo de Internet se caracteriza por la respuesta rápida, las recompensas inmediatas, la interactividad y las múltiples ventanas con diferentes actividades. El uso es positivo, siempre que no se dejen de lado el resto de las actividades propias de una vida normal (estudiar, hacer deporte, ir al cine, salir con los amigos o relacionarse con la familia). Otra cosa es cuando el abuso de la tecnología provoca aislamiento, induce ansiedad, afecta a la autoestima y le hace perder al sujeto su capacidad de control. 

Es innegable: las TIC simplifican considerablemente nuestros quehaceres cotidianos

Antes de seguir, debemos aclarar en qué consisten las adicciones y de qué modo funcionan: lo que caracteriza a una adicción es la pérdida de control y la dependencia. Cualquier inclinación desmedida hacia alguna actividad puede desembocar en una adicción, exista o no una sustancia química de por medio. La adicción es una afición patológica que genera dependencia y resta libertad al ser humano al estrechar su campo de conciencia y restringir la amplitud de sus intereses. De hecho, existen hábitos de conducta aparentemente inofensivos que, en determinadas circunstancias, pueden convertirse en adictivos e interferir gravemente en la vida cotidiana de las personas afectadas, a nivel familiar, escolar, social o de salud (Echeburúa y Corral, 1994).

Entonces, entendiendo que las adiciones no dependen necesariamente de un consumo a una substancia concreta y que los adictos lo son, precisamente, por perder control y dependencia en sus vidas cotidianas… ¿qué pasa cuando una persona presenta una dependencia a las redes sociales? Fácil; padece una ciberadicción.

La ciberadicción se establece cuando el niño deja de verse con sus amigos y se instala frente a la pantalla con sus videojuegos, el adolescente presta más atención a su Iphone que a su novia, el joven no rinde en los estudios porque revisa obsesivamente su correo electrónico o el adulto no es capaz de separar-se del móvil esperando a ver el resultado final de una apuesta deportiva. En todos estos casos hay una clara interferencia negativa en la vida cotidiana (Estallo, 2001).

La ciberadicción se establece cuando se prefiere el uso de una TIC antes que cualquier otra actividad propia de la edad, como quedar con los amigos para hablar o jugar

El adicto sopesa los beneficios de la gratificación inmediata, pero no repara en las posibles consecuencias negativas a largo plazo. Por ello, el abuso de las redes sociales virtuales puede facilitar el aislamiento, el bajo rendimiento, el desinterés por otros temas, los trastornos de conducta y quebranto económico (los videojuegos, las apuestas online, la compra compulsiva por Internet), así como el sedentarismo y la obesidad. Además, al tener un uso tan continuo de la comunicación por las redes sociales, pueden terminar presentado dificultados en sus habilidades de relación social en la vida real, vergüenza desmedida, comportamientos poco adaptativos, fobia social, etc.

Por lo general, es un suceso muy negativo (fracaso escolar, trastornos de conducta, mentiras reiteradas, aislamiento social, problemas económicos, presión familiar)  suele ser el detonante que induce a la ciberadicción y que, ante el empeoramiento de la situación, es el paciente mismo quien busca ayuda y se moviliza para que le consulten por el problema (Echeburúa, 2001; Echeburúa, Amor y Cenea, 1998).

¡Ahora llega tu turno! ¿En verdad crees que hay una adición a las redes sociales? ¿Las TIC son realmente tan buenas o tan malas? ¿Hacia dónde crees que evolucionará este modo de comunicación? No dudes en participar, preguntar cualquier cosa y en dejar tu comentario.

Y cómo no podía ser menos, hoy estrenamos redes sociales; si te gustan nuestros contenidos podéis seguirnos en Twitter y Instagram

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

Materiales consultados:

  • Enrique Echeburúa; Paz de Corral (2012). Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto, Universidad del País Vasco; Revista Española sobre Drodependencia. Link de referencia: http://www.redalyc.org/html/2891/289122889001/
  • Becoña, E. (2009). Factores de riesgo y de protección en la adicción a las nuevas tecnologías. En E. Echeburúa, F.J. Labrador y E. Becoña (eds.), Adicción a las nuevas tecnologías en adolescentes y jóvenes (pp. 77-97). Madrid: Pirámide
  • Johansson, A. y Götestam, K.G. (2004). Internet addiction: characteristics of a questionnaire and prevalence in Norwegian youth (12-18 years). Scandinavian Journal of Psychology, 45, 223-229.
  • Franco Monte (2017) La necesidad de llenar un vacío interior nos ha obsesionado con “likear” y ser “likeados”. Cultura Colectiva. Link de referencia: https://culturacolectiva.com/tecnologia/la-obsesion-por-los-likes/