¿Hay algún problema con los videojuegos?

Vamos a hablar de un tema un tanto controvertido, el uso de los videojuegos. ¿Se abusa de ellos? ¿Hay algún problema con los videojuegos? ¡Entra y descubre-lo!

Este es un tema recurrente en las preocupaciones de los padres; frases como “mi hijo está enganchado a la maquinita”, “no se despega del mando” o “solo piensa en jugar” son muy usuales y son muchos los padres que lo viven como si realmente se tratase de una adicción. ¿Tienen razón?

Voy a aprovechar que ya llevamos 3 post sobre el tema de la ciberadicción, sus factores de riesgo y su acercamiento al tratamiento para hacer una reflexión sobre este tema. Esto significa que todo el texto de este post es subjetivo: no sale de ningún estudio ni tiene ninguna referencia académica; solo es mi opinión personal así que es muy probable que tu opinión sea distinta a la mía. Por lo tanto, no dudéis en dejarla en la caja de comentarios, que nos encantan vuestras opiniones. Aclarado esto, empecemos.

Es cierto que los niños (y los que no son tan niños) presentan una fijación especial a los videojuegos. Se pueden pasar horas y horas delante de una pantalla jugando, ya sea al LOL, al nuevo COD, al Fornite o a cualquier otro juego de consumo masivo sin parar, sin descansar y, a veces, incluso sin comer. ¡Y es que no puede ser de otro modo! Quiero decir; son juegos diseñados, pensados y creados para conseguir atraer a su público y hacer que se enganche.

Juegos como el Fornite o el LoL ya son fenómenos de masas, con consumos masivos

La jugabilidad, los colores, los gráficos, el sistema de premios y recompensas, la cooperación y la competición online, las actualizaciones de nuevos contenidos, su promoción por Youtube,… todo suma e influye para que una vez lo pruebes quieras volver a repetir. Es un entorno único, rico y fascinante que te invita a quedarte y desconectar del mundo real.

La mayoría de juegos que triunfan y que más enganchan son los que tienen un componente de multijugador online (ya que los single player suelen tener una duración más corta y, una vez completado el juego, resulta más difícil que los niños lo repitan porque les resulta poco divertido hacer siempre el mismo contenido).

En esta clase de juego, tal y como comentábamos en este otro post, hay más riesgos de caer en la ciberadicción, sobretodo si se cumplen factores predisponentes como el bulliyng, rechazo social o pocas habilidades sociales que les hacen sentir inseguros en la vida real pero que les ayuda a hacer amigos por la red. El razonamiento que suelen seguir es el de “cuando más bueno sea en el juego, más gente quera jugar conmigo y más amigos tendré” ¿conclusión? “debo practicar más”. Y, por lo tanto, aún le meten más horas en el juego.

Esto no es algo nuevo: hace años ya pasaba con el uso de las maquina recreativas. La gran diferencia es que no se podía jugar desde casa, pero enganchaba igual. Lo que pasa ahora es que el método se ha perfeccionado hasta transformarse en un bien de consumo y rara es la casa que no tenga algún tipo de plataforma des de la que poder jugar (el ordenador, la PS3 o PS4, las XboX, las consolas de Nintendo… ¡incluso los móviles!).

De hecho, sin ir más lejos, hay un montón de adultos que también consumen videojuegos a diario durante horas, ya sea en el trasporte para ir hacía el trabajo (en el metro, el tren o el bus), en su propio espacio de ocio o, a veces, incluso en el trabajo. ¿Quién no ha jugado nunca al Candy Crush o al PetRescue? Pero para este colectivo, estas horas de juego no son vistas como una adicción. ¿Por qué?

Los niños se aburren. Esto es un hecho y, por cómo está montada la sociedad, de pequeños tienen poco tiempo de jugar con sus padres a juegos más convencionales. En cambio, se les expone des de bien temprano a las TIC (ordenador/móvil/televisión), ya sea como juego, película o youtube, para distraerlos. Así que aprenden des de pequeños que estar delante de una pantalla es divertido.

Hay un decisivo factor relacionado con el tutelaje y la crianza de los padres hacía los niños sobre su relación con las consolas. En los videojuegos, como en cualquier otro TIC o situación cotidiana, hace falta educar adecuadamente a los niños y en su uso y consumo. Lo que no debería pasar es “mi niño no deja de jugar a las PS4” cuando nunca se le ha dedicado tiempo a jugar con él en su día a día, no se le ha puesto límites ni normas de uso u cuando se le ha comprado la consola, el juego e incluso se le ha dado un espacio concreto para que juegue. Si se le ha dado todo esto… ¿cómo quieres que el niño no lo use? Es incoherente pedir a un niño que no use un material que ha estado elegido y comprado para él.

¿Hay consumo? Sí. ¿Hay abuso? En muchos casos, sí. ¡Pero como en cualquier otro bien de consumo masificado! Pasa con los productos con azúcar, con el aumento generalizado de la obesidad o el alto consumo del alcohol así que, en realidad, si este tema sale más a flote es porqué impacta más de cerca al colectivo infantil. Ahora la pregunta es ¿Por qué no se limita este consumo des de pequeños?

En todos los videojuegos existe un PEGI que informa del contenido y características del juego

Los adolescentes ya es otro cantar pero los niños y niñas no tienen acceso a las consolas sin la colaboración y visto bueno de los padres. Y todos los videojuegos tienen un PEGI identificativo para mostrar si su contenido es adecuado o no para su edad. También hay videos en youtube que enseñan de que va el juego así que… ¿porque los padres permiten que sus hijos consuman algún tipo determinado de videojuego?

¡Ahora llega tu turno! ¿Crees que se esta abusando de los videojuegos? ¿Hasta que punto es todo responsabilidad de los niños y niñas? No dudes en participar, preguntar cualquier cosa y en dejar tu comentario.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

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¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?

El eterno debate, el enfrentamiento final, una lucha que se alarga entre los siglos y que llega a nuestros días ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? ¡Entra y descubre-lo!

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?

Esta es una cuestión que es fácil de sacar a debate, ya que muy a menudo es un tema que suele generar interés y resulta relativamente fácil construir una opinión propia acerca de esta pregunta.

En este dilema es casi ancestral, y que llega a remontar hasta en los tiempos de Aristóteles (284 – 322 a.C) o Plutarco (46 – 126 d. C), puede diferenciar dos posturas claramente diferenciadas, a saber, la opción A “el huevos fue primero que la gallina” o opción B “la gallina fue primera que el huevo”.

¿Huevo o Gallina?

Vamos a pensar un poco sobre los argumentos de una y otra opción:

La opción A se basa en el hecho indudable de que única y exclusivamente el huevo es el origen de todo, ya que solo existirá la gallina como tal una vez este huevo eclosione, crezca y termine siendo gallina. La madre del huevo no puede ser una gallina; el huevo es el inicio de un todo y es gracias a sus características individuales, personales e innatas, que son distintas a las de su madre, (que no es una gallina como tal y la conocemos hoy en día) las que permitirán que la gallina exista a través del nacimiento del huevo. Dicho de otro modo: es a través del huevo que nace el concepto de gallina.

La opción B, por su lado, defiende que el huevo siempre sale de algo previo (que en este caso es la gallina) de modo que sí dicha gallina nunca hubiera existido, el huevo nunca debería haber sido capaz de formarse. Siguiendo un razonamiento cercano al de la biología y la evolución, una “protogallina” (la especie antecesor a las gallinas) que está sujeta a las condiciones de la selección natural del entorno, es capaz de generar un huevo que a su vez tendrá pequeñas variaciones genéticas respeto a su madre por tal de adaptarse a su medio. Y así, con el tiempo y a lo largo de varias generaciones de “protogallinas” cada vez más adaptadas a ese entorno específico llega un momento en el que una “protogallina” nace con tantas variaciones genéticas respeto a su antecesora original que ya no se parecen en nada la una con la otra: acaba de surgir una nueva especie y este nuevo individuo recibe el nombre de gallina. En definitiva, si no existe la gallina… ¿Quién va a poner el huevo?

Pero bueno, esto es un post de psicología; en realidad no nos importa qué respuesta es la válida. Sea cual sea el argumento que más te convenga y, por lo tanto, la respuesta que consideres la adecuada no nos concierne, porqué en el fondo este dilema es una falacia, una “vicio vicioso” que no llega a ninguna parte y que lo que nos está preguntado realmente es ¿Qué modo de pensamiento tienes tu, el determinista o el construccionista?

¿Qué determina una partida de póker, las cartas que te han tocado o tu habilidad como jugador? ¿Cuándo te pasan cosas, estas suceden porque tú o otra persona habéis escogido que pase o ocurre por la gracia divina o por el destino? ¿Una persona tiene una enfermedad mental o es un enfermo mental? Porque dependiendo de tu respuesta, tu razonamiento y modo de entender la vida se decanta por el sistema determinista o el construccionista.

Mi posición, como comprenderéis, coincide en que lo primero fue gallina y el motivo es bien simple: el ser construccionista da margen de maniobra para la mejora y el crecimiento personal. Si nacemos determinados por alguna cosa, como en el caso del huevo, no queda espacio para que nuestras acciones puedan servir de nada… y eso incluye, lógicamente, el trabajo que se hace con la terapia psicológica.

Independientemente de cómo nazcas el entorno nos condiciona enormemente, des de nuestros aprendizajes hasta nuestra propia supervivencia. Incluso naciendo “determinado” por la genética (como algunos trastornos genéticos) siempre podemos mejorar nuestras aptitudes y habilidades gracias al esfuerzo y la práctica.

Es por todo esto que la postura es clara: una mentalidad abierta a un locus interno nos permite progresar, de modo que una visión construccionista siempre abre más opciones que una determinista.

Un Locus Interno nos ayuda a crecer nuestra autoestima y competencias

Así que ya sabéis… puede que nazcamos de un huevo, pero nuestras vivencias y experiencias serán las que realmente nos ayuden a ser la gallina que deseamos llegar a ser.

Saludos y hasta la próxima

Jaume Jubany

La importancia de ver más allá de las palabras

Las personas somos increíbles: sin abrir boca podemos dar una cantidad de información enorme y, casi sin esfuerzo, somos capaces de comprender con facilidad lo que piensan los demás. ¿Quieres conocer la importancia de ver más allá de las palabras? ¡Entra y descubre-lo!

Solemos relacionar la psicología a los test y a pruebas rarísimas que conducen a hablar sobre los trastornos, de cómo se debe actuar ante determinadas situaciones, de encontrar el momento oportuno para sacar los temas claves, etc. Pero la gran meta de cualquier psicólogo para hacer bien su trabajo es saber cómo identificar los momentos oportunos para preguntar/hablar sobre determinados temas… Y la pregunta es “¿cómo lo hacemos para notar que ese es el momento adecuado para hablarlo?”

Aquí es donde entra todo el material que he ido exponiendo a lo largo del post acerca del lenguaje (especialmente en El lenguaje no verbal) y las técnicas del lenguaje de las microexpresiones faciales de Paul Ekman. En resumen: lo que notas es el estado anímico del paciente a través de su lenguaje corporal y no verbal; de hecho, no sólo la del paciente, sino que a gracias a esta comunicación no verbal también identificas el estado anímico de cualquier persona en cualquier contexto. Y es al saber el estado anímico de la persona cuando detectas si es oportuno (o no) hablar del tema en cuestión.

Este post tiene como objetivo hablar sobre lo importante que es la comunicación no verbal, concretamente la corporal, por su importancia en el acto comunicativo entre las personas. Un símbolo, un gesto, una posición determinada, etc. son fuente de información que recibimos de forma constante sin ser demasiado conscientes de que recibimos estos signos y suelen acompañar continuamente lo que decimos a nivel verbal; ya sea para reforzar o contradecir este mensaje.

De hecho, el lenguaje corporal es considerando tan importante que dos personas que no saben la lengua oral de la otra se podríamos hacer entender mínimamente únicamente a partir de sus gestos corporales.

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Aunque sea en tono cómico, esta imagen refleja perfectamente la comunicación corporal de la que estamos hablando en este post: mira toda la comunicación que llega a haber si ni siquiera abrir la boca (algunas cara lo dicen todo por si solas).

Es por esta importancia y relevancia, además de la enorme utilidad que se puede sacar de cara a terapia y en el desarrollo de las actividades cotidianas del día a día que me propuse hacer un trabajo centrado en este tipo de comunicación.

Lo primero que destaca sobre el lenguaje corporal es el poco uso y comprensión consciente que hacemos teniendo en cuenta la enorme trascendencia que tiene en nuestras habilidades comunicativas. ¿Por qué sucede esto? De teorías (algunas de las cuales se irán viendo a lo largo del trabajo) de las que hay explican que hemos aprendido este código mediante el aprendizaje de observación e imitación desde pequeños y de su uso reiterado desde la del infancia ha llevado a una automatización de esta habilidad hasta hacerla prácticamente imperceptible. Otros, dicen que es una característica innata, que tenemos una programación de tipo biológico en los genes o en la Plasticidad cerebral que, ante un número y frecuencia de estímulos afloran y adquirimos de forma automática.

Sean cuales sean los motivos, el hecho estar en que la comunicación corporal es un tipo de lenguaje que tiene sus propias características y sus propias interpretaciones, por lo que antes de llegar a este tema habrá que hacer un pequeño bagaje sobre todos los elementos previos que tal tener controlados para poder comprender el lenguaje corporal en todo su esplendor.

Esto implica que como futuros profesionales de la psicología deberíamos dedicar parte de nuestras atenciones y esfuerzos en aprender a interpretar correctamente estos gestos y símbolos con el objetivo de entender mejor que nos dicen las personas a consulta , su estado anímico o la importancia que tienen para ellos aquel mensaje que nos están contando. Menudo en centramos demasiado en el que decimos y dejamos de lado el cómo lo decimos y qué elementos son los que utilizamos para decirlo y una de las intenciones que tiene esta reflexión es la de concienciación de estas prácticas. Hay que hacer una buena terapia, claro que sí, pero también tenemos que aprender a saber hacerla llegar y a captar cuando el receptor la ha recibido (y los cambios que esto le genera) en nuestra vida cuotidiana.

Un Saludo y hasta la próxima

Jaume Jubany

La muerte en nuestra sociedad

El sexo y la muerte han sido y son temas tabú en muchas sociedades ¿Por qué hablar de un tema como ese en un post de ciencia? ¡Entra y descubre-lo!

El sexo y la muerte han sido y son temas tabú en numerosas sociedades des de hace mucho tiempo: la temida pregunta “de donde vienen los niños” o la historia de la cigüeña son ejemplo emblemáticos de lo difícil que resulta hablar de estos temas. Y, aunque últimamente la sexualidad ha ido perdiendo estatus de tema prohibido, sigue habiendo un gran miedo a tratar de la muerte, especialmente a los más pequeños de la casa.

¿Por qué hablar de un tema como ese en un post de ciencia? Muy simple: si la muerte no se vive de forma natural y sin tabúes, se generar disonancias cognitivas que puede terminar por generar alguna problemática psicológica.

Tanto el de duelo como el duelo patológico son dos procesos mentales básicos en psicología y demasiado a menudo nos encontramos con problemas derivados de una mala lectura de estas situaciones vitales.

De todos modos, este post es una reflexión personal acerca del modo en que tratamos la muerte en nuestra sociedad, no uno sobre las patologías mentales relacionadas con el duelo. Mi intención es hacer pensar al lector si lo que describo en este texto es cierto, si le he ayudado a ver la realidad de una forma un poco distinta y si se ve capaz de hablar de la muerte sin miedos ni tabúes.

Empecemos por lo básico: ¿qué es la muerte? Por definición, es un efecto terminal que resulta de la extinción del proceso homeostático en un ser vivo. Dicho así no se entendiendo nada, ¿verdad? Lo importante de esta definición es que a nosotros no nos preocupa la muerte como tema general… más bien nos inquieta el fallecimiento de nuestros seres queridos o el nuestro propio.

Muchas especies no tienen consciencia de sí mismos de modo que no saben que están vivos y, por lo tanto, ignoran que algún día morirán. En este sentido, nuestra especie tiene la suerte/desgracia de saber que su propia existencia tendrá un final y este mismo conocimiento nos impulsa a levantarnos cada día de la cama, a hacer cosas… porque sabes que  llegará un  momento en el que no podrás hacerlo.

Vivimos en una sociedad dónde se tiene miedo a la muerte: no en el sentido genérico (no nos quedamos encerrados en casa por temor a que nos pase algo) sino más bien en una negación hacía ella. Se persigue una juventud eterna, dónde siempre somos fuertes, vigorosos y se niega la muerte, incluso a nuestros seres queridos.

La muerte es vista como algo lúgubre y aterrador, como si ignorándola pudiésemos escapar de ella

Esta situación es irónica ya que hasta ahora nunca habíamos visto una cantidad tan enorme de muerte, violencia y destrucción. Basta con abrir el televisor y mirar que ponen en su programación: ya sea por las noticias, las series o por películas, nuestra sociedad se ha vuelto una enorme consumidora de asesinatos y de gente muriéndose (y ni siquiera hablaremos de Internet, ya que podríamos dedicar varias páginas a su contenido violento).

Por una parte vemos muchas muertes, hasta el punto de haber desarrollado cierta desensibilizad hacia este tema (admitámoslo, vemos la crueldad de la guerra y el terrorismo mientras comemos y ni siquiera nos inquietamos), pero por el otro lado vivimos en un estado continuo de negación hacia la muerte. No es únicamente que la gente no hable de la muerte sino que se vive como si no existiera. Las personas siempre tenemos que estar sanas, guapas, fuertes y jóvenes. Los famosos se someten a innumerables operaciones estéticas para burlar la edad, es de mala educación  preguntar por la edad de otra persona, ser abuelo está mal visto,…

Se protege a los niños pequeños de la muerte de un familiar diciendo “el abuelo se ha quedado dormido”, “se ha ido a un sitio donde es muy feliz” porque tenemos integrado dentro de nuestra cultura que estar muerto es algo malo, que se tiene que evitar y fingir que no existe.

¿Cuantas veces has querido hablar de la muerte con una persona cercana y no lo has hecho porque “daba corte”? ¿No se te hace muy difícil intentar ayudar a un amigo que ha perdido a un ser querido, simplemente porque no sabes ni cómo abrir el tema?

Os invito a pensar en todo esto. Le tenemos miedo a la muerte y por eso la negamos… pero creo que es por desconocimiento, porque no sabemos que hay “más allá” (o si hay algo) y, sobretodo, tenemos miedo al dolor, a la perdida.

Todo esto es completamente natural y normal. Precisamente por esto deberíamos ser capaces de tratar la muerte con naturalidad y tranquilidad, hablar de ella con respeto pero sin miedos que bloquean una buena charla, ayudarnos unos a los otros como en cualquier otra situación. Aceptar que envejecemos y que esto es bueno, entender que forma parte de nuestras vidas y que negarla no evitará nada.

Espero que esta reflexión haya ayudado en cambiar, aunque sea un poco, el modo de ver y entender este tema; sin miedo se vive más feliz y esto es lo que realmente importa.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

Más de lo mismo, o cuando la solución es el problema

¿Nunca os ha pasado que intentáis hacer una cosa pero nunca la hacéis como es debido? ¿Nunca habéis intentado resolver un problema haciendo siempre lo mismo esperando a que hubiera un resultado distinto a lo que pasa siempre? En este post, vamos a tratar precisamente de esto. ¡Entra y descubre-lo!

¿Nunca os ha pasado que intentáis hacer una cosa pero nunca la hacéis como es debido? ¿Nunca habéis intentado resolver un problema haciendo siempre lo mismo esperando a que hubiera un resultado distinto a lo que pasa siempre?

Normalmente, cuando se nos plantan delante una serie de problemáticas o conflictos solemos actuar como ya lo habíamos hecho en anteriores situaciones para resolver-lo… y, generalmente, nos funciona. De hecho, hay muchas situaciones cuotidianas en las que “más de lo mismo” puede ser precisamente la solución del problema: “¿vas suspender el examen y tienes que ir a recuperación? Estudia más “,” ¿Tienes más hambre? Come otro plato”,” ¿No tienes suficiente dinero para ir de viaje? Haz horas extras”, y así podríamos seguir con una larga lista.

El tema sobre el que este texto intenta hacer reflexionar es acerca de aquellas situaciones, temas e incluso momentos en los que la solución no reside en hacer más de lo mismo; es más, seguir con esta política no sólo no soluciona el problema, sino que lo agrava.

De seguro que, en el día a día, te has obsesionado en una idea, lo has intentado una y otra vez y… ¿para qué? No sólo no has alcanzado el objetivo, sino que además has acabado harto, cansado, frustrado. Si esto también afectaba a otra persona, acabas enfadándote con ella o incluso termina considerándote un pesado. En la psicología, este hecho nos llega a consulta cuándo ya se ha transformado en un conflicto abierto y directo, donde el malestar está presente en todos los miembros de la familia y, generalmente, las personas están bastante quemadas de la problemática. Y este hecho ha llegado al extremo precisamente porque han utilizado la estrategia “más de lo mismo” una y otra vez, sin ser capaces de cambiar de método.

Haciendo siempre lo mismo tendemos a repetir siempre los mismos errores

Ponemos por caso el típico ejemplo del niño problemático, que hace la rabieta y los padres responden castigandolo a la habitación. Esta situación no sólo no resuelve el problema, sino que todavía genera más rabia al niño e incrementa los gritos y las exigencias. Los padres responden a este aumento de la rabia con un castigo aún más severo, como privando al niño de ver la televisión después de cenar. El niño ya se ha enfadado hasta los límites, tirando cosas por el suelo y diciendo palabras groseras o golpenado la pared. Aquí es donde los padres también se enfadan y obligan al niño a parar con un tono de voz muy alto o incluso algún coscorrón para que “deje de hacer el burro”. Y, después de eso, el niño sigue enfadado, los padres se sienten culpables y el niño ni ha terminado en la habitación ni se ha quedado sin televisión… ¿qué ha pasado aquí? ¿Qué es lo que ha fallado? Simple: haciendo más de lo mismo, la solución se ha vuelto un problema.

En este caso en concreto, los padres saben por experiencia que el castigo es una herramienta útil en la hora de regular el comportamiento de su hijo, por lo que han seguido esta lógica en cada momento en que el niño hacía justo lo contrario de lo que se le pedía. Esto ha generado una escalada de acciones y emociones negativas, de modo que el sistema familiar se ha ido radicalizando: por parte del niño, hemos empezado con una rabieta y acabó tirando y rompiendo cosas por el suelo. Por parte de los padres, han pasado de castigarlo un rato en la habitación en llegar a pegar y gritar al niño… es decir, la rabieta del niño se resuleve con más castigo no ha hecho de solución, ha provocado nuevos problemas.

¿Cómo resolver esta situación? Hay varias alternativas: los padres podrían calmar la rabieta del niño haciéndole un poco de caso, podrían haberle preguntado qué pasaba o qué necesitaba, podrían haber empezado a jugar con él para distraerlo de lo que quería o incluso, dependen de la edad, se podrían haber sentado con él y hablar de lo que le pasa para llegar a una solución nueva. De alternativas, siempre hay muchas… pero muy a menudo vamos con “piloto automático” y reaccionamos sin pensar a partir de nuestros propios esquemas mentales.

Espero que este pequeño texto os haya permitido pensar y reflexionar un poco acerca del modo en que soléis enfocar y resolver los problemas, hasta que punto repetimos acciones y patrones de comportamiento intentando solucionar una situación para terminar empeorándola aún más. Ser conscientes de ello es el primer paso para cambiar y empezar soluciones nuevas: ¡que no nos pase cómo en la imagen de arriba! Si siempre haces lo mismo, sólo obtendrás lo que ya tienes. Si deseas algo nuevo, hay que hacer cosas distintas.