Acoso Escolar, una pequeña pincelada del informe Cisneros VII

Das asco, nadie te quiere, no tienes amigos”. Tienes solo 7 años, estas acorralado en la pared de una pequeña plaza al lado de tu escuela y 6 niños te rodean y te repiten estas palabras. Durante años lo crees, te conviertes en una persona rota, esa cicatriz se queda ahí contigo y solo quieres desaparecer de este mundo.

Con los años, la percepción del acoso escolar se ha ido transformando de una mera y simple persecución física continua (cosa que sucede en el menor número de los casos) a una persecución psicológica constante.

El año 2005, Iñaki Piñuel y Araceli Oñate, redactaron el Informe Cisneros VII “Violencia y acoso escolar”, un estudio de una población concreta del cual me gustaría resaltar los 8 tipos de conductas que ellos diferenciaron.

  1. Comportamiento de desprecio y ridiculización.
  2. Coacciones
  3. Restricción de la comunicación y ninguneo.
  4. Agresiones físicas.
  5. Comportamiento de intimidación y amenaza.
  6. Comportamiento de exclusión y bloqueo social.
  7. Comportamiento de maltrato y hostigamiento verbal.
  8. Robos, extorsiones, chantajes y deterioro de pertenencias.

En la situación concreta que he expuesto al principio del post, podemos observar claramente al menos 4 de las conductas propuestas por los autores.  Diré que concretamente y como víctima de la situación considero presentes las conductas 1,5, 6 y 7.

Con esto pretendo mostrar que en una sola situación de acoso, pueden darse lugar muchas conductas de acoso que percibidas por el niño van afectando a diversos puntos de su psique.

Otro punto clave que me gustaría resaltar son los criterios diagnósticos propuestos por estos autores:

  • Existencia de una o más conductas de hostigamiento intencional.
  • Repetición de la conducta, evaluada por la víctima como intencional y sistemática dentro del entorno escolar.
  • Duración en el tiempo y establecimiento de un proceso que afecta a la vida de la víctima.

Para el último punto que me gustaría tratar en relación al informe escrito por Piñuel y Oñate, es necesario remarcar la última característica y sus implicaciones. Un proceso que afecta a la vida de la víctima, implica un empeoramiento de la calidad de vida presente y en muchos casos en que el acoso no se identifica a tiempo también en la calidad futura. Una mala identificación, una identificación tardía o una no-identificación (entre otras posibles situaciones) puede llevar a un conjunto secuelas psicológicas y afectaciones psicopatológicas.

En la muestra (N=4600) evaluada en Cisneros VII, estas fueron las  secuelas psicológicas y sus porcentajes de incidencia:

  • Síndrome de Estrés Postraumático (35%)
  • Depresión (36%)
  • Flashbacks/Terror (40%)
  • Ideación suicida o Autolisis (15%)
  • Baja Autoestima (36%)
  • Ansiedad (36%)
  • Somatizaciones (14%)
  • Autoimagen negativa (37%)
  • Introversión Social (25%)
  • Distimia (30%)

Vemos con esta información, hasta que nivel las situaciones de acoso escolar pueden afectar a la vida y la salud de las víctimas. Si a esto le sumamos el hecho que en el estudio entre un 40 y un 58% de las víctimas no se percibían como tal, podemos suponer que en una gran parte de los casos, encontraremos un intento activo de aparentar un bienestar que no se posee. A mi parecer, y basado en mi propia experiencia, este aparente bienestar puede entonces causar que las secuelas no se perciban a tiempo y que hayan dado lugar a un empeoramiento de las afectaciones psicopatológicas del niño.

En base a esta información considero muy necesario fortalecer las políticas contra el acoso escolar y endurecer las leyes para la defensa de las víctimas, así como la gran necesidad de hacer evaluaciones periódicas en todos los ambientes escolares para intentar minimizar las situaciones de acoso. Esto a su vez se traduciría en un incremento en la calidad de vida de los niños víctimas de acoso, así como de los futuros adultos en los que se acabaran convirtiendo. Este aumento en la calidad de vida, siendo muy optimista, dejando de lado la carga emocional y mirándolo desde un punto de vista estrictamente pragmático, una mejora en el nivel de vida de estos niños podría llevar incluso en un ahorro económico a nivel familiar (en mayor grado) y a nivel estatal (en un grado menor).

Finalmente, y como víctima de acoso durante años, me gustaría acabar este post animando a todos aquellos que han sufrido o sufren estas situaciones a salir del bucle y contar su situación, así como a los espectadores pasivos que observan a diario estas situaciones.

PsychoBard

Más de lo mismo, o cuando la solución es el problema

¿Nunca os ha pasado que intentáis hacer una cosa pero nunca la hacéis como es debido? ¿Nunca habéis intentado resolver un problema haciendo siempre lo mismo esperando a que hubiera un resultado distinto a lo que pasa siempre?

Normalmente, cuando se nos plantan delante una serie de problemáticas o conflictos solemos actuar como ya lo habíamos hecho en anteriores situaciones para resolver-lo… y, generalmente, nos funciona. De hecho, hay muchas situaciones cuotidianas en las que “más de lo mismo” puede ser precisamente la solución del problema: “¿vas suspender el examen y tienes que ir a recuperación? Estudia más “,” ¿Tienes más hambre? Come otro plato”,” ¿No tienes suficiente dinero para ir de viaje? Haz horas extras”, y así podríamos seguir con una larga lista.

El tema sobre el que este texto intenta hacer reflexionar es acerca de aquellas situaciones, temas e incluso momentos en los que la solución no reside en hacer más de lo mismo; es más, seguir con esta política no sólo no soluciona el problema, sino que lo agrava.

De seguro que, en el día a día, te has obsesionado en una idea, lo has intentado una y otra vez y… ¿para qué? No sólo no has alcanzado el objetivo, sino que además has acabado harto, cansado, frustrado. Si esto también afectaba a otra persona, acabas enfadándote con ella o incluso termina considerándote un pesado. En la psicología, este hecho nos llega a consulta cuándo ya se ha transformado en un conflicto abierto y directo, donde el malestar está presente en todos los miembros de la familia y, generalmente, las personas están bastante quemadas de la problemática. Y este hecho ha llegado al extremo precisamente porque han utilizado la estrategia “más de lo mismo” una y otra vez, sin ser capaces de cambiar de método.

Haciendo siempre lo mismo tendemos a repetir siempre los mismos errores

Ponemos por caso el típico ejemplo del niño problemático, que hace la rabieta y los padres responden castigandolo a la habitación. Esta situación no sólo no resuelve el problema, sino que todavía genera más rabia al niño e incrementa los gritos y las exigencias. Los padres responden a este aumento de la rabia con un castigo aún más severo, como privando al niño de ver la televisión después de cenar. El niño ya se ha enfadado hasta los límites, tirando cosas por el suelo y diciendo palabras groseras o golpenado la pared. Aquí es donde los padres también se enfadan y obligan al niño a parar con un tono de voz muy alto o incluso algún coscorrón para que “deje de hacer el burro”. Y, después de eso, el niño sigue enfadado, los padres se sienten culpables y el niño ni ha terminado en la habitación ni se ha quedado sin televisión… ¿qué ha pasado aquí? ¿Qué es lo que ha fallado? Simple: haciendo más de lo mismo, la solución se ha vuelto un problema.

En este caso en concreto, los padres saben por experiencia que el castigo es una herramienta útil en la hora de regular el comportamiento de su hijo, por lo que han seguido esta lógica en cada momento en que el niño hacía justo lo contrario de lo que se le pedía. Esto ha generado una escalada de acciones y emociones negativas, de modo que el sistema familiar se ha ido radicalizando: por parte del niño, hemos empezado con una rabieta y acabó tirando y rompiendo cosas por el suelo. Por parte de los padres, han pasado de castigarlo un rato en la habitación en llegar a pegar y gritar al niño… es decir, la rabieta del niño se resuleve con más castigo no ha hecho de solución, ha provocado nuevos problemas.

¿Cómo resolver esta situación? Hay varias alternativas: los padres podrían calmar la rabieta del niño haciéndole un poco de caso, podrían haberle preguntado qué pasaba o qué necesitaba, podrían haber empezado a jugar con él para distraerlo de lo que quería o incluso, dependen de la edad, se podrían haber sentado con él y hablar de lo que le pasa para llegar a una solución nueva. De alternativas, siempre hay muchas… pero muy a menudo vamos con “piloto automático” y reaccionamos sin pensar a partir de nuestros propios esquemas mentales.

Espero que este pequeño texto os haya permitido pensar y reflexionar un poco acerca del modo en que soléis enfocar y resolver los problemas, hasta que punto repetimos acciones y patrones de comportamiento intentando solucionar una situación para terminar empeorándola aún más. Ser conscientes de ello es el primer paso para cambiar y empezar soluciones nuevas: ¡que no nos pase cómo en la imagen de arriba! Si siempre haces lo mismo, sólo obtendrás lo que ya tienes. Si deseas algo nuevo, hay que hacer cosas distintas.