¿En que nos basamos para hacer los diagnósticos?

¿Como catalogamos los trastornos psicológicos? ¿Hay algún modo concreto de hacer diagnósticos? Vamos a hablar de todo esto y del DSM-5 en este post. ¡Entra y descubre-lo!

En vistas a la nueva sección del blog: Salud mental y los Trastornos psicológicos, hemos considerado importante hablar, antes que de cualquier cosa, de en qué se basa la comunidad científica para decir si una cosa u otra es un trastorno mental. Para hacer-lo, vamos a hablar acerca del manual de proceso diagnóstico DSM-5. Así que ¿Qué es el DSM-5?

El DSM-5 es como la Biblia de los diagnósticos de los trastornos mentales: todos los profesionales que nos dedicamos a la rama más clínica lo usamos como referencia y como herramienta indispensable. Es lo que le da rigor científico a nuestros dictámenes y es un libro que cuenta con el reconocimiento y la fiabilidad internacional sobre el tema. Dicho en otras palabras: el DSM ES EL LIBRO del trastorno mental y ahora mismo estamos en su quinta edición.

El DSM-5 es la quina edición sobre los trastornos mentales

Si esta es la quinta edición es porque los trastornos mentales y el modo de entenderlos y de clasificar-los por la comunidad científica ha ido variando a lo largo del tiempo. Tanto es así que, en cada actualización, algunos trastornos cambian parte de sus criterios de diagnóstico, otros son absorbidos en categorías más amplias e, incluso, algunos trastornos cambian su nombre o son eliminados por dejarse de considerar como tal.

Así pues, esta nueva edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM5), es la obra más completa y actualizada de la práctica clínica, a disposición de los médicos especializados en salud mental e investigadores. La información que ofrece este manual es también útil para otros profesionales de la especialidad; además de los psicólogos también lo suelen usar los terapeutas ocupacionales, los enfermeros, los trabajadores sociales, médicos forenses y especialistas legales. Y su función es la de definir y clasificar los trastornos mentales con el objetivo de mejorar los diagnósticos, tratamientos y en la investigación.

Clasificación del DSM-5

El DSM-5, como libro que es, cuenta con su propio Prefacio, su introducción, su modo de utilización y su apartado de Conceptos básicos, entre otras secciones. Como estos apartados son inherentes al libro, no vamos a tratar-los en este post, así que nos centraremos principalmente en como divide y engloba a los distintos trastornos. Esta clasificación se encuentra en la Sección II. Criterios y códigos diagnósticos y cataloga a los trastornos mentales del siguiente modo:

  1. Trastornos del neurodesarrollo
  2. Espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos
  3. Trastorno bipolar y trastornos relacionados
  4. Trastornos depresivos
  5. Trastornos de ansiedad
  6. Trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos relacionados
  7. Trastornos relacionados con traumas y factores de estrés
  8. Trastornos disociativos
  9. Trastornos de síntomas somáticos y trastornos relacionados
  10. Trastornos de la conducta alimentaria y de la ingesta de alimentos
  11. Trastornos de la excreción
  12. Trastornos del sueño-vigilia
  13. Disfunciones sexuales
  14. Disforia de género
  15. Trastornos disruptivos, del control de los impulsos y de la conducta
  16. Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos
  17. Trastornos neurocognitivos
  18. Trastornos de la personalidad
  19. Trastornos parafílicos
  20. Otros trastornos mentales
  21. Trastornos motores inducidos por medicamentos y otros efectos adversos de los medicamentos
  22. Otros problemas que pueden ser objeto de atención clínica

Son muchas categorías distintas ¿verdad?

Datos importantes acerca del DSM-5 y del proceso diagnóstico

Tal y como se puede ver en la lista anterior, hay un montón de categorías diferentes que nos permiten daros una visión global de la gran cantidad de trastornos que se pueden diagnosticar en la actualidad. Dentro de cada categoría encontramos todos los trastornos asociados a la misma que, a su vez, tienen una lista de requisitos o criterios diagnósticos que deben ser cumplidos para poder afirmar si una persona tiene o no tal las características necesarias para poder tener un diagnóstico de trastorno mental.

Cumplir con todos y cada uno de los criterios es indispensable para poner un diagnóstico. Y si no se hiciera de este modo, se podría considerar una mala praxis profesional o, incluso, una posible negligencia médica grave.

Así pues, en psicología clínica hacemos la evaluación de los usuarios según pruebas que van orientadas a validar o negar los criterios de diagnóstico que hay presentes en el DSM-5.

boom

¡Último detalle! El DSM-5 es una herramienta importante en el diagnóstico clínico pero no es el diagnóstico en si. De esto ya hablaremos de este tema en otro post. 

¡Ahora llega vuestro turno! ¿Conocíais el DSM-5? ¿Creéis que es tan importante para el diagnóstico de los trastornos mentales o que hay métodos mejores? No dudes en participar, preguntar cualquier cosa y en dejar tu comentario.

Muchas gracias y hasta la próxima

Jaume Jubany

 

Materiales consultados:

La psicopatologia de Batman

¿Quién no conoce a Batman? Su porte, tu capa negra, sus millones… ¡Batman es un héroe ! ¿Verdad…? ¿O quizás no? En este post vamos a hablar de su lado más oscuro y de su psicopatologia. ¿Estas listo para saber la verdad? ¡Entra y descubre-lo!

Hace unos días salió en los cines Batman vs Superman: Dawn of Justice y des de Ciencia Políticamente Incorrecta pretendemos aprovechar esta ocasión para tratar una cuestión de la que siempre hemos querido hablar: la psicopatología de Batman.

Este justiciero uniformado que lucha contra el mal repleto de gadgets y que lleva una doble vida como playboy multimillonario fue creado por Bob Kane el 1939 y es tan célebre que forma parte de nuestra cultura popular, de modo que nos saltaremos la introducción del personaje. Porque claro… ¿quién no conoce a Batman?

Lo singular de la historia del mundo de Bruce Wayne, más allá de que es un ser humano sin súper poderes (el dinero no lo tendremos en cuenta), es que posee villanos excelentemente construidos. Los principales malvados de estas tiras cómicas se caracterizan por ser personajes amorales, muy próximos a la locura: el ejemplo más claro es el caso del Joker, pero también podemos encontrar a Dos Caras, el Espantapájaros o el Sombrerero Loco (por no hablar de todos los lunáticos que podemos encontrar en el Manicomio de Arkham). Ante estos villanos, Batman suele presentarse como una fuerza del orden y del control inalterable, él único capaz de contener toda esta barbarie y locura… pero ¿realmente esta tan cuerdo como parece?

Antes de empezar con toda la psicopatología que acompaña al personaje, hace falta hacer un breve resumen de su historia y desarrollo a lo largo de los años. A menudo, la gente no suele saber que el personaje de Batman ha ido evolucionando con el tiempo: empezó siendo una especie de “La máscara del Zorro”, un justiciero que hacia políticas económicas favorables para los más necesitados y que luego se disfrazaba para poder luchar contra la ley desde el anonimato. Después, cogió un aire más de parodia cómica, donde se ponía a Batman como ejemplo de lo ridículos que pueden llegar a ser los superhéroes… esto casi consigue liquidar su carrera como figura de acción pero Denny O’Neill termino por conseguir que la historia de Batman regresa a sus orígenes. Finalmente Frank Miller, con El regreso del Caballero Oscuro, concluye por cimentar el Batman que todo el mundo conoce hoy día: oscuro, frio, poderoso, calculador y incluso un poco psicótico.

En este post se tiene en cuenta la personalidad del protagonista post Denny O’Neill, donde Batman es una figura torturada, sombría y nocturna. Así pues, aunque los Batman de Tim Burton, Christopher Nolan o Zack Snyder pueden resultar interesantes, no son los que trataremos aquí: la psique que conoceremos es la de los comics. Concretamente nos centraremos en las obras de autor como las de Frank Miller, Jeph Loeb y Tim Sale o Alan Moore, que son los responsables de haber transformado a Batman de esto

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a esto

    

Se nota la diferencia, ¿verdad?

Ahora que ya hemos contextualizado a Batman, vamos a centrarnos en su perfil psicológico: un niño, hijo único de una familia compuesta por padre y madre biológicos con relación estable, ve morir asesinados a sus progenitores a manos de un delincuente que los estaba atracado. Este niño pasa a ser criado por el viejo mayordomo de la familia, que hace a la vez de tutor legal y de figura paterna. El crío crece profundamente marcado por este acontecimiento, orientado todos sus esfuerzos y energías a encontrar métodos de “restablecer la justicia”, hasta el punto de que al llegar a su madurez lleva años de formación y de obsesivo entrenamiento en las practicas del combate cuerpo a cuerpo, además de haber desarrollado unas aptitudes físicas extraordinarias.

Al ser un sujeto con uso de razón y con consciencia de las normas sociales, Bruce Wayne rápidamente se da cuenta de que su idea de “aplicar justicia” (meterle una paliza padre a cualquier persona que haya quebrado la ley) no solo es ilegal, sino que le puede repercutir seriamente de forma negativa a su modo de vida. Para poder seguir con sus actividades de justiciero, se disfraza de murciélago negro todas las noches y se dedica a pelear a brazo partido contra delincuentes, construyendo su alter ego Batman para poder operar des del anonimato.

No hace falta fijarse mucho para darse cuenta de que Bruce Wayne tiene problemas psicológicos severos: se ha sentido desatendido a nivel emocional por toda su familia des de la muerte de sus padres (trastorno reactivo de la vinculación de la infancia), aun de adulto sigue reviviendo constantemente el asesinato de sus padres en forma de visiones o pesadillas recurrentes (trastorno por estrés postraumático), nunca ha sido capaz de aceptar que la muerte de sus padres es un hecho inevitable, incapaz de solucionar (duelo patológico), es incapaz de establecer nuevos vínculos sociales y/o emocionales duraderos con otras personas (trastorno disocial)  y frecuentemente lleva a cabo violentas peleas físicas con terceras personas que no conoce de nada sin sentir remordimiento alguno, además de ser incapaz de adaptarse a las normas sociales o de respetar la ley (trastorno antisocial de la personalidad/psicopatía).

En base a todo lo dicho anteriormente, podemos dejar claras un par de cuestiones: el personaje de Bruce Wayne es un individuo atormentado por sus propios fantasmas del pasado, incapaz de superar sus traumas y de reconstruir su vida a través de nuevos seres queridos. Es un ser consumido por la rabia, obsesionado en ejecutar su venganza contra todo aquel símbolo, acto o persona que le haga conectar con su dolor. Él no busca ayudar a los demás ni mejorar sus vidas… lo suyo, más bien, es un mecanismo para desatar su ira contenida, una especie de ritual para liberarse temporalmente de todo este sufrimiento que lo abruma y que le impide poder llevar una vida normal. En este sentido, Batman no es un héroe, no es un justiciero: es un psicópata violento y antisocial profundamente perturbado.

Si realmente quisiera ayudar a las personas, si su objetivo real fuera erradicar el crimen y salvaguardar la seguridad de Gotham, Bruce Wayne podría optar por otras vías de escape más allá de ser Batman, ya que Industrias Wayne tiene una riqueza valorada en $9.8 billones de dólares.

Podría invertir gran parte de ella en promover ayudas sociales, crear puestos de trabajo competentes, abrir nuevas líneas comerciales más justas con países con dificultades económicas, ayudar a los más necesitados, subvencionar asistencias a terceros, aprovechar el poder de su macroempresa para beneficiar y proteger a nivel legal a las microempresas de Gotham… pero no: su idea de ayudar a los demás es gastarse inmensas cantidades de dinero en nuevos juguetes, como el Batmóbil, el Batplano, guaridas secretas, armaduras, ordenadores, armas cuerpo a cuerpo, etc. para poder enfrentarse al nuevo villano de turno. Es cierto que la Fundación Wayne ayuda regularmente al Orfanato de Gotham, pero este gesto es muy poco comparado con todo el bien que podría llegar a hacer.

También podría ser que esta opción sea rechazada por el propio Wayne por considerar “inútil”  (quiero decir: en la vida real hay millonarios que apoyan económicamente a causas justas y no por ello ha desaparecido el crimen) pero eso no quiere decir que disfrazarse de murciélago sea la única opción para combatir los problemas de Gotham. Con su dinero, influencia y recursos podría fundar una corporación legal de vigilancia, crear su propio departamento reglamentario de policías y agentes de la ley libres de corrupción o incluso crear una organización privada de profesionales que se dedicaran a atacar sistemáticamente a las redes y organizaciones criminales hasta erradicarlas de su ciudad.

Incluso podría haber hecho terapia, afrontar sus problemas y vivir de lujo gracias a su empresa, creando una nueva familia que le amará, que le hiciera feliz. Pero si hiciera esto ¿en qué momento tendría la oportunidad de descargar sus puños contra los matones?

Insisto: Batman es un alter ego que ha sido creado por Bruce Wayne como herramienta para poder descargar su furia y angustia contra aquellas personas que le recuerdan a sus traumas. Incluso estando rodeado de héroes en la Liga de la Justicia es incapaz de ver la bondad de sus compañeros y tiene un plan específico para poder enfrentarse a cada uno de ellos en combate individual. No importa que, por ejemplo, Superman sea el individuo que más bien ha creado en toda la historia de la humanidad; Batman ya se ha gastado una fortuna en tener un arma de kriptonita a su disposición para poder matarlo “en caso de que se descontrole” (¿no podría haberse gastado ese dinero en reformar y reforzar la prisión de Gotham? ¡Aquello parece una aduana!).

Puede que algunos lectores aún no se hayan convencido con estos argumentos ya que Batman, a su modo, lucha contra el crimen sin hacer daño a la gente en exceso. Pero esto no es del todo cierto, ya que luchando contra los criminales les suele dejar en estados realmente lamentables: des de ponerlos en silla de ruedas de por vida, paralíticos, con secuelas físicas/mentales hasta llegar a dejarlos en estado comatoso permanente (situaciones que, en nuestra opinión, generan más dolor y sufrimiento que el hecho de morir) pero en algunas ocasiones Batman pierde el control de su ira y, sin hacerlo intencionalmente, termina por matar al delincuente. Es decir, Batman no mata por puro complejo, por una sensación de superioridad moral y no por ser el hecho de ser bueno.

Me encanta Batman. Es uno de mis personajes de ficción favoritos y lo es, precisamente, por esta aura oscura y salvaje que le rodea. La capacidad de poder estar siempre un paso por delante, su estoicismo, la frialdad implacable con la que rompe huesos y envía a matones al hospital sin despeinarse, su gran talento al luchar contra locos de la talla del Joker. Y, al igual que a mí, a mucha gente le gusta este personaje precisamente por esto.

Pero con todo, sus acciones son moralmente cuestionables. Aunque termine por hacer el bien, eso no quita el hecho de que sea una persona verdaderamente trastornada. ¿Si el objetivo de su rabia no fueran los criminales y, en vez de esto, le rompiera la cara indiscriminadamente a cualquier persona que se le pase por delante… seguiría siendo un héroe?

Saludos y hasta la próxima

Jaume Jubany

 

Referencias:

  • Clásicos del Cómic Batman – Bob Kane, de Panini Comics, Editorial Panini 2004
  • Batman: La Saga de Ra’s Al Ghul, de Dennis O’Neil, Planeta DeAgostini Cómics 2005
  • Batman: El Regreso del Caballero Oscuro, de Frank Miller, ECC Ediciones 2012
  • Batman: Año Uno, de Frank Miller, ECC Ediciones 2012
  • Batman: El Largo Halloween, de Jeph Loeb y Tim Sale, ECC Ediciones 2013
  • Batman: La Broma Asesina, de Alan Moore, ECC Ediciones 2013

Links de trastornos y patologías:

Los ansiolíticos

Seguimos con los temas relacionados con la farmacología. En esta ocasión, nos centramos en los ansiolíticos, sus tipos, efectos e impactos. ¿A que estas esperando a leer más? ¡Entra y descubre-lo!

Una vez terminada la larga introducción de los psicofármacos, nos podemos centrar específicamente en sus tipos, efectos y acciones. En concreto, hoy hablaremos de los ansiolíticos, sus indicadores clínicos, su clasificación, etc.

Entendemos como ansiolítico todo medicamento o actitud para el tratamiento de los trastornos de ansiedad, siendo las benzodiacepinas los más comunes. Tienen un efecto rápido y disminuyen los síntomas físicos y emocionales. Su uso debe ser muy cuidadoso, ya que algunas moléculas pueden crear adicción o dependencia. Una psicoterapia puede acompañar o reemplazar la toma de ansiolíticos cuando la ansiedad persiste a largo plazo.

Sus principales acciones farmacológicas son:

Ansiolíticos (saca ansiedad)

Hipnótica-sedante (adormece)

Miorelajante (relajante muscular)

Anticomissial (contra los ataques epilépticos).

Algunas de estas acciones pueden ser dependientes de la dosis. Así, muchas benzodiazepinas (BZA) presentan a dosis bajas una clara acción ansiolítica con poca capacidad para producir sedación o inducir el sueño. A dosis superiores, la capacidad de inducir al sueño aumenta. Por el contrario, en las dosis más bajas, no siempre es cierto, ya que algunas BZA son directamente hipnóticas a dosis habituales y deben utilizarse con este fin y no como ansiolíticos.

Su farmacocinética

Buena absorción vía oral (que es lo habitual). Por vía endovenosa, la absorción es irregular y la vía rectal es errática (evitar hacerlo). Las diferencias farmacológicas más importantes entre ellas son: – Vida media de eliminación (corta, media y larga) – Existencia (o no) de metabolitos activos. Las de vida media-larga, en general, son preferibles para el tratamiento a medio plazo de la ansiedad, pues, la posibilidad de dependencia es menor y permiten una dosis única al día. En el caso de insuficiencia apática (hígado) y renal se ajustarán las dosis para que los efectos los efectos secundarios no aumenten: es preferible la de vida corta (más fácil eliminación). Hay que tener en cuenta que son liposolubles (solubles en grasa); amplía distribución por el organismo y rápida llegada al sistema nervioso central. Atraviesan la barrera placentaria y pasan a la leche materna (todo esto no saldrá al examen). La mayoría se unen en <90% a las proteínas plasmáticas y la eliminación suele ser por vía urinaria.

 

Su farmacodinamia

Se unen a receptores específicos estrechamente relacionados por GABA (àcidogammaaminobutil) por los canales del Cloro (Cl -) . El conjunto de receptores más el canal de Cl – forman el complejo GABA. El GABA es un neurotransmisor inhibidor que provoca la apertura de los canales de Cloro y el resultado de la unión de las BZA con su receptor provoca un aumento de la eficacia del GABA en la apertura del canal de Cloro a través de la membrana neuronal y una potenciación del efecto inhibidor del GABA .

Conclusión: La acción inhibidora del complejo GABA determina una disminución de la actividad de otros neurotransmisores ( noradrenalina, dopamina y serotonina), que sería la responsable del efecto ansiolítico. Así pues, la unión de las BZA aumentan la afinidad de los receptores GABA por GABA; aumentando el flujo de iones del Cloro sobre las neuronas.

Principales indicadores clínicos

  1. Trastornos de ansiedad: Especialmente indicadas para la ansiedad reactiva y la ansiedad generalizada. Son de menor utilidad en trastornos del pánico, trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y fobia social.
  2. Insomnio: Prácticamente todas son eficaces en el insomnio de conciliación. En el insomnio de mantenimiento (3-4 a.m) son eficaces las de vida intermedia – larga. Es importante buscar siempre la causa del sueño.
  3. Estados mixtos ansioso – depresivos
  4. Espasticidad: contractura muscular (típico en epilepsias)
  5. Estados comiciales: epilepsias

 

Clasificación

 

Efectos secundarios

 – Sedación

– Riesgo de dependencia

– Hipotonía (disminución del tono muscular)

– Trastornos amnésicos

– Ansiedad y / o insomnio rebote

– Reacción paradójica, como la irritabilidad

– Alteraciones de la coordinación en dosis altas

 

Interacciones

Con el alcohol, depresores del sistema nervioso central, antidepresivos y otros fármacos.

Contraindicaciones

Tienen muchas, pero algunas que preferimos destacar son: hipersensibilidad, síndrome de las amneas del sueño y no dar como personas con insuficiencia apática, renal y respiratoria.

Precauciones

Pueden disminuir la capacidad de respuesta rápida ante los estímulos, por tanto, hay que vigilar con la conducción de vehículos, maquinaria y en trabajos que requieren reflejos rápidos y fuerza física.

Saludos y hasta la próxima

Jaume Jubany

La teoría de la vulnerabilidad

Estamos ante una de las teorías más importantes de la psicología moderna. Nos abre un montón de posibilidades que nos ayuda a comprender mejor como funcionan los trastornos mentales… y estas a un click de saber-lo. ¡Entra y descubre-lo!

Os presento una de las bases teóricas más importantes de la psicología moderna: la teoría de la vulnerabilidad. Se basa en la idea de que cualquier persona puede sufrir o terminar sufriendo un trastorno psicológico si se dan las condiciones genéticas y ambientales adecuadas para que surjan. A su vez, si nunca se terminan dando estas condiciones o no se dan en la frecuencia/duración lo suficientemente fuertes, la persona jamás llegará a desarrollar ningún tipo de problemática.

Según este postulado, toda persona tiene un margen de resiliencia, que es la capacidad que tienen los seres vivos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas tanto a nivel físico como psicológico ante un escenario de riesgo, estrés o daño. La resiliencia es una característica individual y subjetiva, que depende de la experiencia, carácter personal de cada individuo y de su situación ambiental del momento.

El riesgo a desarrollar un trastorno psicológico no depende únicamente a la resiliencia; también está sujeto a los factores predisponentes, factores desencadenantes y factores de mantenimiento. Estos factores presentan tantos matices y variables que voy a redactarlos en el próximo post del blog para tratarlos a parte.

A modo de resumen, diríamos que si la situación de riesgo es breve o poco intensa no llegará a superar el margen de resiliencia, de modo que la persona terminará gestionando de forma adecuada la dificultad y no se desarrollará ninguna problemática psicológica. Por contraparte, si la situación de riesgo es intensa o se cronifica al largo de los años, el problema llegará a superar la resiliencia. Al llegar a este punto la persona se verá superada, abrumada por la dificultad, perdiendo su capacidad de reacción y viéndose incapaz de gestionarlo.

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Este esquema seria un ejemplo de desarrollo del trastorno de la esquizofrenia según el modelo de la vulnerabilidad

Es en este contexto dónde pueden aparecer los primeros síntomas como el agotamiento, el estrés, los mareos, las cefaleas,… y, en un último momento, que todos estos síntomas desemboquen en la aparición de un trastorno psicológico más grave, como una depresión mayor.

¿Esto significa que cualquier persona puede desarrollar cualquier trastorno psicológico? Sí y no; todos tenemos el riego potencial de terminar con una enfermedad psicológica… no obstante, cada persona tiene preestablecida una u otra patología en correlación a la herencia de su código genético. Es decir, las personas que tienen familiares directos que han padecido o padecen un trastorno específico tienden a desarrollar la misma patología que sus familiares (una persona con un padre/madre que haya sufrido una depresión mayor tendrá predisposición a padecer una depresión mayor en vez de otra patología grave, como una esquizofrenia).

¿A donde quiero llegar con todo esto? ¡A pensar en positivo! Si el desarrollo de trastornos mentales está sujeto a las variables y condiciones ambientales quiere decir que nosotros también somos participantes activos de estos entornos: el modo en que tratamos a la gente, nuestras interpretaciones de lo que nos pasa, las acciones que hacemos en nuestro día a día… todo suma y todo importa. Tenemos en nuestras manos la capacidad de escoger que decimos, que hacemos y como lo hacemos, así que el desarrollo y mantenimiento de ciertas patologías también dependen de nosotros.